La hoguera | Artículo de Juan Soto Ivars

Lídia Heredia y un señor de Murcia

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Lídia Heredia, en el programa de TV-3.

Lídia Heredia, en el programa de TV-3.

Hace cinco años, la periodista Lídia Heredia llevaba una pierna inmovilizada por una lesión en la rodilla. Con una férula recia, se vino desde su casa hasta mi barrio y me invitó a participar en 'Els Matins' de Tv3. Quería que hablase de redes sociales, que es de lo que hablaba yo entonces en todas partes.

"Oye, Lídia, que sí, que mola, mil gracias, un honor, pero yo es que no me siento nada cómodo hablando en catalán, porque pienso en español, y en catalán voy traduciendo, y además pronuncio fatal, y parezco retrasado".

"Cap problema, ho fas en castellà".

Durante los siguientes cinco años, hasta su marcha para hacer de corresponsal en Washington, el modus operandi de nuestra colaboración era el siguiente: yo proponía un tema a Raquel Ballabriga, ella se lo transmitía a Lídia y al equipo del guion del programa, y cerrábamos.

No había pegas, no las hubo ni una sola vez. La sección trataba de transmitir a la audiencia, de forma comprensible, las barbaridades surrealistas del mundo digital. A veces esas barbaridades las protagonizaban los indepes, claro.

Mi idioma materno sonaba dentro del plató con la mayor naturalidad: Lídia (o Pere Bosch) y los tertulianos se lanzaban en catalán sobre el tema que yo les traía en español, debatíamos un poco en ese ambiente agradable, civilizado y anacrónico, y los dos idiomas se enredaban de manera indistinta. Se nos entendía muy bien y nos entendíamos. Las quejas venían de fuera: cada vez que yo escribía un artículo contra Puigdemont, por ejemplo, caía un texto en cualquiera de los digitales 'indepes', el grito en el cielo. "¡Se mete con el MHP, es murciano, y habla en castellano en TV-3!".

Un programa plural

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Es un pequeño ejemplo de lo que una parte de la audiencia exige que sea TV-3, así que puedo imaginar las presiones que recibiría Heredia por su forma de llevar el matinal. Su dominio del programa atravesó los años más duros del 'procés', con los histrionismos, la hiperventilación y la propaganda sistémica. En ese ambiente imposible, y en un ente público intervenido, ella ha logrado mantener un programa plural, con colaboradores variados y una línea editorial sensiblemente menos sesgada que otros espacios de la casa.

Pues bien: tras tantos años de trabajar juntos y una cierta complicidad, que supongo se notaba en antena, yo todavía no sé a qué partido vota Heredia, y sospecho que tampoco lo acertaría su audiencia. No se me ocurre mejor forma de elogiar su trabajo.