Artículo de Guillem López Casasnovas Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La economía en llamas. ¿Un cuento de verano?

Una chispa que la coyuntura ha provocado desde la sierra mecánica de la guerra más cruel ha provocado el fuego

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La economía en llamas. ¿Un cuento de verano?

Efe

El estado del terreno lo permitía intuir. Son ya muchos años de poco cuidado con los rastrojos y las malas hierbas asociadas a aquella liquidez con las que las autoridades fiscales y monetarias nos inundaron en otras situaciones desesperadas. Y nos olvidaremos pronto así de las reformas, de los cortafuegos, de limpiar nuestras parcelas. Una chispa que la coyuntura ha provocado desde la sierra mecánica de la guerra más cruel ha hecho saltar finalmente la llama. Como toda profecía autocumplida, al grito de la inflación todos hemos corrido a levantar precios y salarios y así la misma inflación se ha hecho fuerte, sin freno. El viento de la expectativa ha hecho correr después las llamas, ahora ya con un final mucho más complicado.

Ya no es solo una subida de precios coyuntural o de raíz energética; todos los que puedan con sus decisiones subir precios hacen el 'correfoc'. Las unidades particulares ya no dan alcance. La autoridad final, aquí es la monetaria, sabe que para apaciguar mínimamente el desastre tendrá que subir tipos y de manera significativa. Y esto todos sabemos que en un bosque en llamas lleva a la recesión, al abandono de las zonas de confort, al retorno a cubierto de los incómodos polideportivos, purgando la desidia de quien no limpia los bosques.

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La subida de tipos comporta no ya dinero de helicóptero como agua esparcida, sino una entrada en los algoritmos internos de cada economía, con incidencia desigual. La recesión será previsiblemente general. En los EEUU probablemente más cruenta y menos duradera (inaceptable por las socialmente protegidas europeas); en la Unión Europea, el efecto irá por barrios. Más tipos de interés, más prima de riesgo de aquellos que habían cuidado menos sus masas forestales, que cuentan ahora con menos capacidad de apagar fuegos fiscales empobrecedores, y que tendrán que esforzarse al extraer fuentes y limpiar sus corrales después. La prima de riesgo será su centinela. Un cubo de agua de rebaja de IVA o céntimos de retorno a la gasolina no servirás, no apagarás ningún fuego; quizás incluso pone en evidencia la alarma de quien sabe que no ha hecho los deberes y actúa improvisadamente. La asimetría entre los que han sido creíbles en el pasado haciendo el trabajo dará o sacará un vale a su deuda soberana, y reemergerá la idea de la Europa de dos velocidades. Lo justificará, por un lado, la diferencia norte-sur, de los PIGs y halcones, etc. Ya no basta que comparezca Lagarde, como lo hizo en su momento Draghi, para decir que haría lo que hiciera falta para salvar el espacio común. Ahora el primer ministro italiano se da cuenta de que cuando más le conviene a su país, menos funciona la proclama. Duró dos telediarios y el BCE tuvo que reunirse de manera extraordinaria. Ahora estamos todos en ‘standby’, mirando cada día el mapa de fuegos y atentos al Meteosat, por los vientos económicos que soplan. Tanto da, por otro lado, Europa se mutualiza hoy más por el común denominador de la preservación de los valores democráticos que por la unión fiscal que tendría que consolidar el euro.

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Especialmente, con las nuevas ampliaciones a las puertas de más países, donde ya se ve que la Europa social nunca podrá existir habida cuenta de su creciente heterogeneidad. Tendremos, por lo tanto, una 'champions league' de primera y una de segunda división, estimulada para incentivar a cumplidores, con apoyo de la liga europea profesional de los políticos europeos tecnócratas, desde un particular G4 o G5. Y nosotros, desde el Estado español mejor que no nos quejemos, porque es probablemente gracias a nuestra pertenencia a Europa que todavía respiramos, y aunque incómodos, en nuestra acogida nos salvamos finalmente de las llamas.