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El verano del amor, la revolución sexual

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El verano del amor, la revolución sexual

Toa Heftiba | Unsplash

Pasear por la playa, nadar hasta una cala, comer helados, sestear en la hamaca, dormir bajo las estrellas, bailar en el chiringuito, las claras de limón… Si pienso en verano recuerdo todo esto y ¿qué más estoy olvidando? Ah, sí: la proverbial aventura de verano. El verano del amor, la revolución sexual, como cantaba La Casa Azul.

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Hay diversos factores que promueven los encuentros románticos en el verano, entre los cuales se encuentra la mayor sociabilidad que trae el calor en comparación con el frío. Ese frío que nos vuelve retraídos y huraños, deseosos de llegar a casa a acurrucarnos bajo la mantita, y nada proclives a iniciar conversaciones con extraños. Pero también hay otras. Sudamos más, y las hormonas transportan feromonas, estamos bronceados, y casi siempre más guapos, llevamos ropa que muestra más centímetros de piel, enseñamos nuestras piernas, nuestro escote, nuestros brazos torneados por la natación. Y, sobre todo, tenemos tiempo.

Pero… ¿Qué son las feromonas? me preguntará alguien.

Las feromonas son sustancias químicas que secretamos los mamíferos, con el fin de provocar comportamientos específicos en otros individuos de nuestra misma especie. Son un medio de transmisión de señales volátiles. Entre esas señales, por ejemplo, se transmite la de la disposición sexual. Si una mujer está ovulando, por ejemplo, un hombre lo sabe, aunque no lo sepa conscientemente. Podrá olerlo. Diversos estudios han demostrado que, entre las strippers de Las Vegas, aquellas que reciben más propinas no son las más bellas o las mejores bailarinas, sino las que estén ovulando esa noche.

Pues repito: en verano sudamos más. Porque a las feromonas las segregan, entre otras, las glándulas sudoríparas apocrinas, que se encuentran en las axilas y las zonas genitales y que generan la sudoración “emocional”.

En verano, los días son más largos, el clima es más cálido, la gente está más relajada, nos sentimos menos estresados y el tiempo parece detenerse en un paréntesis de sol sin nubes y de días sin prisas. La mayoría de nuestras obligaciones laborales y familiares diarias pasan a un segundo plano. Por eso, así como los meses de verano son caldo de cultivo para las quemaduras solares y las picaduras de mosquitos, también son caldo de cultivo para el romance, porque generalmente estamos en un estado mental más relajado y abierto.

La neuroquímica del amor de verano

No hay nada como la sensación de tener un nuevo enamoramiento. Cuando te sientes atraído por alguien, tu cerebro libera hormonas como la dopamina y la norepinefrina. Puedes agradecer a estos dos mensajeros químicos la sensación de felicidad y vértigo que experimentas cuando te gusta alguien. Cuanto más tiempo pases con alguien y más te sientas atraído por él o ella, más dopamina y norepinefrina se liberarán, y más feliz te sentirás.

Pero es que, además, un cerebro relajado es un cerebro feliz. Esto significa que, amén de la dopamina y norepinefrina, estarás liberando más endorfinas, oxitocina y serotonina. El tipo de neuroquímica que te invita a conectarte con los demás.

Sin mencionar que el sol es bueno para ti, física y mentalmente. La luz del sol y la luz natural nos hacen sentir bien: Los estudios muestran que existe un vínculo entre la exposición a la luz solar y los niveles de serotonina.

Así que, merced a la combinación de todas estas hormonas que se liberan en verano - gracias tanto a la persona que te gusta, como al hecho de estar relajado y contento como al sol- no es de extrañar que las aventuras de verano sean tan adictivas.

