Artículo de Ana Bernal Triviño Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

¿Qué siente quien absuelve a un asesino?

Las sentencias absolutorias terminan por ser la mayor mordaza para las víctimas. Porque desde ese instante, si piden ayuda, no las creen

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¿Qué siente quien absuelve a un asesino?

Murió desangrada con más de 100 puñaladas en su cuerpo. La Policía Nacional encontró en Dos Hermanas (Sevilla) su cadáver junto al de su pareja, que se había suicidado tras asesinarla. Ella ya había denunciado pero un juez absolvió al agresor. Se suma así a otros casos que nunca debieron haber ocurrido. Y todo esto me plantea muchas preguntas.

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Unas, sobre ella. ¿Cómo fue su vida después de esa sentencia? Habrá quien diga que ella lo defendió o pidió volver con él, pero eso no justifica. Quienes formaban parte de ese proceso saben cómo funciona el ciclo de la violencia de género, las falsas lunas de miel, los perdones vacíos y las dependencias emocionales. Pero si eso no ocurrió, si al final ese juez absolvió y el testimonio de ella fue negado… ¿Qué dirían de ella sus conocidos, sus vecinos o él mismo? ¿Cómo vivió? Supongo que con la certeza de que algún día la mataría pero, ¿qué haces después de eso? Porque esas sentencias absolutorias terminan por ser la mayor mordaza para las víctimas. Porque desde ese instante, si piden ayuda, no las creen. Porque las señalan de mentirosas sin serlo. Cuando lo que ocurrió es que nadie las entendió.

Y la segunda pregunta es sobre la justicia. ¿Por qué frente a estos fallos no se toman medidas por la Fiscalía o el Consejo General del Poder Judicial? Cuando ese juez haya leído esta noticia, ¿se habrá acordado de él o de ella? ¿Qué se piensa cuando se deja libre a un asesino? Quizás fuera negacionista. Quizás no comprendía la violencia de género y pensaba eso de “algo habría hecho ella”. Quizás nada de eso, y solo fue un juez que se encontró con una víctima que negaba lo sufrido porque nadie la ayudó a abrir los ojos. O quizás era un caso, como tantos, donde las malditas pruebas de daño psicológico no se valoran lo suficiente o no te dejan opciones. Hoy solo hay una realidad. La absolución de un asesino, un sistema que luego no está, y una mujer asesinada que denunció. A ver si alguien asume, de una vez, la culpa. Porque si algo está claro es que ninguna es de la víctima.