Artículo de Jordi Puntí Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Catalunya, año 2040

Se agradece la mirada directa y sin alarmismos del Meteocat, porque así el cambio climático ya no es una profecía lejana y reservada a los científicos, sino una realidad inevitable

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El glaciar del Aneto, a vista de dron. / FOTO Y VÍDEO: ACN / QUIM VALLÈS

Es el calor. O la combinación de sequía y calor. O la combinación de incendios, sequía y calor. Y el tiempo libre para pensar más en verano. Y el poso que han dejado los años de pandemia. Todo suma. La cuestión es que, de un tiempo a esta parte, la gente parece entender que la emergencia climática es una amenaza real e inmediata. Ya era hora. Hay detalles: esta semana, el Servei Meteorològic de Catalunya ha presentado un trabajo sobre el impacto del cambio climático en nuestro territorio, con el horizonte de 2050. En el estudio, el Meteocat abandona a ratos la prudencia del verbo condicional para describir un presente que no admite dudas: “Las señales actuales así como las proyectadas de incremento de la temperatura en el Pirineo son claras y contundentes, como por ejemplo la aparición de noches tropicales en muchos lugares de la zona pirenaica (...). También está clara la disminución de precipitación en verano, con la consiguiente reducción de reservas hídricas”. Así, hacia 2040 las cotas de nieve serán más altas, hará menos frío y habrán desaparecido los glaciares del Pirineo.

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Se agradece esta mirada directa y sin alarmismos, porque así el cambio climático ya no es una profecía lejana y reservada a los científicos, sino una realidad inevitable. Además de las consecuencias globales devastadoras, nos obliga a pensar individualmente, a mirar nuestro entorno e imaginarnos cómo cambiará lo que conocemos. Es lo que hacen, por ejemplo, las plataformas que integran SOS Pirineus, que alertan de “las diferentes amenazas que se ciernen sobre el medio ambiente y las condiciones y formas de vida de los Pirineos”. Denuncian actuaciones urbanísticas desmedidas, la creación de infraestructuras que afectan al paisaje o las explotaciones basadas en el agotamiento de recursos. En el centro de las críticas, claro, está la candidatura del Gobierno catalán para organizar los Juegos Olímpicos de Invierno 2030, en solitario. El Govern dice que es una propuesta “sólida y sostenible”, pero viendo las proyecciones de su propio Servei Meteorològic para el futuro, es evidente que el primer hándicap sería —o será— conseguir que nieve mucho, cuando la nieve sea solo un bello recuerdo. Los meteorólogos ya están sudando.