Le puede pasar a cualquiera

Desde aquella Eva María que se fue buscando el sol en la playa con su maleta de piel y su biquini de rayas hasta el “te voy a escribir la canción más bonita del mundo” que cantaba La Oreja de Van Gogh recordando el amor de verano en la playa, la cultura popular desde luego le ha dedicado muchos canciones y películas al amor de verano

Según Wikipedia, hay al menos siete canciones con el título "Summer Love" que se remontan a 1957, y Justin Timberlake y One Direction se agregaron más recientemente a la lista en 2007 y 2012, respectivamente. Tres películas de 1958, 2001 y 2006 también comparten el título.

Pero yo no podría en este artículo hacer una lista de los innumerables ejemplos de la cultura pop que resaltan el encanto del verano. Vamos a partir del más famoso: el musical de 1971 y la película de 1978. Sí: ¡Grease! ¿Quién no se acuerda de la canción Summer Nights?

Summer Nights

Summer loving had me a blast /Summer loving happened so fast/ I met a girl crazy for me/Met a boy cute as can be/ Summer days drifting away/To, oh, oh, the summer nights/ It turned colder, that's where it ends / So I told her we'd still be friends…Wonder what she's doing now

(Amor de verano me lo pasé genial, pasó tan rápido/Conocí a una chica loca por mi/Conocí a un chico guapo como ninguno/Días de verano a la deriva/ Pero… oh, oh aquellas noches de verano/ En cuanto llegó el frío, se acabó todo/ Así que le dije que seguiríamos siendo amigos/ Me pregunto qué está haciendo ahora)

Pues eso: que cuando llega el frío el amor se acaba, y te preguntas qué estará haciendo ahora.

En el 2012, por ejemplo, Facebook publicó estadísticas para 2010 y 2011 sobre la época del año en que los miembros de la red social cambiaron su estado civil. Para los tres grupos de edad evaluados (menores de 25, de 25 a 44 y de 45 años o más), los meses de mayo a agosto mostraron un pico en las rupturas.

Una parte de esas rupturas que se consuman en verano tienen que ver con el artículo que escribí la semana pasada (“cómo sobrevivir con tu pareja en verano” ) y la otra podría

atribuirse a que uno o ambos socios de la pareja les tientan por los frutos del otro… Frutos madurados, por así decirlo, y para extender la metáfora, por el calor del verano.

El 83% de los solteros españoles reconoce estar abierto a un amor de verano y el 70% afirma haber mantenido un affaire durante sus vacaciones estivales, según un estudio realizado por la antigua app de citas Groopify.

Así que… Nos puede pasar a cualquiera de nosotros, sea cual sea nuestro estado de Facebook: casado, soltero, en una relación o complicado.

Pero, ¿somos todos capaces de manejar los pros y los contras de un romance de verano?

He aquí algunos elementos para reflexionar si desea evitar volver a casa con el corazón roto y la autoestima por los suelos.

¿Cuál es la pregunta número uno que debes hacerte antes de sumergirte de lleno en una aventura de verano? Una muy simple: ¿soy emocionalmente capaz de tener una aventura de una noche? Porque, en esencia, este tipo de relación estival se parece a una serie de aventuras de una noche… Solo que con la misma persona. Pero como las aventuras de una noche, esa relación viene con fecha de caducidad.

Las personas que no son ajenas a los rollos sin ataduras, o que incluso han tenido experiencias positivas con ese tipo de relaciones poco profundas, probablemente casi no tendrán dificultades para involucrarse en el amor de verano. De hecho, lo disfrutarán inmensamente.

El tipo de persona amante de la diversión, despreocupada, que cree firmemente que Azúcar Moreno tenía toda la razón y que solo vive una vez, el tipo de persona y que no se involucra emocionalmente puede manejar bastante bien los romances de verano. Su mayor preocupación debería ser tomar medidas para que en el calor del ambiente y el de la pasión no culminen con un embarazo no deseado, o una ETS. Y ya.

