Artículo de Rosa Paz Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Después del sueño, la cruda realidad

Sánchez sabe que tiene en los problemas económicos el principal obstáculo para volver a ganar las elecciones

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Encuentro  entre Pedro Sanchez Joe Biden en el Palacio de la Moncloa .

Encuentro entre Pedro Sanchez Joe Biden en el Palacio de la Moncloa . / DAVID CASTRO

Es evidente que cuando Pedro Sánchez despertó del sueño atlantista, los problemas domésticos que aparcó durante la exitosa cumbre de la OTAN todavía estaban ahí. Como el dinosaurio en el cuento de Monterroso. Incluso alguno de esos problemas agravado, como es el caso del IPC, que ha alcanzado ya los dos dígitos. A Sánchez el encuentro de los máximos dirigentes mundiales en Madrid le ha salido de diez. Un éxito organizativo y un éxito personal, porque los españoles han podido ver retransmitido en directo el magnetismo que irradia el presidente entre los socios europeos y ahora también con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que en el pasado le ignoraba. Se desconoce, no obstante, si ese despliegue de simpatía recíproca que ha supuesto para él la cumbre le dará algún voto en casa. Desde su izquierda creen que no, y es posible que acierten, aunque no por el antiatlantismo militante, que parece haber quedado como un reducto minoritario, sino porque está por ver cuánto dura el efecto de las fotos frente a un panorama económico que pinta mal y a la masacre de Nador, tan mal resuelta en sus declaraciones.

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Él mismo reconoció en una entrevista en La Sexta, el mismo día en que terminó la cumbre, que el panorama es de “extrema incertidumbre” y que no es impensable un invierno sombrío con escasez de gas como consecuencia de la guerra en Ucrania y de que Putin utiliza los carburantes como un arma bélica más. Un futuro que sería mucho peor que este presente de subida constante de los precios, que empobrece a todos, más a los más pobres. Un fenómeno, el de la carestía, para el que las medidas aprobadas por el Gobierno no se han mostrado hasta el momento eficaces. Dice el que presidente que sí, que de no ser por esas decisiones, el IPC estaría ahora en el 15 en lugar de en el 10,2, pero ese es un triste consuelo, porque lo que esperaba la ciudadanía era una bajada de los precios, no una subida contenida. Sánchez sabe que tiene en esos problemas económicos el principal obstáculo para volver a ganar las elecciones y que pese a las medidas sociales aprobadas por el Gobierno, que han paliado las consecuencias más graves de la pandemia y de la guerra, la confianza de los ciudadanos en el Ejecutivo va decayendo.

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De ahí también que tras la derrota de los socialistas en las elecciones andaluzas y la sensación extendida de cambio de ciclo, que beneficia claramente al PP de Núñez Feijóo, haya vuelto el Sánchez que se impuso al sanedrín del PSOE en las primarias. Ese Sánchez que dice estar asediado por “determinados poderes económicos, que tienen terminales políticas y mediáticas”, a los que este Gobierno les resulta “incómodo” y que estarían utilizando todos los medios a su alcance para erosionar la imagen del presidente y del Ejecutivo. El mismo discurso que desgranó en aquella entrevista con Évole, cuando en 2016 renunció a su acta de diputado para evitar abstenerse en la investidura de Rajoy. Acababan de defenestrarle y ahí empezó a resurgir de sus cenizas. ¿Será ese el talismán que le ayude también ahora a renacer?