Artículo de Ester Oliveras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Medidas paliativas

Las disposiciones anunciadas por el Gobierno simplemente tratan de paliar la situación, pero no sirven para reducir la inflación

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Dos mujeres realizan una operación en un cajero automático.

Dos mujeres realizan una operación en un cajero automático. / ÁLVARO MONGE

Casi un 10% de inflación en junio. Si nuestro salario no ha subido, quiere decir que cada mes que pasa somos un poco más pobres. Una pérdida de poder adquisitivo que se va acumulando y que empuja a más y más familias a situaciones de pobreza. El Gobierno español, consciente de ello, ha ido aprobando medidas para intentar paliar esta situación utilizando principios de redistribución de la riqueza, es decir, transferir riqueza de los actores beneficiados por esta situación a los actores que la están perdiendo. Las últimas medidas han sido anunciadas esta semana en el debate de la nación, y las más llamativas son: un nuevo impuesto sobre los beneficios extraordinarios de la banca –sector beneficiado– y Renfe gratuito para todos. La estimación de esta redistribución de riqueza es de 7.000 millones de euros.

Una primera consideración sobre estas medidas es que simplemente tratan de paliar la situación, pero no sirven para reducir la inflación. La principal medida para de verdad reducir la inflación pasa por el incremento de los tipos de interés, que ya está previsto, pero la rapidez o la intensidad es competencia del Banco Central Europeo; el Gobierno no puede hacer nada, al menos de manera unilateral, en este sentido.

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Segunda consideración. Una Renfe gratuita beneficiará a los miles de personas que lo utilizan diariamente y a quienes se añadan por el efecto llamada que sin duda tendrá la medida. Pero las instalaciones requieren de una operatividad y un mantenimiento continuo. ¿Quién cubrirá esta diferencia? No queda claro si el Gobierno ha anunciado una medida que, finalmente, deberá ser cubierta por los presupuestos de los gobiernos autonómicos. No puedo evitar pensar en un posible paralelismo con la congestión y el deterioro que algunas autovías están sufriendo desde que han pasado a ser gratuitas.

Un tercer punto, sobre el impuesto a los beneficios bancarios y que se suma al de las compañías eléctricas, requiere de un análisis más amplio. Hay que destacar que la medida de gravar adicionalmente los beneficios de estos sectores está bien sustentada: durante el primer trimestre del año estas grandes empresas han multiplicado sus beneficios. Por ejemplo, las cinco principales entidades financieras que forman parte del Ibex 35 sumaron unos beneficios de 2.000 millones de beneficio neto. La previsión es que la subida de los tipos de interés prevista todavía aumente más este margen. Y el sistema marginalista beneficia también a las empresas eléctricas que apuestan por el uso de energías renovables. Pero existen dificultades tanto en la aplicación práctica de la medida como en el resultado final esperado.

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En el sector bancario, es posible que esta carga adicional de impuestos acabe trasladándose en buena parte a las personas consumidoras y que, paradójicamente, acabe añadiendo un plus a la inflación. Otra posibilidad es que estas empresas acaben tirando de ingeniería fiscal a nivel internacional, utilizando paraísos y nichos fiscales para algunas actividades. Otro motivo de la dificultad de aplicación son los vínculos que existen a nivel político con estos sectores, no solo vía puertas giratorias, sino por su gran capacidad de lobi. Después del titular llamativo de la semana, cabrá ver cómo quedará plasmado en el negro sobre blanco. Puede ser que contenga numerosas excepciones que diluyan el efecto redistributivo previsto. Para futuras ocasiones, aquí podría ayudar la aprobación de la futura Ley del Lobi, que hace tiempo que se está preparando y que ayudaría a transparentar las negociaciones que se producen entre el Gobierno y estos sectores tan concentrados, con poder casi oligopolista. En este sentido, ya existen evidencias de medidas anunciadas previamente sobre el sector eléctrico que no han tenido el impacto recaudatorio previsto. La conclusión es que la recaudación que puedan generar estas medidas difícilmente compensará las medidas sociales anunciadas.

Y lo que más debería ocuparnos es la gran corriente de fondo que están produciendo: la enorme deuda que actualmente tiene el país y que tarde o temprano deberá reducirse. Cuando el efecto balsámico que ahora tienen los Fondos Europeos y la recuperación del turismo pase, la deuda soberana volverá a estar en la primera línea de la agenda económica.