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Cómo sobrevivir con tu pareja en verano

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Cómo sobrevivir con tu pareja en verano

Kilarov Zaneit |Unsplash

Alcossebre, hace más de cuatro años. Mi hija y yo habíamos alquilado un apartamento para una semana, porque una amiga se casaba allí, en verano. Fuimos a un hipermercado inmenso, lo que se dice inmenso, de ésos ellos que es fácil perderte. Nuestra idea era hacer una mega compra para sobrevivir una semana, pedir que nos la llevaran al apartamento y no tener que hacer más visitas al híper durante el resto de nuestra estancia, que planeábamos pasar en un dolce far niente entre la cama y la playa. Íbamos avanzando por los pasillos, carrito por delante, cual aguerridas exploradoras en la selva de los anaqueles, un poco desconcertadas ante la inmensa oferta de todo. Había, por ejemplo, un pasillo exclusivamente dedicado a los cereales. Cereales, cereales y cereales. Y allí fuimos testigos de una bronca enorme entre una pareja joven, que se estaban diciendo el uno al otro todo tipo de barbaridades, porque ella quería avena baja en calorías y él crispis de chocolate. Lo curioso es que poco más adelante vimos a otra pareja enfadada porque él no recordaba que ella nunca, nunca, tomaba café, y ella le había pedido té verde y él no se lo había traído. Ya en la caja, había otra pareja, esta vez dos chicos, cabreados porque al uno se le había olvidado la tarjeta de crédito, y el otro estaba harto de pagarlo todo siempre.

¿Se ha dado cuenta usted de que estas escenas de horror en el hipermercado – como cantaban Alaska y los Pegamoides - nos las encontramos siempre en verano? No le sorprenda: el 30% de los divorcios en España se firman a partir de una demanda presentada justo después de verano. Por eso las editoriales suelen publicar los libros de autoayuda sobre cómo afrontar una separación en una fecha muy determinada… en septiembre.

Pero ¿por qué? ¡Si el verano es el verano del amor y de la revolución sexual! (Esto lo cantaba La casa azul, no Alaska) ¡Si casi la mitad de los españoles señala el verano como la época más activa para practicar sexo!, (Por delante de la primavera (25%), el invierno (16%) y el otoño (8%), según una encuesta realizada por Boston Medical Group en el 2019 para conocer los hábitos sexuales de los españoles). Si prácticamente uno de cada dos encuestados asegura mantener relaciones una media de tres veces a la semana durante la época veraniega, si dos de cada diez afirma que en verano practica sexo todos los días…

Entonces, ¿Cómo puede ser que en verano la gente se separe, si parece que todos están viviendo una fiebre sexual?

Bueno… porque parece que no la viven con su pareja.

De hecho, algunos estudios sobre relaciones de pareja, elaborados por páginas de contactos, apuntan que el verano es la época del año en que se liga más, entre otras cosas porque se realizan más actividades de ocio en el exterior y se tiende a tener más relaciones sociales: se sale más, se queda más y con más gente, se va a sitios nuevos... y una cosa lleva a la otra.

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Verano es también sinónimo, para los afortunados, de vacaciones, tiempo libre y relajación, de menos obligaciones y rutinas, y eso favorece el encuentro con la pareja o con otras personas. Además, el calor, la luz solar y las mayores interacciones sociales estimulan la producción de oxitocina y endorfinas y otras hormonas que aumentan el deseo y el apetito sexual. Por no hablar de que sudamos más… y el sudor transporta feromonas. Las feromonas son sustancias químicas que secretamos con el fin de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie. Entre ellos, avisar a potenciales compañeros de que uno está disponible.

Y quizá por eso, coincidiendo con el mes en el que más españoles están de vacaciones, el 43% dice que es agosto su mes de mayor actividad sexual, seguido de julio, junio y septiembre.

Esto me recuerda a una historia que viví hace varios veranos. Junto con una amiga bajábamos hacia Marruecos en coche, pero paramos en Cádiz para pasar dos días en casa de otra chica. Esta era la compañera de trabajo de mi amiga, tenía un apartamento precioso en Conil y se había empeñado en invitarnos. ¿Y quién les invita a dos chicas a pasar unos días en el apartamento de la playa que está compartiendo con su pareja? Pues, obviamente, otra chica que no está muy bien en pareja.

El marido de Elena, la chica que nos invitó, se levantaba con la salida del sol. Yo también lo hago, sobre todo en verano, porque me gusta bajar a la playa cuando no hay nadie. Pero Juan, su marido, comprobé yo, no se levantaba por eso. Se levantaba para entrar en el ordenador. Según él, para trabajar. Yo tenía clarísimo que se levantaba para chatear, no me lo tuvo que explicar nadie. Efectivamente, poco después esa pareja se separaba.

