Editorial Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Sánchez busca su recuperación

La agenda legislativa del Gobierno ha de permitir la continuidad de la coalición hasta 2023, pero la magnitud de los problemas dificulta recuperar la iniciativa

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, utilizando su teléfono móvil.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, utilizando su teléfono móvil. / JOHN THYS / AFP

Todos los sondeos electorales, incluido el barómetro del CIS, dan ventaja al Partido Popular que sigue creciendo en las encuestas después de su victoria en las elecciones andaluzas. Este será, sin duda, el dato que marcará el próximo curso político, con el líder de la oposición, Alberto Nuñez Feijóo, convencido de que puede ganar en las generales, previstas para diciembre de 2023 si Pedro Sánchez mantiene su compromiso de agotar la legislatura. Es previsible que lo haga, y que esa expectativa preelectoral dificulte alcanzar acuerdos de estado como los que España necesita. Algo de esto ha sucedido ya, en torno a algunas iniciativas legislativas, donde la falta de diálogo del Gobierno, por un lado, y la negativa sistemática de la oposición, por otro, han impedido acuerdos beneficiosos para todos. Con algunas excepciones, como la aprobación de un primer paquete anticrisis que contó con la abstención del PP, este ha sido el tono de los últimos meses. Todo indica que lo seguirá siendo y que Sánchez seguirá gobernando con el apoyo crítico de sus socios de investidura, sin conseguir atraer a la oposición a su terreno.

En este contexto, ¿cuáles son las posibilidades del presidente del Gobierno para finalizar la legislatura y para recuperar la iniciativa que las encuestas le niegan? Sánchez no lo tiene fácil. Ni una cosa, ni la otra. Sus principales socios no tienen interés en romper la baraja antes de la cuenta, lo que podría pasarles factura ante una más que previsible victoria de la derecha. Lo más probable es que sigan tirando de la cuerda, aunque sin romperla, asumiendo el coste del ruido con el que las pugnas internas lastran la labor del Gobierno, pero sin asumir el de un adelanto electoral. La aprobación de un techo electoral expansionista, otra revisión al alza del salario mínimo, y la tramitación definitiva de leyes que resultan de particular importancia para Podemos –memoria democrática, sí es sí, vivienda, etc.– deberían permitir mantener la coalición hasta poco antes de los comicios, cuando todo será mucho más fluido. Lo mismo puede pensarse de los acuerdos con Esquerra Republicana, si la próxima reunión de la mesa de diálogo que tendrá lugar en Barcelona no naufraga.

La intención de Sánchez de recuperar la iniciativa se nos antoja más peliaguda, teniendo en cuenta la magnitud de los problemas a los que se enfrenta el Gobierno. Una inflación del 10,8% echa por tierra cualquier esfuerzo de contención de los efectos devastadores de la crisis sobre los sectores más desfavorecidos. Algo de esto ha ocurrido ya en los últimos meses y explica, en buena medida, la cosecha del PP en Andalucía y sus buenos pronósticos electorales. ¿Puede revertir esta tendencia Pedro Sánchez? Haciendo lo mismo que hasta ahora, no lo parece. A la vista de su nutrida agenda para los próximos 18 meses, todo indica que tiene depositadas más esperanzas en su proyección internacional que en la política española, dominada por la confrontación y el populismo. Los grandes proyectos energéticos negociados con la UE, como el gasoducto que lleve el gas argelino hasta Alemania pasando por España, forman parte de las iniciativas de Sánchez, que parece depositar las esperanzas de recuperación del PSOE en una intensa iniciativa europea que culminará con la presidencia española de la UE durante el segundo semestre del 2023. ¿Se puede invertir una tendencia electoral desfavorable desde los éxitos de la política exterior? La experiencia dice más bien lo contrario, pero también es cierto que, nunca como ahora, nuestros problemas estuvieron tan vinculados al futuro de la Unión Europea.