Encrucijada sanitaria Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Los retos de la sanidad pública

El déficit de médicos y enfermeras, la infrafinanciación y el desafío que supone la creciente demanda de profesionales en salud mental atenazan el sector y exigen soluciones

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Dos enfermeras del Hospital Clínic de Barcelona.

Dos enfermeras del Hospital Clínic de Barcelona. / FERRAN NADEU

La crisis del covid ha puesto de manifiesto tanto la profesionalidad y el enorme empeño de los sanitarios (médicos, enfermeras, personal de apoyo) como la precariedad del sector público, castigado por muchos años de recortes y con un déficit estructural de primera magnitud, especialmente en la atención primaria. Una vez superados los momentos más críticos, con la acumulación de estrés laboral, un sobreesfuerzo considerable y el riesgo de colapso, llega la hora de tomar en consideración las nuevas problemáticas que amenazan con quebrantar el sistema. De hecho, no se trata de situaciones sobrevenidas, pues llevan arrastrándose desde hace años. Como la infrafinanciación, que ya es crónica. Según los expertos, Catalunya necesitaría aportar cada año 15.000 millones a la sanidad pública. En el presupuesto de 2022 se quedó en 9.700 millones, puesto que deben descontarse los que se dedicaron en exclusiva a la factura del covid. Es una cifra que es prácticamente la misma que en 2008. Cualquier acción destinada a superar el déficit presupuestario (como el plan de refuerzo a la atención primaria, con 127 millones anuales desde 2020, o el refuerzo de la inversión en salud mental) choca contra el muro de un punto de partida muy inferior al que sería deseable.

Otros problemas amenazan al sistema sanitario. Por un lado, la falta de médicos y enfermeras, que se agudizará con la inminente jubilación de toda una generación de sanitarios. Por otro, un tema cada día más acuciante como consecuencia de la pandemia: la creciente demanda de profesionales especialistas en salud mental. En ambos casos es urgente la potenciación de la atención primaria, que ha demostrado ser una de las más sólidas fortalezas (tanto en cuidado de los enfermos como en campañas de vacunación, por ejemplo) en épocas de crisis.

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Los datos hablan por sí solos. En los próximos cinco años se jubilará uno de cada cinco médicos en activo, pero en un momento en que ya faltan profesionales, la Administración peca de falta de previsión. Si se tiene en cuenta que la profesión de médico requiere como mínimo de 10 años de formación, la situación puede volverse inmanejable. Así, se juntan la necesidad de aumentar la oferta en las universidades (siendo como es, Medicina, una de les titulaciones con la nota de corte más alta) y, sobre todo, la mejora de las condiciones laborales y retributivas para que los nuevos médicos no marchen al extranjero o escojan el sector privado. Ante esta situación, cabe recordar que el 60% de la plantilla del Institut Català de la Salut (ICS) es interino, una circunstancia que se agrava con la contratación precaria de profesionales de países extracomunitarios (a menudo sin homologación) y con entre el 9% y el 11% de los médicos del ICS sin el MIR.

El debilitamiento de la sanidad pública (con ratios notablemente más bajas que la media europea tanto en médicos como en personal de enfermería) y la falta de plazas de medicina familiar y comunitaria (era el 43% del MIR en 1996 y ahora es el 28%) han estimulado el aumento de las mutuas privadas y puesto en jaque a un sistema que también tiene como prioridad apostar por fortalecer la atención a la salud mental de la ciudadanía. La Conselleria de Salut, con la incorporación de 150 psicólogos a la atención primaria, empieza a atender uno de los grandes retos del futuro inmediato.