De cada diez matrimonios españoles, siete acaban en ruptura antes de los diez años, según un estudio del El Instituto de Política Familiar, IPF. Y de esos siete, más de dos se habrán separado en verano.

Pero ¿por qué las parejas se separan en verano?

En general, porque la crisis se arrastraba desde hacía tiempo, pero se podía sortear mal que bien entre los problemas y las rutinas del día a día. No es que de repente surjan más obstáculos en la pareja durante la época veraniega, sino que afloran y pueden llegar su punto álgido durante las vacaciones.

Más tiempo compartido, más discusiones. Muchas personas se agobian en verano, cuando el tiempo en pareja y con los hijos aumenta de manera considerable. Porque en otros meses apenas se comparte tiempo de calidad. Pero en verano… Que si Manolito se pasa el día con la consola, que si se la quites tú, que si yo no voy a hacer de mala, que si el niño no quiere comer la pasta no le fuerces, que si no come la pasta, pero el helado bien que se lo come… Las discusiones van a más… y el agobio, también. Y una o uno acaba hasta los mismos de Manolito, el helado, la pasta, la consola y la concha de su madre.

En parejas jóvenes y sin hijos, también aparecen las broncas. Las parejas que durante el año no han afrontado (más bien han evitado) sus diferencias y malentendidos, y en las que la comunicación no fluye, discuten más a menudo en verano, cuando pasan a estar 24 horas juntos durante varias semanas seguidas. En estas ocasiones no se discute por la consola, ni por la pasta, ni por Manolito, sino por otras cuestiones: diferentes formas de ver la vida, celos, horarios o intereses incompatibles.

¿Y qué sucede si alguien no acababa de estar seguro de hacia dónde iba su relación de pareja? Durante el año ha ‘tapado’ sus dudas con las responsabilidades del día a día, pero en plenas vacaciones muy probablemente se dé cuenta de que, efectivamente, no le acaba de gustar la persona con la que comparte su vida. Cuando uno, o los dos, ha ido aparcando su descontento a lo largo del año, en verano van enredándose en discusiones tontas, cada vez más tontas, cada vez más a menudo, y suelen tener la bronca del siglo cuando el verano llega a su fin o la última gota colma el vaso.

Otra situación típica en las parejas muy jóvenes es que uno de los dos (generalmente un “él”) rompe porque se le presentan planes mejores. En invierno le venía bien tener una novia para ver series debajo de la mantita, pero en verano le ofrecen planes de todo tipo: irse a Tailandia con un grupo de amigos, hacerse la ruta de festivales, irse al Sonorama, al Mad Cool, a la Noche Blanca del Privilege en Ibiza… De pronto, el teléfono arde, y surgen un montón de planes donde él espera que haya sexo, drogas y electropop Así que lo más habitual es que rompa justo cuando comienza el verano, desaparecerá para disfrutarlo y ¡hasta luego Lucas!... y hasta luego de paso sofá, series y mantita.

Otro de los motivos por los que pueden producirse las rupturas en esta época del año son altas expectativas que depositan algunas parejas en las vacaciones de verano. Creemos que las vacaciones van a ser un momento mágico, suspendido en el tiempo, en el que toso va a ser arcoíris y brilli-brilli, playas turquesa y atardeceres de ensueño, y los viajes se convertirán en escapadas inolvidables como las de las fotos en Instagram de nuestra influencer favorita. Y, en muchas ocasiones, no es así. Sobre todo, para aquellas parejas que ya no estaban bien el resto de estaciones del año.

En general las fotos de Instagram ocultan cosas como precios carísimos en el chiringuito por unas patatas revenidas, o la playa a rebosar antes de las once, sin apenas dos metros cuadrados en los que extender la toalla. O las picaduras de mosquitos. O la ducha que no funciona. Y esos momentos incómodos, que se recuerdan a posteriori con una sonrisa si estás de verdad enamorado, acaban separando a dos personas que no se llevan del todo bien.

También puede producirse la ruptura en verano cuando uno de los miembros de la pareja deja que el otro organice todo absolutamente a su gusto, aunque a él o ella no le apetezca nada ni la montaña ,ni quedarse en la casa de la familia política ni subirse a un avión, ni mucho menos bajar a la playa con toda la solanera, cuando no haya nada que odie más que la arena metida en el bañador . De nuevo, hablar sobre lo que desea cada uno y consensuar las decisiones resulta fundamental.

