Artículo de Josep Maria Fonalleras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Un gintónic con hielo excesivo

Es probable que cuando acabe el verano y se nos hayan agotado las ganas de celebración el hielo vuelva a la normalidad. No sé qué va a pasar cuando llegue el momento de las restricciones de verdad.

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Preparación de un gintónic, la bebida de moda.

Preparación de un gintónic, la bebida de moda. / FERRAN NADEU

Tengo un amigo que es un fanático del gintónic. Sin embargo, a diferencia de muchos de los que aman este combinado y quieren vivir experiencias extremas y, en consecuencia, prueban nuevas sensaciones organolépticas, él no comulga nada con las modas y siempre pide (o se hace, en su casa) un gintónic convencional. Es decir, ginebra y tónica. Y hielo, mucho hielo. Cuando lo bebe en un bar pide sobre todo que le llenen la copa con hielo 'excesivo', una cantidad desmedida de cubitos de hielo que (cuando comprueba que, efectivamente, se lo sirven así) desata su más alta pasión por el combinado. Como todas las bebidas frías y con burbujas, contiene la máxima virtud en los dos o tres primeros sorbos. Después, se agua y se desbrava o se calienta. Para mi amigo, lo importante es que se mantenga lo más frío posible. Los entendidos dicen que es allí donde reside el verdadero secreto de este cóctel y por eso hay establecimientos que incluso tienen congeladores hechos a medida para que el cubito sea contundente y robusto y no se deshaga a media consumición.

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Por eso le afectó tanto la escasez de hielo en los comercios, supermercados y gasolineras. En cuanto se enteró del problema, corrió a cargar el congelador con tantas bolsas como le permitieron. A diferencia de esa locura por el papel de wáter que hubo en los inicios de la pandemia o de las correderas para adquirir aceite de girasol, con el hielo resulta que el almacenamiento es altamente complicado. El hielo es la definición más clara de bien fungible, que se consume con su uso. Y, además, para poder acapararlo en caso de catástrofe natural o de imprevisión empresarial o de crisis energética, se necesita una infraestructura adecuada, como mínimo una de esas arcas frigoríficas donde en los telefilmes americanos, de vez en cuando, guardan los cadáveres.

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Es muy probable que cuando acabe el verano y se nos hayan agotado las ganas de celebración el hielo vuelva a la normalidad. De hecho, más allá de meterlo en una bolsa de plástico para que evite la inflamación después de un golpe (lo que también se puede hacer con unos guisantes congelados), el hielo tiene una simple utilidad lúdica, gastronómica o euforizante. No sé qué va a pasar cuando llegue el momento, que va a llegar, de las restricciones de verdad. 

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