Artículo de Jordi Alberich Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Globalización, soberanía y democracia

Mientras no seamos capaces de reconducir la hiperglobalización, la soberanía nacional seguirá debilitándose y, con unos organismos multilaterales a la baja, la democracia se irá resquebrajando

1
Se lee en minutos
El economista Dani Rodrik, en una imagen de archivo.

El economista Dani Rodrik, en una imagen de archivo. / EFE

A la vista del caos en que nos hemos sumido, esta semana recordaba a Dani Rodrik quien, hace más de una década, dio a conocer su famoso trilema: la imposibilidad de que convivan hiperglobalización económica, democracia política y soberanía nacional; solo es posible optar a dos de los tres elementos a la vez. El brillante académico sorprendía en un momento en que aún se creía, muy mayoritariamente, en las enormes virtudes de la acelerada apertura global y, en su caso, se consideraba que la hiperglobalización extendería de manera natural la democracia, menguando la razón de ser de las tradicionales soberanías nacionales.

Pese a la incredulidad de muchos, Rodrik sabía lo que se decía. El hundimiento financiero de 2007, con sus nefastas consecuencias sobre millones de ciudadanos, supuso el aldabonazo para dar forma política al creciente malestar social. A partir de ahí, las fracturas democráticas adquieren consistencia, mientras los viejos estados-nación se mueven al ritmo que marcan unos actores económicos globales, que se escapan fácilmente de sus estrechos marcos de acción.  

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Noticias relacionadas

Así, por ejemplo, ningún Estado por sí solo puede regular la economía digital ni, aún menos, controlar a las grandes tecnológicas que disfrutan de una posición pseudo monopolística, de una intensidad jamás conocida. Por no hablar de lo sencillo que resulta la elusión fiscal, o el no pagar impuestos dentro de la legalidad, gracias a la libertad de movimiento de capitales y a la ingeniería fiscal internacional. 

Si de algo pecó Rodrik fue de optimista. Imposible de convivir los tres elementos, no está nada claro que podamos optar a tan siquiera dos de ellos. Mientras no seamos capaces de reconducir la hiperglobalización, la soberanía nacional seguirá debilitándose y, con unos organismos multilaterales a la baja, la democracia se irá resquebrajando. No es de extrañar que, en muchos países, se aspire a recuperar el Estado-nación, y no necesariamente la vieja democracia.