En verano se agudiza la crisis de mediana edad. José Luis imagina, con cierta razón, que el verano le ofrece más diversión, más flirteos y más ocio. Y que se los va a perder si se va con Carmen al pisito de playa que le ofrece la suegra. Sobre todo, cuando ve que su amigo Manolo, recién divorciado, se pasa el día de piscina y la noche de terracitas bailando a Rauw Alejandro. José Luis piensa que su vida es aburrida, que su suegra es un pelma y que el apartamento de la playa es feo, y de pronto le propone a su legítima que pasen las vacaciones por separados. Ya veremos si José Luis, después de su veranito en Marbella, pretende volver con Carmen, cuando vea que en las terracitas le han servido garrafón a precio de Moet Chandon, que no se ha comido un colín y que como escuche una sola vez más “es que me gusta todo de ti” le va a explotar la cabeza.

Si José Luis y Carmen se van a la playa hay que recordar que otro de los motivos más frecuentes para las rupturas veraniegas tiene que ver con los conflictos familiares. Esto solo sucede a este nivel en otra época del año en que las crisis de pareja se multiplican: la Navidad. Y es que no es lo mismo estar en la tranquilidad de la casa propia - sobre todo, si vives lejos de la familia - que verse rodeado en vacaciones, día tras día, de cuñados, suegros, primos, sobrinos y de vecinos de urbanización cotillas. Hay una regla aritmética fácil de entender en las relaciones: mayor número de gente en menos espacio, mayor posibilidad de que surjan los conflictos.

¿Mi consejo? Comunicación, comunicación, comunicación. Si algo te incomoda o preocupa, si no te llevas bien con la familia extensa, si te está agobiando la mera idea de los quince días en la playa, háblalo. Quizá tienes miedo de hacerlo porque crees que va a precipitar una ruptura, que tu mujer o tu marido se van a enfadar cuando le digas que su madre es un pelma, que su cuñado Pepe tiene problemas de alcohol y que su padre los tiene de control de la ira. Pero es que si no hablas simplemente vas a diferir la bronca: la bronca llegará igual.

Quizá podríais intentar llegar a acuerdos y formar un equipo ante los previsibles problemas. Pero en el caso de que no sea posible y lo más razonable sea la ruptura, afrontadla de la manera más saludable para no provocar daños y traumas completamente innecesarios.

Y es que, en algunos casos, la gran dificultad para salvar la relación radica en que las cosas se hablan demasiado tarde. Por esta razón, es importante encarar los problemas cuando empiezan a aflorar y no esperar a que pase el verano (u otra época del año) para intentar salvar lo ya insalvable.

Pero, pero, pero… donde hay luz hay oscuridad. La oscuridad no existe si no hay luz con la que compararla. Con eso quiero decir que el verano es peligroso para las parejas, sí, pero también es una oportunidad para reforzar el vínculo, así que aquí van…

Algunos consejos que deberías tener en cuenta antes de salir de vacaciones con tu pareja

1. Organización

Antes de salir de vacaciones, mejor hacer un planning y tener más o menos claro cómo se van a distribuir los días: cuál es la hora de levantarse; ( ¿ lo haremos a la misma hora? ) si se va a comer en casa o fuera ( si se va a comer en casa, hay que saber que hay que preparar una compra muy grande, si se va a comer fuera, hay que revisar el presupuesto y determinar quién cocinará); qué actividades se van a realizar ( si tu pareja odia la playa, quizá deberías replantearte el plan del apartamento playero)… y sobre todo, hay que plantearse si habrá actividades conjuntas. En el caso de Elena, por ejemplo, Juan se levantaba a las seis y ella a las once, ella adoraba la playa y él la odiaba, él salía a nadar a media tarde, ella no sabe nadar… No es de extrañar que él acabara echando de menos otras cosas. Se aburría.

2. Repartir responsabilidades

Quién hace qué. Quién hará la compra, quién recoge la casa, quién cocina, quién pondrá lavadoras, cómo se organizará el cuidado de los niños si los hay. En el día a día solemos tener estas rutinas muy establecidas, pero también es cierto que muchas parejas cuentan con ayuda. Y esa ayuda en vacaciones no existe. Dar por hecho que el otro lo va a hacer todo por ti, o que va a colaborar haciendo cosas que nunca hace, es la receta perfecta para el desastre. Si en casa jamás pone la lavadora, no lo va a hacer en vacaciones. Y si en casa es ella la que se ocupa de todo, tampoco puedes partir de la base de que lo hará en vacaciones. Las vacaciones están para descansar, no para ser la asistenta de los demás.

