Artículo de Isabel Sucunza Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Repito traductor

Que me resistiera a dejar la lectura de 'El casalot' de Dickens no solo era mérito del escritor, sino de Xavier Pàmies, el artífice de la traducción al catalán

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Luna rosa vista desde el faro del Cap de Favaritx en Menorca

Luna rosa vista desde el faro del Cap de Favaritx en Menorca / Robert Ramos

Volveré a pasar unas vacaciones con Xavier Pàmies. Ya lo hice hace unos cuantos veranos. Leía entonces 'El casalot', de Dickens. Recuerdo que cada día alargaba el momento de salir a la calle por la mañana y a media tarde me entraba prisa por volver a casa y seguir leyendo. Y eso que estaba en París: imaginad el nivel de enganche que te puede provocar un libro. Pero aunque los libros de Dickens ya suelen ser de los que atrapan –fue pionero en la publicación de historias por capítulos en los rotativos de los comienzos de la prensa escrita- no era solo mérito suyo que yo acabara resistiéndome a dejar la lectura ni siquiera para pasearme por París, qué va, el mérito también era de Pàmies, el artífice de la traducción al catalán que yo, ese año, había metido en la maleta.

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No domino el inglés de Dickens, ni la época, ni el lenguaje jurídico que a veces utilizaba; ni siquiera tengo nociones suficientes del oficio de traductor para hacer aquí una crítica detallada, académica, sobre el trabajo de Pàmies. Solo puedo decir que aquello fluía, que las voces de los personajes sonaban como si se colara por el patio de luces la conversación entre dos vecinas que hablaban sobre el disgusto de una tercera que no acababa de arreglar los papeles de una herencia. Y que yo, todo el rato, quería saber más.

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El trabajo de un traductor literario no consiste simplemente en pasar las palabras del idioma original al de destino, va mucho más allá. No es solo cuestión de hacer que el libro sea inteligible para lectores en otra lengua, sino también de acercárselo salvando no solo el 'gap' del idioma sino el de la época, el de las tradiciones, el de los juegos de palabras y hasta el del inconsciente colectivo. Y todo eso sin dejar de serle fiel a la historia original.

Este verano me llevo 'Cap al far', de Virginia Woolf, también traducido por Pàmies. Ya he visto que hacia la página 20, hay un momento en que Woolf y Pàmies consiguen que la cadencia del texto te haga sentir a ti misma faro en medio de las olas. Me parece que va a ser un festival.

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