Pero las personas más aficionadas a las relaciones duraderas, estables, comprometidas y, sobre todo, exclusivas, deberían reflexionar, si por casualidad se encuentran irresistiblemente atraídas por un desconocido en un lounge bar de playa. Porque ¿cuántas mujeres solteras que anhelan una relación estable a tiempo completo hemos conocido que proyectaron sus deseos y fantasías en su amor de verano? Y ¿cuántas se sintieron amargamente decepcionadas cuando se dieron cuenta de que sus bronceados amantes, con miembros que sabían a sal, no buscaban el mismo tipo de cercanía emocional? Después llegaron, en fúnebre sucesión, la culpa, la vergüenza, la desilusión y el sentimiento de rechazo… todo devastador para su autoconfianza y autoestima.

Para mujeres como éstas lo más probable es que el asunto del verano no haya valido la pena. Y lo mismo digo en el caso de algunos hombres, que también los he conocido asolados por el fin de su amor de verano.

Por otro lado, sin embargo, un amante de verano puede ser un gran impulso para el ego de aquellos que acaban de ser abandonados o que no han tenido una relación de ningún tipo durante algún tiempo. Imagínese, se sienten solos, indignos de amor y ternura, nadie repara en ellos…, y de repente hay alguien que les ofrece atención, toneladas de atención. La vida pasa del blanco y negro al Technicolor en cuestión de días. Y esa atención les alienta la esperanza de que las cosas pueden ser diferentes.

Volviendo a hablar de mujeres, conozco decenas de historias de mujeres maduras, recién divorciadas, que se sentían feas, gordas, arrugadas, que habían renunciado por completo al amor… y que luego vivieron una maravillosa experiencia amorosa de verano, sabiendo muy bien que no podía durar. Pero que regresaron de esas vacaciones como una nueva persona, mirando con optimismo hacia el futuro.

Supongo que al final todo se reduce a gestionar las expectativas que tenemos de nosotros mismos y de nuestros amantes, y de responsabilizarnos de nuestros actos. Si sabemos que no estamos hechos para una aventura casual, es mejor evitar el fling de verano. El amor de verano nunca, o casi nunca, satisfará nuestras necesidades relacionales, si lo que estamos buscando es algo profundo, sólido y estable.

¿Y qué sucede si el asunto se extiende en el tiempo?

Si decidimos darle una oportunidad a la relación después de que terminen las vacaciones, debemos tener cuidado de no esperar que la sensación emocionante y despreocupada continúe en la vida real, cuando volvamos al trabajo, a nuestras rutinas de vida, a nuestros deberes y obligaciones. Lo normal y lo esperable es que nuestra maravillosa relación de verano se vaya disolviendo como la espuma del mar.

Las relaciones a distancia son difíciles de mantener, por lo que lo mejor es disfrutarlas mientras duren y despedirnos cuando percibimos que nuestra pareja se ha convertido más en un amigo con el que chateamos que nuestra pareja.

Por supuesto, también hay muchos ejemplos de romances de verano que han tenido un final feliz, y sospecho que en el fondo todos coqueteamos con esa posibilidad cuando coqueteamos también con la persona que nos mira en el chiringuito.

Pero, para mantener tu corazón a salvo, debes saber gestionar las expectativas.

Lo primero: Tienes que ser sincera contigo misma y no montarte películas ni castillos en el aire y asumir que estás en una relación que puede no durar mucho.

Lo segundo: Sé claro o clara respecto a lo que esperas y buscas. Si estás buscando una relación a largo plazo, dilo. Y si pueden existir barreras para mantener la relación después del verano (por ejemplo, que viváis en ciudades muy distantes o países diferentes), sé proactiva: pregunta cómo crees que podréis superar y esas barreras cuando regreséis a vuestros domicilios.

Lo tercero: Disfrútalo. No tiene sentido pensar en el futuro porque impide disfrutar el presente. Si te pasas la vida esperando al invierno, no vas a disfrutar nunca del verano. Es posible que tu aventura de verano se convierta en algo más serio. O no. Pero disfruta el momento y aprovecha las actividades divertidas que el verano tiene para ofrecer: días de playa, paseos, helados, chiringuitos senderismo, natación, bailes en la playa a la luz de la luna.