3. Ceder

Si cada uno le apetece hacer cosas diferentes, hay que ver quién puede ceder en una ocasión y quién en otra. Elena podía haberse despertado antes, Juan podría haberle acompañado a la playa. Y ambos podrían haber acordado ir a cenar al pueblo de cuando en cuando, o tomar clases de surf juntos: las actividades compartidas siempre unen a una pareja. Cocinar juntos, practicar deporte juntos, ir a visitar museos…

4. Dedicar un tiempo a la pareja

Incluso si se pasan las vacaciones con niños. Hay que buscar al modo y manera de poder pasar tiempo juntos, a solas. Vuelvo a insistir en el hecho de que las actividades conjuntas unen a una pareja. Seguro que en verano se te ocurren cientos de cosas que hacer juntos. La cenita romántica es un plan muy manido (y en verano sale por un riñón), pero si tiene tanta fama es porque es muy eficaz.

5. Respetar el espacio del otro

Esto no contradice a lo anterior. Muy al contrario, lo complementa. Aunque paséis parte del día juntos, recuerda que es imprescindible que cada miembro de la pareja tenga su propio espacio, simplemente para reflexionar y para estar en soledad. Si a él o a ella le gusta dar paseos en solitario por la playa a primera hora, no te empeñes en acompañarle. Quizá necesita ese rato consigo mismo. Lo mismo digo si le gusta pasar media hora en la ducha o ver vídeos de gatitos antes de dormir. Demasiadas personas creen, equivocadamente, que las parejas “de verdad” deben hacerlo todo en común. Que la felicidad radica en no separarse en ningún momento y compartir todo y a cada instante. Pero, en realidad, para que una pareja se mantenga, es necesario que cada uno disfrute de un espacio propio, También en vacaciones.

6. Familias políticas

Habrá que determinar cuánto y cuándo se les visita o se les recibe. Si tu suegra te invita al pisito monísimo en la playa, pero tú no te llevas bien con tu suegra, no te metas en la boca del lobo. Tampoco le invites a la casita rural ideal-divina-de-la-muerte que has alquilado. Este tema tiene que estar negociado entre la pareja de antemano, con mucho tacto, diálogo y paciencia, pues se trata de una cuestión muy delicada en la que alguno de los dos podría sentirse herido con facilidad. A nadie le gusta escuchar que su madre es una pesada, o su padre un tiquismiquis. Él ya sabe cómo son, pero no dejan de ser su pesada y su tiquismiquis.

7. Amigos

Te aconsejo actuar de la misma manera que con la familia política.

8. Detalles

Es el momento adecuado para dedicarse esos gestos especiales para los que no hay mucho tiempo durante el resto del año. Cocinar para el otro, prepararle un desayuno de película, llevarle a algún lugar especial, … En resumen, recordarle y hacerle sentir que uno tiene todavía interés por lo que le hace feliz. Que aún le quieres.

9. Hacer locuras juntos

El verano es un buen momento para realizar juntos aquellas actividades que siempre habéis deseado hacer pero que finalmente nunca os habíais atrevido a intentar. Podéis probar a hacer programas desestresantes que incluyan actividades al aire libre, en la playa, rafting, surf, parapente, tirolina… Si no eres tan deportista, simplemente el hecho de pasear juntos por la playa, o incluso hacer un maratón de la serie favorita, sin tener que preocuparse porque mañana hay que ir a trabajar o a comer con los suegros.

10. El consejo anterior, aplícatelo a tus relaciones sexuales

No te vayas de vacaciones si hay asuntos pendientes.

En pandemia se separaron muchas parejas porque sucedió lo mismo que a veces suceden en vacaciones, Hay asuntos que se pueden ocultar si uno no convive 24/7. Un romance con una compañera de trabajo, por ejemplo. O una adicción. Un comercial puede estar bebiendo mucho en su jornada de trabajo, pero llega a casa después de caer el sol. Su mujer no tiene por qué saber que cada día se bebe, entre cañas y copas, el cuádruple del consumo de alcohol diario recomendado.

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Pero estas cosas, aunque no sean obvias, se intuyen. Por eso, si tienes dudas, plantéalas antes de irte de vacaciones. No creas que los quince días en la playa o en la casa rural lo van a arreglar. Más bien al contrario. Él / ella va a montar una bronca porque no puede beber o porque no ve el momento de hablar con su amiga especial. Si tienen dudas, háblalas antes. Sí la cosa no te parece aún muy grave, recuerda que las vacaciones son la mejor época para hablar y para analizar algunos problemas que hayan podido surgir durante el año. No es momento de agobiarse, pero si de hablar tranquilamente. Salvar una relación implica siempre hablar las cosas. La comunicación en pareja involucra hablar, preguntar, responder, escuchar, discutir, asentir, negociar… Y supone compartir la vida cotidiana, pero también la no cotidiana. Respeto, empatía y asertividad son la clave. Si no los encuentras en tu pareja, dile que te largas solito/ solita a disfrutar de la playa.

Y a él o a ella… "que le folle un pez".

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