Análisis

Sandro Rosell en el multiverso barcelonista

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Sandro Rosell durante la entrevista concedida a EL PERIÓDICO, este lunes.

Sandro Rosell durante la entrevista concedida a EL PERIÓDICO, este lunes. / Joan Cortadellas

No es este el lugar para ponderar el alcance ni el grado de realismo de las ambiciones políticas que han llevado a Sandro Rosell a poner estos días en marcha una vistosa campaña de promoción personal, aunque debo confesar que mi sentido arácnido empieza a enviar alertas cada vez que topa con una iniciativa de gestión pública basada en la premisa «con un grupo de amigos y compañeros nos dijimos que teníamos que hacer algo».

Lo que aquí nos ocupa, en cualquier caso, no es el municipalismo de escuela de negocios de Rosell sino las revelaciones que ha estado haciendo sobre su paso por la presidencia del FC Barcelona entre 2010 y 2014, un cuatrienio que él mismo se encarga de catalogar como «el mejor de la historia del club» y que acabó abruptamente cuando el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz admitió a trámite la querella por apropiación indebida que dio lugar al lioso 'caso Neymar'.

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En una entrevista publicada en este mismo diario, Rosell marca llamativas distancias con la gestión de Josep Maria Bartomeu y sostiene, entre otras cosas, que él no tuvo nada que ver con la marcha de Pep Guardiola, puesto que el técnico de Santpedor, aclara, decidió abandonar el club por sus problemas personales con algunos jugadores. Podemos dar por buena esa versión, aunque ello nos lleve a preguntarnos qué papel adoptó el presidente en ese enfrentamiento y a especular con las razones que empujaron a Guardiola a asegurar en julio de 2013 que lo único que le había pedido a Rosell en el momento de la salida era que le dejara por fin en paz («y no ha cumplido su palabra», añadió).

De todos modos, tal vez no estaría mal que alguno de esos «amigos y compañeros» advirtiera al autor de 'Benvingut al món real' de que ese afán por reescribir capítulos de la historia azulgrana que la afición tiene ya perfectamente asumidos (como si el Barça entrara en una especie de multiverso) hace muy poco servicio a la causa de un hombre que, pese a contar con el factor de legitimación que es haber sufrido un encarcelamiento injusto, sigue siendo percibido por muchos como esa lata de refresco de la que sospechamos que alguien la ha agitado antes.