Artículo de Ruth Ferrero-Turrión Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Johnson sale

El camino que ha llevado a su salida del poder podría haber sido un guion de cualquier serie de trama política de Netflix

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Boris Johnson.

Boris Johnson. / Feed

Wimbledon ha coincidido este año con la caída y el más que probable fin de la carrera política de Boris Johnson. Hace algo más de un mes, el 6 de junio, el político ‘tory’ salvaba una primera bola de partido, eso sí, por los pelos,  cuando superó la moción de confianza interna sobre su liderazgo a la que fue sometido por parte de sus correligionarios del Partido Conservador. Entonces apenas recibió el 59% de apoyos, frente al 63% recibido por Theresa May en una situación política similar, cuando no conseguía cerrar los acuerdos del Brexit. Tras esa derrota, May dimitiría de su puesto, que pasaba a manos de su principal detractor, Boris Johnson. Ahora la historia se repite, solo que agravada tanto en las formas como en el contenido, en lo que parece que es la tumba política del famoso político de flequillo rebelde.

Lo que entonces se describió como una victoria pírrica de Johnson, ahora se materializado en una derrota sin paliativos frente a los suyos. El camino que ha llevado a su salida del poder podría haber sido un guion de cualquier serie de trama política de Netflix, desde las fiestas en tiempos de covid en Downing Street, pasando por los escándalos sexuales de sus allegados, como el ‘caso Pincher’, o el histrionismo con el que ha gobernado el país durante los apenas dos años y medio que ha gobernado el Reino Unido. El rédito político que consiguió tras la histórica victoria electoral de 2019, que emulaba los tiempos de Thatcher, así como el éxito de la campaña de vacunación contra el covid-19 –tras un primer intento de contagio de rebaño fracasado–, o el creciente protagonismo que ha querido tener en el contexto de la guerra de Ucrania, donde ha jugado un papel protagonista en el bando de los halcones que le ha granjeado una enorme popularidad entre los ucranianos, no le han servido para contrarrestar la pérdida de confianza de la opinión pública en su gestión.

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Si Johnson pensaba que tras su victoria del ‘Get the Brexit done’ tenía carta blanca para cualquier acción o excentricidad, se comenzó a dar cuenta de lo contrario durante las elecciones locales del 5 de mayo, cuando el partido ‘tory’ perdió algunos de sus feudos históricos a favor de los laboristas, como Westminster, en manos conservadoras desde 1978, o desplomándose en Escocia y Gales al perder 82 escaños. Este toque de atención por parte del electorado, junto con unas encuestas de opinión en las que el 60% de la población cuestionaba su liderazgo y su gobierno hicieron que desde sus propias filas se comenzara a cuestionar su mandato, no por razones de responsabilidad política, sino por razones de supervivencia.

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La rebelión interna dentro del partido ‘tory’ no se entiende sin conocer la peculiaridad del sistema político británico de modelo mayoritario, donde cada diputado se bate en duelo a muerte en su distrito en la conocida fórmula ‘first take the post’, o el que gana se lo lleva todo. En estas circunstancias, el fuego amigo siempre es más peligroso que el del adversario. Y para la muestra un botón, ya que a pesar de las especulaciones de las primeras horas, parece que el propio Partido Conservador quiere evitar a toda costa la permanencia de Johnson en Downing Street hasta el próximo octubre. De nuevo el sistema político británico juega en su contra, ya que no existe el gobierno en funciones en el Reino Unido y, por tanto, no existen limitaciones sobre el poder Ejecutivo. De este modo será el Comité 1922 el que ponga con premura el proceso de sucesión y reemplazo de Johnson. Los laboristas no van a tener que mover ni un músculo para deshacerse de este ‘enfant terrible’ de la política británica.

Johnson deja un país en peor situación que cuando llegó con la promesa del Brexit, un crecimiento económico más lento, una inflación más alta, un mayor aislamiento internacional, menor credibilidad y los puentes rotos con la UE. Falta por ver quién tomará el relevo en el partido ‘tory’, pero lo que sí parece seguro es que no habrá una modificación sustantiva de la hoja de ruta tomada por el Reino Unido en 2016. Veremos si tras Johnson, la sociedad británica consigue rehacer sus costuras y encontrar una alternativa tranquila en su liderazgo.