Nuestro mundo es el mundo | Artículo de Joan Tapia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

De la OTAN a la inflación

La cumbre de Madrid aúpa la imagen internacional de Sánchez, pero agrava las tensiones internas con Podemos

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El presidente de EEUU, Joe Biden, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la jornada inaugural de la cumbre de la OTAN, en Madrid.

El presidente de EEUU, Joe Biden, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la jornada inaugural de la cumbre de la OTAN, en Madrid. / DPA / STEFAN ROUSSEAU

La cumbre de la OTAN en Madrid ha sido un paso adelante para reordenar un mundo muy alterado por la presidencia de Trump y la inesperada pandemia y que ha quedado desestabilizado tras la invasión de Ucrania. La respuesta ha consistido en dar un nuevo y fuerte impulso a la OTAN, la vieja Alianza Atlántica de 1949 entre Estados Unidos y varias democracias europeas para contener a Stalin. 

La cumbre ha consagrado y revitalizado la complicidad entre América y una Unión Europea que entonces no existía. Pero ha sido algo más por la incorporación de dos países neutrales, Suecia y Finlandia. Y también se ha planteado la actitud ante nuevos retos como la potencia de China, un gigante económico y militar orquestado por un partido único. Por eso han acudido a Madrid (y su presencia es significativa) países democráticos de Asia.

Que esta cumbre histórica de la OTAN (Biden y Stoltenberg 'dixit') se haya celebrado en Madrid es en parte una casualidad porque España la pidió, aunque antes de la guerra de Ucrania. Pero España ha salido reforzada -también frente a los países del sur- porque ante la agresión de Putin se ha alineado con determinación con Estados Unidos, Gran Bretaña, y Alemania y Francia (los dos grandes países de la UE). Una prueba es que Pedro Sánchez ha sido felicitado por Núñez Feijóo pese a que las relaciones entre los dos líderes son todo menos buenas.

Es notable que Sánchez haya optado desde el primer día por la solidaridad con Ucrania, los países europeos y Estados Unidos pese a las expresas críticas, basadas en el antiamericanismo, no solo de Podemos, su socio de gobierno, sino de parte de sus aliados. Pero todo éxito político puede tener su cruz. Para aprobar tanto el nuevo tratado con Estados Unidos (los dos destructores más en Rota) así como el aumento del presupuesto militar al 2% del PIB, escalonado hasta 2029, es muy difícil que cuente con el apoyo de Podemos. Quizás solo lo pueda hacer con el PP que ha entreabierto la puerta.

Pedro Sánchez insistió el jueves por la noche en La Sexta (con García Ferreras) en mostrarse satisfecho del balance social (reforma laboral, salario mínimo) de la actual coalición. Vale, ¿pero es posible que un Gobierno funcione bien, si en política exterior (en gran parte europea) es atacado por su socio de coalición y al final es apoyado por el primer partido de la oposición a cuyo líder no invitó a ningún acto de la cumbre?

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Y vamos al futuro próximo. ¿Cómo aprobará los presupuestos del 2023 si debe subir algo el gasto en Defensa, lo que Ione Belarra ya ha rechazado diciendo que España lo que necesita es más rentas garantizadas? ¿Tendrá que prorrogarlos?

¿Es posible votar con Feijóo la política con Estados Unidos, si el actual líder del PP no hace como Fraga y Pujol que intentaron que Felipe perdiera el referéndum de la OTAN, y con Yolanda Díaz los incrementos del salario mínimo? En política la flexibilidad es una virtud, pero todo Gobierno precisa un mínimo de coherencia.

Por otra parte, la inflación, que ha pasado en un año del 2% al 10,2%, es un lastre para la popularidad del Gobierno. Cierto, no es un mal español ya que en la UE ha saltado hasta el 8,6% y hay nueve países UE en los que supera el 10%. Y mucho se debe al aumento del coste de la energía (41% en un año). Pero en Francia, donde la inflación ha subido solo al 6,5%, Macron que fue reelegido presidente en abril se ha quedado sin mayoría en junio. 

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Sánchez no la ha tenido nunca y esa es la razón del pacto con Podemos al que en 2019 se resistió todo lo que pudo. Pero, Podemos aparte, la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, ha tenido mala suerte, pero actúa como una profesora y debería ser una gestora. Nadia Calviño es respetada en Bruselas (por ortodoxa frente a Podemos), pero cuando hay malos datos de PIB e IPC es impresentable forzar cambios y dimisiones en el INE. Y en el Gobierno remodelado se nota falta de peso político. 

Sánchez se ha apuntado un tanto en política exterior y europea, que no es poco, pero tiene -aparte del IPC- muchos frentes abiertos. Y tras Andalucía las encuestas dicen que el PP supera al PSOE con comodidad. En el debate del Estado de la Nación de mediados de mes se verá cómo está su famosa resiliencia. ¿Qué hará en setiembre?