Medidas de ahorro energético Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Restricciones necesarias

La actitud de compromiso que administraciones, empresas y ciudadanos supieron asumir durante la pandemia quizá deba aparecer de nuevo

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El gasoducto Nord Stream deja de funcionar: incertidumbre por la reducción del gas ruso.  / Martha Jordan

En el tramo final de su comparecencia para anunciar las medidas de ahorro energético a las que España se ha comprometido ante los actuales y futuros cortes de suministro de gas ruso a Europa, la vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera, pronunció algunas expresiones –«medidas de racionamiento», «restricciones»– que evocan momentos lejanos de dificultades extremas. Connotación que no ocultó, al recordar que se trata de una situación no vista desde la posguerra. Ribera identificó estos escenarios, así como la posibilidad de que llegue a ser necesaria «incluso una limitación efectiva en procesos industriales», como el horizonte a evitar a través de los planes que están poniendo en marcha estas semanas todos los países miembros de la UE. Y circunscribió esta hipótesis extrema a la situación particular de los países del centro y norte de Europa más dependientes del gas ruso, que de forma inmediata se han comprometido a emprender de forma preventiva una reducción del 15% en su consumo de gas, a diferencia de la excepción ibérica que sitúa a España ante la necesidad de alcanzar un ahorro del 7%. Pero no por ello han de resonar menos como una señal de aviso de hasta qué punto toda la Unión debe prepararse de forma inmediata para un invierno difícil.

Aún a la espera de un plan definitivo que no llegará hasta septiembre, las medidas anunciadas tras el Consejo de Ministros de este lunes incluyen acciones más o menos visibles y de supervisión factible si todas las administraciones públicas se lo proponen (como el cierre de las iluminaciones exteriores de edificios públicos a las 22.00 h. o el control de las temperaturas en espacios públicos climatizados), otras que serán de difícil aplicación sin una implicación sin reticencias de las grandes empresas (como ese mismo control térmico, o el cierre de los espacios refrigerados) y aún algunas (como el fomento de nuevo del teletrabajo para reducir el gasto energético en desplazamientos) que requerirán de un compromiso de empresas y particulares. Algo que fue posible durante los meses más duros de la pandemia y que está por ver si, como debería suceder, llegará a ser asumido cuando los augurios más extremos parecen algo aún lejano, o incluso si se confirman. Algunas reacciones entre insumisas y burlescas a medidas simbólicas pero pedagógicas del presidente del Gobierno sobre la indumentaria de trabajo hacen prever más de una dificultad: sería de esperar que por lo menos no encuentren aliento y estímulo desde partidos y administraciones que deberían estar llamados a compartir una actitud de responsabilidad máxima.

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El corte de suministro de gas ruso a la Europa Occidental (hasta ahora progresivo) puede ir orientado en mayor grado hacia esos países más dependientes. Pero afecta a todos los países que, ante la invasión de Ucrania, se han comprometido en su defensa hasta el mismo límite de la no beligerancia. Y(como ante otros chantajes como el de Argelia a España, o ante las crisis sanitarias o financieras) todos los miembros de la UE han de responder de forma solidaria. Pero más allá de este compromiso recíproco, el cumplimiento de las medidas de ahorro energético (y las de fomento del transporte público también en marcha) son también una de las acciones necesarias, por interés propio de administraciones, empresas y hogares, para reaccionar ante la pendiente inflacionista de la que no parece vislumbrarse un final cercano, y sí muchas potenciales complicaciones.