Artículo de Xavier Bru de Sala Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Jordi Turull supera a Poncio Pilatos

Borràs encarna la independencia. Por eso se conjuran todas las fuerzas de los tribunales y de los partidos: ¡echémosla! Por eso Turull la desactiva con su exquisita solidaridad. Que encarne pero que no moleste

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Jordi Turull y Laura Borràs.

Jordi Turull y Laura Borràs. / TWITTER JORDI TURULL

Jordi Turull acaba de dar una lección a Poncio Pilatos. Ante la multitud que pedía su sacrificio, el gobernador romano se lavó las manos. "Crucifiquémoslo, pero no me culpéis". Turull mejora el clásico con un "apoyo sin fisuras" que tiene el mismo sentido. “Aquellos que han inhabilitado a la presidenta del Parlament deben saber que no la inhabilitarán políticamente”, proclama contundente. Solo le falta añadir: "De eso ya me encargo yo con mis afectadas muestras de solidaridad". Todo muy bien calculado. Primero, ejecutiva paritaria sobre el papel y en el corazón de los más ingenuos. Acto seguido, voto de castigo interno, no fuera que ella atravesara su espacio simbólico. Antes de la suspensión, la mitad de la directiva de Junts expresa su disgusto ante la tozudez de la presidenta. Apoyo verbal, distancia real, 'game over'. Mejor que lavarse las manos, empujón solidario y amistoso hacia el abismo.

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Ahora, a ver si Borràs acaba abandonando la presidencia de su partido antes de que sus fans la abandonen a ella. Es evidente que, inmóvil en su pedestal, no ha dado ningún “paso adelante hacia la independencia”, pero ellos la aplauden cuando lo dice. La incógnita: ¿se resignará a la nueva función adjudicada por Turull, hacer como el cadáver de El Cid, pero atada a un caballo que va en dirección contraria? Borràs solo dispone de munición verbal para atacar a ERC y la CUP, no para volverse contra sus compañeros de partido, exigirles que abandonen el Govern y aún menos crear un partido que funcione como ansiolítico efectivo de los cada vez más escasos partidarios del 'no surrender'. Ahora que ya no puede molestar al sector hegemónico de un partido que Puigdemont repudió, a ver hasta cuándo aguanta haciéndoles un servicio a cambio solo de figurar.

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Porque de eso se trataba desde el pedestal del Parlament, de figurar. Porque solo de esto se puede tratar desde la presidencia de Junts. Figurar, representar, erigirse en símbolo. Que no es lo mismo que tomar decisiones. Gobernar comporta costes, figurar no. El objetivo de Borràs, impropio de todo político, consistió desde el principio en la conquista del grado sublime de la figuración, que es la encarnación. Borràs sustituye a Puigdemont como depositaria de las expectativas maximalistas. Borràs encarna la independencia. Por eso se conjuran todas las fuerzas de los tribunales y de los partidos: ¡echémosla! Porque encarna. Por eso Turull la desactiva con su exquisita solidaridad. Ya que quiere encarnar, que encarne. Que encarne pero que no moleste.

Ahora que solo le queda la presidencia nominal, solo nominal, es decir, etérea, del Parlament y de Junts, es cuando se pondrá a prueba no su contrastada capacidad retórica, sino la fidelidad de quienes, unidas y levantadas con fervor las dos manos, esperaban que el milagro llegara por obra de su gracia. ¿Cómo quedan ahora los 'borrasistas'? No los intemperantes de las puertas del Parlament, sino los otros. Los Dalmases, Madaula, Nogueras y compañía, la supuesta mitad insobornable de Junts. Pues muy sencillo: o fuera de juego o en ridículo.