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Una Eurocopa de oportunidades

El auge y reconocimiento del fútbol femenino abre camino hacia su profesionalización, cuyos beneficios exceden con creces los aspectos económicos y deportivos

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Una Eurocopa de oportunidades

Efe

La Eurocopa Femenina 2022 está a punto de empezar. La máxima competición continental femenina se celebrará del 6 al 31 de julio en Inglaterra y llega con ánimo de victoria. Ya solo el partido inaugural (arbitrado por la española Marta Huerta de Aza) ha marcado un hito antes del pitido inicial. La venta de entradas ha superado las 500.000 localidades, una cifra récord de asistencia en la historia del torneo. El doble de aficionados que acudieron a ver la Eurocopa de 2017. La UEFA confía en que se batan récords de espectadores. Se espera la visita de 100.000 seguidores, una audiencia televisiva global de más de 250 millones de personas en 195 países y un impacto económico de 63 millones de euros. El éxito de la competición será una nueva inyección a un fútbol femenino que va superando obstáculos al mismo tiempo que suma reconocimientos.

La selección española parte como una de las favoritas. Muchas de las futbolistas que integran el equipo ya han celebrado victorias en grandes campeonatos. Especialmente las nueve seleccionadas del Barcelona, equipo ganador de la Champions de la temporada pasada. Entre ellas, Alexia Putellas, galardonada con el Balón de Oro de 2021. Un premio individual al esfuerzo y compromiso de la centrocampista, pero también un éxito colectivo para el fútbol y el deporte femenino en general. Putellas es la segunda futbolista española, hombre o mujer, reconocida con el Balón de Oro. 

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El avance del fútbol femenino no ha sido fácil. Ha batallado duramente y en numerosos campos, más allá de los deportivos. Desde la falta de visibilidad que provocaba el desinterés de los patrocinadores y que perpetuaba la desigualdad de recursos dedicados a los equipos masculinos y femeninos, hasta la dificultad de profesionalización por, precisamente, la escasez de recursos. Un pez que se muerde la cola. Pero ya hace tiempo que las cifras desmienten viejos argumentos que argüían desinterés social. 

El fútbol femenino tiene quien le mira y las condiciones laborales van mejorando. Así cabe entender el reciente acuerdo con la Real Federación Española de Fútbol. Una regulación que equipara las condiciones básicas de las selecciones femenina y masculina. No se igualarán los sueldos, pero sí se percibirán los mismos porcentajes de los premios que lleguen de la UEFA y de la FIFA (otra cuestión es el sesgo de género que dichas organizaciones aplican a sus incentivos). Aunque aún hay muchos aspectos a mejorar, el fútbol femenino se va desprendiendo del amateurismo, un lastre que aún ahoga a muchas de sus jugadoras. El acuerdo alcanzado es equiparable al de la selección de los Países Bajos. De las 16 selecciones que concurren a esta Eurocopa, 11 cobrarán de un modo u otro lo mismo que la masculina. Cinco ingresarán mucho menos. 

En términos empresariales, el auge del fútbol femenino es una gran oportunidad de negocio. Mejorar las condiciones de las jugadoras no solo es una cuestión de justicia, también un modo de aumentar la calidad de su juego al permitir su profesionalización. Pero los beneficios exceden los aspectos económicos. La visibilidad de las jugadoras, la admiración que provoca su juego es una victoria para la igualdad. Ayuda a romper estereotipos que aún relegan a las mujeres en un segundo plano del deporte y anima a más niñas a practicarlo y a ver en él una posible carrera profesional. Su reconocimiento enriquece el mundo deportivo y redunda en el conjunto de la sociedad. Comienza la Eurocopa, una oportunidad que se proyecta más allá del campo de fútbol.