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Josep Borrell: Una voz en el camino

Borrell defiende que no se trata tanto de gastar más en armamento sino de administrarlo mejor para reforzar a la OTAN con una coordinación comunitaria eficiente. De ser así, no harían falta ni un ejército europeo ni fiarlo todo a la protección americana

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Josep Borrell: Una voz en el camino

Efe

Si es cierto que la guerra no es un fenómeno independiente sino la continuación de la política por diferentes medios, es obvio que nos están haciendo un flaco favor.

La famosa frase de Clausewitz se fundamenta en un concepto emocional del conflicto armado. Y según él, aunque en el inicio de la contienda este elemento esencial en la condición humana no se contemplara, el desarrollo bélico lo acaba haciendo inevitable porque, después, todo se resume en una pugna entre buenos y malos. Los nuestros y los otros. Lo comprobamos a diario desde hace tres meses. Zelenski lo practica en todas sus intervenciones, cuidadosamente preparadas. También con su uniformada puesta en escena. Cada uno de sus alegatos hurga en los sentimientos heridos por las bombas enemigas, rotos por la desolación de los supervivientes, hundidos por la tristeza de los refugiados. Y mientras, exige más armas para poder luchar, más ayuda para poder desafiar, más contundencia para poder ganar.

Sus aliados cumplen y dicen apoyarle de manera incondicional. Y le mandan material bélico y dinero, envueltos en una retórica que tiene sus límites en la línea roja tras la cual espera el riesgo nuclear. Pero mientras, internamente, empiezan a preguntarse si este es el camino. Saben que la guerra es una derrota en sí misma, porque solo la sangre es el precio de la victoria. Clausewitz de nuevo. Y nadie quiere sangre propia en un combate ajeno. 

En esto se ha reafirmado la OTAN estos días en Madrid. En la intransigencia con la que hay que tratar a Putin. Castigarlo con más contundencia y rodearlo con mayor eficacia. Y así, presentándonos al responsable de la invasión como el malo de la historia que es, Biden aprovecha para dictar el discurso, canalizar su estrategia y fortalece sus intereses. Que es lo que realmente tienen los Estados Unidos aunque hablen de amistad.

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Josep Borrell Fontelles (La Pobla de Segur, 24 de abril de 1947) lo sabe. E interviene en este debate con un argumento claro: no se trata tanto de gastar más en armamento sino de administrarlo mejor para reforzar a la OTAN con una coordinación comunitaria eficiente. De ser así, no harían falta ni un ejército europeo ni fiarlo todo a la protección americana. Y de la misma manera que el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad define nuestro modelo como la mejor combinación que la humanidad ha sido capaz de hacer entre libertades políticas, progreso económico y cohesión social, también asume el fracaso en la gestión de la inmigración, manifestando su preocupación por lo ocurrido entre vallas en Melilla. Algo que contrasta con la generosidad con la que se ha recibido a los refugiados ucranianos, marcando un clarísimo trato diferencial del que no es ajeno el color de la piel.

Poco eco para una voz de estadista en tiempos populistas. Demasiada propaganda oficial ahogando opiniones claras en una Europa acostumbrada a nadar y guardar la ropa. Que avanza con pocas prisas y demasiadas pausas. Es probable que esta sea la razón por la que a Josep Borrell sus contrarios le temen desde que ostentaba responsabilidades en la Hacienda española de aquel socialismo que se creía invencible. Cuando, tras su aparente arrogancia, se escondía su contundente sensatez. La que hoy se valora si se le escucha sin prejuicios.