La nota | Artículo de Joan Tapia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Sandro Rosell

Tras la aparición en el caso de Villarejo, el expresidente del Barça ve avalada su tesis de que fue víctima de una extraña conspiración

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Sandro Rosell, este lunes durante la entrevista.

Sandro Rosell, este lunes durante la entrevista. / Joan Cortadellas

Sandro Rosell fue un joven vicepresidente del Barça y luego presidente de 2010 a 2014. Pero el infortunio le explotó en la cara en mayo de 2017, cuando la fiscalía le acusó de lavado de dinero y otros delitos y fue encarcelado por la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela. Lo más extraño fue que a Rosell -un empresario conocido- le fue negada sistemáticamente y sin justificación la libertad con fianza durante casi dos años. Luego, el primer día del juicio oral, los tres magistrados de la Audiencia Nacional que le debían juzgar le dejaron en libertad y le acabaron absolviendo de todos los cargos por falta de pruebas.

Lo que le pasó tiene todos los ingredientes de un relato 'kafkiano'. Y que la juez instructora fuera ascendida poco después a magistrada de la Sala Penal del Tribunal Supremo añadió más intriga al caso. Una prisión sin fianza tan larga (el límite legal es de dos años) no es normal. Y ahora el caso se ha vuelto todavía más turbio cuando se ha sabido que la acusación fiscal estaba basada, al menos en parte, en un informe indocumentado del famoso comisario Villarejo. El de, entre otras, la llamada Operación Catalunya. 

¿Por qué la Justicia mantuvo a Rosell en prisión sin fianza, y sin pruebas, durante dos años? Lo cierto es que lo conocido estos días contribuye a dar más credibilidad a la tesis de Rosell de que todo se debió a una maniobra de algunos aparatos del Estado con empresarios a los que estaba enfrentado.

En Catalunya -con la excusa de combatir el ‘procés’ y el independentismo- pasaron demasiadas cosas extrañas que sería necesario aclarar. Y lo sucedido a Sandro Rosell es bastante inimaginable. Veremos el recorrido de la querella que ahora el empresario interpondrá contra Villarejo.

Pero, aparte de la triste experiencia judicial y carcelaria, Sandro Rosell es también un testigo del drama político de la burguesía catalanista. Conocí a su padre, Jaume Rosell, que fue gerente del Barca, en 1970. Todavía no existía CDC, pero ya era un convergente 'avant la lettre': catalanista, de familia empresarial, inquieto y activo contra la dictadura y admirador de Jordi Pujol. 

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Pujol acaba de declarar a Josep Cuní que siempre fue nacionalista pero no independentista. Creo que es así, no tanto por falta de ganas sino porque, gran lector de libros de historia, sabe que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. La pregunta política (no personal) a Pujol sería por qué no lo dijo antes -del 2012 al 2017- contribuyendo así a que una parte del país se lanzara a algo que -lo confiesa- no ha acabado nada bien. El propio Rosell declaró a Jordi Évole -e insiste en las declaraciones a EL PERIÓDICO- que en un referéndum votaría a favor de la independencia, pero al día siguiente se iría de Catalunya. Dice que votaría con el corazón, pero vive con la cabeza.

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Pero vivir de los sentimientos es lo que liquidó a un partido como CDC que -gustara más o menos- recogía el sentir de gran parte de las clases medias catalanas que ahora se han quedado sin altavoz. Y un país necesita tanto a la izquierda -aquí hay tres y con fuerza (PSC, ERC y Comuns)- como un centro-derecha con autoridad política y electoral. 

Más allá de la política, lo que le pasó a Rosell indica que en España la Justicia es muy mejorable y que hay poderes (no solo estatales) que abusan de su fuerza. Rosell aún tiene arrestos para pensar en una candidatura de signo gestor (no político) a la alcaldía de Barcelona. No sé como le irá, coraje no le falta.