Artículo de Albert Soler Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Diario del duro exilio en cala Montgó (III)

Urge modificar la vida para que no haya que esforzarse, ni levantarse de la cama para ir a trabajar, ni luchar para conseguir objetivos

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El volcán Fagradalsfjall, en el valle de Geldingardelur, al suroeste de la isla, cerca de Reikiavik.

El volcán Fagradalsfjall, en el valle de Geldingardelur, al suroeste de la isla, cerca de Reikiavik. / Miguel Ángel Fernández

Han venido mis hijos a visitarme en el exilio, para que no se me haga tan dura la situación. Después de la playa, tomando una cerveza, les he contado que el señor que me vende los pollos asados es de Ucrania, supongo que llegado a Montgó no por su amor a muslos y pechugas -avícolas, me refiero- sino por la guerra.

-Lo bueno de la guerra de Ucrania es que gracias a ella se acabó el covid- me hace notar uno de mis hijos.

El covid, es cierto. No recordaba yo aquella epidemia que hace unos meses abría informativos y nos tenía en un sin vivir. Desde que Rusia invadió Ucrania, el covid no existe para la prensa, la gente se contagia y te lo comenta como quien pregunta la hora, cuando hace unos meses corrían al notario a hacer testamento.

-Hoy estaré menos tiempo en la playa, que he pillado el covid y con este calor, me quedo aplatanado.

De hecho, ya la guerra de Ucrania también va remitiendo a pesar del pelmazo de Zelenski, que no quiere que la olvidemos aunque para lograrlo deba salir en 'Vogue' poniendo morritos junto a su santa. Lo próximo será un vídeo porno de la pareja encima de un tanque. Anteayer Nancy Pelosi jugaba a provocar guerras en Taiwán, ayer entró en erupción un volcán islandés que al pronunciar su nombre parece que hagas gárgaras y así se van sobreponiendo las noticias, esperando el otoño en el que, dicen, tendremos que dormir con el anorak puesto y comernos los unos a los otros como yo os he comido, aunque eso será solo hasta que surja una nueva noticia. Por desgracia, el 'procés' ya está enterrado y no podemos confiar en él.

-Está también el inicio del curso- apunta el menor de mis hijos, que va a empezar ESO.

El pobre está un poco asustado, le digo que no se preocupe, que, gracias al Gobierno, va a pasar de curso aunque suspenda; y como ya se está reformando la selectividad para que no sea tan dura -a los pobres chavales se les exige incluso saber cosas-, cuando le toque a él superarla, ya consistirá solo en colorear un dibujito sin salirse de la raya. O saliéndose solamente un poco, tampoco vamos a ser tan estrictos. Después llegará la universidad. Eso es más fácil todavía. Ya sé de profesores que actualmente aprueban a destajo para ahorrarse reprimendas de los superiores, que no puede ser que aquí suspendamos tanto, que eso es fallo de quien enseña, que no se esmera, que los chicos han de ser felices. O sea, pan comido hasta que te toque enfrentarte a la vida, Ernest.

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La reforma no ha llegado todavía a la vida real, lo cual podría suponer un sobresalto para la nueva generación de españolitos que está a punto de descubrirla, pero estoy seguro de que el Gobierno trabaja también en ello, no va a dejar las cosas a medias. Si estudiar es así de fácil, no va a serlo menos la vida. Urge modificar la vida para que no haya que esforzarse, ni levantarse de la cama para ir a trabajar, ni luchar para conseguir objetivos. Hay que lograr que las empresas dejen de discriminar a los vagos y a los inútiles, que tienen el mismo derecho que los demás a ganar un buen sueldo. Los desengaños sentimentales quedarán postergados, qué horror, y jamás nadie podrá enfermar, qué miedo, mucho menos morir. Por supuesto, no lloverá el día que tengamos pensado ir a la playa.

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-¿Qué os parece, hijos míos?

- Que el volcán se llama Fagradalsfjall.