Cosas que no debes hacer

Dejarte llevar si no estás muy segura. Muchas veces pensamos que de perdidas al río. Y nos liamos con lo que mi amigo Carlos llama “un hombre malcamino” (o una mujer malcamino). Una persona que no habríamos elegido si nos la hubiéramos cruzado por la calle embutidas en nuestras parkas de diciembre. Quizá es alguien que bebe de más, o que se droga, o que es muy promiscuo, o que tiene mal carácter, o que ya tiene una relación seria… pero es verano, pensamos, y queremos echar una cana al aire. Terminamos, seis meses después, teniendo que desenredarnos de una relación que debería haberse quedado en un café después del voleibol de playa. Así que piensa antes de hacerlo. Hay muchos peces en el mar y muchos hombres en la playa.

Beber de más. Bajamos el ritmo, tenemos más tiempo libre, damos paseos al sol y hacemos picnics en la playa. Y bebemos. Y bebemos. Beber se promueve siempre para las actividades de ocio. Pero en verano, más. Desde festivales de música hasta partidos de fútbol, pasando por el omnipresente chiringuito playero, la caña de verano es omnipresente. Si se está buscando el amor en una aventura de verano a corto plazo, el alcohol puede abrir la puerta a menos inhibiciones y un coqueteo más rápido. Pero… también puede abrir las puertas a las decisiones nefastas, y al arrepentimiento de la mañana siguiente. Obsérvate a ti misma para controlar tu forma de beber, especialmente cuando todos a su alrededor están disfrutando. Asegúrate de no beber en ayunas. Y recuerda mantenerte hidratada durante la ola de calor. Ayudará con la resaca.

Bajar la guardia. A veces, nos dejamos llevar por la idea de decir "sí" en lugar de decir "no". Esto en sí no es malo. Podemos dejar entrar más experiencias de las que ordinariamente podemos tener. Nos exponemos a circunstancias nuevas e inusuales. Pero también podemos dejarnos influir más fácilmente en situaciones que pueden o no ser buenas para nosotras, simplemente porque estamos más abiertas a las cosas en general. Cuando empezamos a decir que sí de forma más indiscriminada, difuminamos nuestros límites y bajamos la guardia. Si bien esto a menudo trae más aspectos positivos que negativos, todavía hay muchas personas que pueden aprovecharse de la parte más confiada y afable de nuestro yo de verano… ¡y lo harán! Relájate… pero sigue confiando en tus instintos. No te vayas a la playa a solas con alguien que no conoces. Y antes de ir al hotel de un desconocido exige que te enseñe su pasaporte, su carnet de identidad, de conducir… lo que sea. Hazle una foto y envíasela a una amiga. Si te dice que estás siendo una exagerada, no te vayas con él. (o ella).

Pero no todo tiene que salir mal. Muchos amores de verano tienen un final feliz. Algunos comienzan de esta manera espontánea y relajada y duran décadas. Por otro lado, algunos pueden durar solo el verano, pero se recuerdan para siempre. Por esta razón, no te niegues la oportunidad. Porque amar a alguien, por breve que sea, siempre vale la pena. Al fin y al cabo, solo vive quien ama. O eso dicen.

Vive el momento y saborea la experiencia

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Una de las mejores partes de las vacaciones de verano es que ¡no duran para siempre! Por lo tanto, es importante disfrutar cada minuto. Trata de no pensar en el trabajo, y si estás pensando en el trabajo, trata de no dejar que arruine tu tiempo libre. En cambio, haz de tus vacaciones una oportunidad para relajarse y reflexionar. Las vacaciones, no lo olvides, te ayudan a mantener tu salud mental. Incluso si simplemente las pasas en casa, viendo series y tomando cañitas en el bar de en frente

Que pases un maravilloso verano, en cualquier caso. Nos vemos de nuevo en septiembre.

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