Artículo de Joaquim Coll Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Jordi Pujol, la última entrevista

Pujol lamenta que hoy Catalunya esté triste y desordenada tras la etapa convulsa del ‘procés’, y reconoce la poca talla de nuestros gobernantes, sin preguntarse si el ‘pujolismo’ no está en el origen de todo ello

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Jordi Pujol, en una foto de archivo.

Jordi Pujol, en una foto de archivo. / Epi_rc_es

Tras cuatro temporadas, el periodista Josep Cuní se despidió la semana pasada de su programa matinal en Ser Catalunya con una interesante entrevista a Jordi Pujol. El ‘expresident’, alejado desde hace años de las ondas radiofónicas, accedió a participar creyendo que se trataba del adiós definitivo del veterano periodista, lo que afortunadamente no es así, como el lector de EL PERIÓDICO comprueba cada semana. Otra cosa es que su magazín informativo en catalán, que ha intentado captar desde el realismo al oyente soberanista que recala abrumadoramente en RAC1 y CatalunyaRàdio, no haya cosechado el éxito esperado. El porqué de ello es una reflexión que los responsables de la emisora deberían hacerse. Pero parece que Pujol se prestó creyendo que se trataba de una despedida al unísono con uno de los periodistas que más veces le había entrevistado en su larga etapa de ‘president’. Porque para él, con 92 años y consciente de sufrir ya algunos lapsus de memoria, seguramente sí sea su última entrevista.

El diálogo con Cuní fue rico en titulares y permitió ver a un Pujol que intenta reescribir su pasado con la esperanza de que al final se imponga una lectura positiva sobre su legado que orille, como mínimo, la falta de ejemplaridad pública de su familia, de la que él reconoce sentirse culpable. Argumentalmente repitió algunas de las afirmaciones expuestas en su testamento político, ‘Entre el dolor i l’esperança’, libro-entrevista a cargo de Vicenç Villatoro que publicó el año pasado. La primera fue que no era ni había sido nunca independentista. Puede que eso sea cierto, en el sentido de que nunca lo creyera posible, pues su realismo político es innegable, pero también es indudable que abonó la estrategia secesionista de Artur Mas y de su desaparecido partido en el 2012. Tras su confesión sobre el dinero que tenía en el extranjero, en julio del 2014, políticamente quedó fuera de juego, pero fue una revelación que no hizo más que evidenciar que la voluntad de tapar los sucesivos casos de corrupción (desde el caso Palau, en el 2009, hasta la trama de las ITV que protagonizó Oriol Pujol, a mediados del 2012) constituyó otro de los alicientes para el salto independentista de CDC. Ahora bien, por encima del famoso 3% y la corrupción de los Pujol, en el orden de los factores del ‘procés’ aparece la oportunidad para Mas de librarse de la dependencia del PP en el Parlament y de abrir un horizonte utópico frente a la crisis que permitiese aglutinar un movimiento de corte populista. Cuestión diferente es que se le fuera de las manos y acabara en un fracaso absoluto en el 2017.

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Con la misma contundencia que Pujol afirma no haber sido nunca independentista, aunque dejó que sus seguidores alimentasen ese sueño y lo utilizasen como aprendices de brujo, también niega ser un corrupto porque “nunca cobró una peseta”, le dijo a Cuní. Démoslo por bueno también, al margen de la causa judicial pendiente, y de lo raro que resulta esa herencia de su padre, depositada en el extranjero, de la que fue excluida la hermana y de lo que nada se supo hasta que la policía dio con ella en Andorra. Ahora bien, Pujol lideró un proyecto político manchado fuertemente por la corrupción, de la que él era conocedor como máxima autoridad de Catalunya, que enriqueció a muchas personas, empezando por dos de sus hijos, y devaluó las instituciones del autogobierno.

Por último, lo más lamentable de la entrevista es el persistente tono victimista, al tiempo que España aparece siempre como culpable de “intentar ahogar” a Catalunya. El paralelismo actual con Rusia como país imperialista fue particularmente insultante y lo peor es que Cuní no tuvo reparos en elogiar en diversos momentos la lección de historia que estaba ofreciendo Pujol. Establecer un hilo de continuidad entre los reyes asturianos y su juramento de recuperar Toledo, capital del reino visigótico peninsular, con la esencia de la España democrática y europea es delirante. Esa es la peor herencia del ‘pujolismo’, el hecho de haber contribuido durante décadas a envenenar el sentimiento de los catalanes con una retórica rencorosa. Pujol lamenta que hoy Catalunya esté triste y desordenada tras la etapa convulsa del ‘procés’, y reconoce la poca talla de nuestros gobernantes, sin preguntarse si el ‘pujolismo’ no está en el origen de todo ello.