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Barcelona, envejecida y renovada

Desde 2008, la natalidad ha caído sin pausa, tanto en momentos de crisis como de recuperación, lo que dice mucho del modelo de precariedad laboral y residencial

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Volquetes de turistas pasean por la Rambla, a finales de julio

Volquetes de turistas pasean por la Rambla, a finales de julio / Ricard Cugat

El Ayuntamiento de Barcelona ha hecho balance de la evolución de la población de la capital según las cifras del padrón municipal al cierre del año 2021. El retrato que ofrece es el de una ciudad envejecida, con una natalidad en caída sostenida y un goteo de desplazamientos de población hacia otras localidades catalanas. Unas pérdidas que en años de bonanza se compensan con la aportación continua de nuevos vecinos procedentes cada vez más de todo el globo pero que en años de contracción económica (y aún más cuando se suma el efecto de la mortalidad por el covid-19, sensible aún en el 2021 aunque cuando fue decisivo fue en el año anterior) llevan a decrecimientos de la población, como ha sucedido en los dos últimos años. Pero en el Excel de la población barcelonesa no todos los saldos de todas las columnas tienen el mismo significado. 

El descenso de la población de los dos últimos años (hasta 1.639.981 habitantes) se enmarca en las oscilaciones ya normalizadas de las últimas dos décadas: tras el pico de natalidad e inmigración interna que hizo que Barcelona rozase los 1,8 millones de habitantes en 1980 al mínimo que la dejó en torno a los 1,5 millones en el 2000, el número de empadronados en Barcelona se ha mantenido en cifras similares a las del 2021.

La caída de la natalidad, por otra parte, sí es una tendencia constante, elocuente y preocupante. Pero en este caso, simétrica a la que se produce en toda Catalunya. Los años de euforia económica y la aportación de nuevas generaciones jóvenes llegadas con la inmigración alimentaron un segundo (aunque modesto) 'baby boom' que llegó a su pico en 2008. Pero desde entonces ha descendido sin pausa (hasta niveles de la guerra civil), tanto en los años más duros de la crisis como en los de la recuperación posterior y en los del impacto del covid. Algo que dice mucho de las limitaciones (en materia de estabilidad laboral, capacidad adquisitiva de los salarios, posibilidades de acceso a la vivienda y de compatibilización de la vida familiar y laboral) del modelo que permitió aquella recuperación. Las causas son generales pero las consecuencias muy concretas: por ejemplo, en la difícil viabilidad que supondrá para muchos centros educativos.

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Pero son los movimientos de entrada y salida de habitantes, de emigraciones externas e internas (entre distritos, con las poblaciones vecinas) los que han tenido más impacto en las variaciones detectadas en el último año (y los que responden a características específicas del modelo Barcelona). Una población fluida y poco asentada (menos de la mitad de los barceloneses han nacido en su ciudad; 829.000 llevan menos de 15 años en ella), con una dinámica de innovación y renovación constante (pero que al mismo tiempo dificulta continuidades, tradiciones y experiencias de comunidad). Al mismo tiempo, con un nomadismo inmobiliario que retrata algunos de los males del mercado de la vivienda en la ciudad. Si en décadas anteriores las clases populares locales en proceso de ascenso social dejaban la ciudad para ser sustituidas por la inmigración extranjera que las relevaba en sus espacios laborales y de residencia, parte de estos movimientos hacia otras zonas del país han pasado a tener otra motivación (la incapacidad de sostener el coste de vivir en Barcelona y quizá, malestar con muchas de sus realidades) y gran parte de su relevo también (con la llegada de profesionales bien retribuidos;el 42,7% de los extranjeros de la ciudad tienen estudios universitarios). Una dinámica que por un lado, el del fomento de la innovación, debe ser alimentada, y que por el otro debe ser contrarrestado con una oferta de vivienda asequible. Qué modelo debe dar respuesta a estas necesidades será una de las grandes preguntas a las que deberán dar respuesta los candidatos a guiar el rumbo de la ciudad en los próximos años.