Artículo de Cristina Manzano Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Apuntes para un mundo turbulento

La OTAN recupera la retórica de la rivalidad entre grandes potencias, de la necesidad de defender un orden global basado en reglas, de contar con capacidad nuclear como parte de sus estrategias de disuasión

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Apuntes para un mundo turbulento

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Todavía con los ecos frescos de la cumbre de la OTAN, toca hacer balance. Este es un resumen en cuatro puntos de lo que deja tras de sí la reunión del club atlántico.

Las decisiones

Cuatro son los aspectos más significativos para la seguridad occidental: la vía libre a la entrada de Suecia y Finlandia, previo tira y afloja con Turquía; la decisión de aumentar hasta 300.000 efectivos (más de siete veces) la fuerza de reacción rápida; el anuncio estadounidense de establecer una base permanente en Polonia y de seguir incrementando su presencia en el Este de Europa; y la publicación de un Nuevo Concepto Estratégico, el propósito original de la Cumbre, que ha visto alterada su elaboración por la guerra en Ucrania.

Entre los aspectos más destacados del documento, la identificación de Rusia como principal amenaza a nuestra seguridad -presente y real, no retórica-, la definición de China como desafío sistémico, la inclusión de menciones específicas al Flanco Sur, los cambios semánticos que permiten pensar que Ceuta y Melilla estarían cubiertas en caso de ataque, y la presencia de otras amenazas como el terrorismo, los ciberataques, la guerra híbrida o el cambio climático, entre otros.

Las mujeres

La OTAN se compromete, además, a impulsar la agenda de Mujer, Paz y Seguridad de manera transversal en todas sus actividades, como recoge el Nuevo Concepto Estratégico en varios apartados, empezando por su prefacio. Asegurar una perspectiva de género y aumentar la presencia de mujeres, tanto en la estructura civil como militar de la organización, es un objetivo desde hace años. Que esté en el documento es una buena noticia, pues corría el riesgo de quedar arrinconada en un entorno que parece haber recuperado la testosterona como signo de poder. 

Un objetivo muy lejos aún de ser alcanzado a tenor de la propia imagen del liderazgo en la Cumbre -solo cuatro mujeres entre los mandatarios-. En el conjunto de los ejércitos de la Alianza, apenas superan el 10%. A la brecha entre aspiraciones y realidad se suma la anacrónica agenda paralela para los acompañantes de los líderes políticos, llena de actividades culturales. ¿De verdad es necesario que las parejas se sumen a estas citas? El contraste, en esta ocasión, ha sido mayor si cabe: mientras los hombres hablaban de guerra, las mujeres (y un par de hombres) se recreaban con el arte y con la música.

La organización y la imagen

Como cabía esperar, la Cumbre ha sido un éxito para España desde el punto de vista organizativo. Seguridad, transporte, espacios, prensa… Las piezas claves de este tipo de acontecimientos han funcionado con fluidez, rigor y profesionalidad. Nuestro país tiene una larga e interesante experiencia y ha demostrado con creces ser un lugar fiable, seguro y acogedor como sede de eventos internacionales de alto nivel. Quienes más lo han sufrido, claro, los habitantes de Madrid, que han visto alterada su movilidad. Pero han sido solo unos días.

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Al programa 'oficial' se han sumado la pompa de la cena en el Palacio Real y la magia de la visita al Museo del Prado. Las imágenes de los mandatarios deambulando frente a las obras maestras de nuestra principal pinacoteca valen más que cualquier campaña global. 

Decía el presidente del Gobierno en una entrevista que el momento más emocionante para él durante esta cumbre ha sido escuchar a la Orquesta Sinfónica de Kiev en el Museo. Una poderosa escena en solidaridad con Ucrania, que sirvió además para recordar la fragilidad del momento.

El mundo que viene

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Porque más allá de la satisfacción por los logros obtenidos, por el trabajo bien hecho y por la unidad reforzada de los socios, el mundo que contempla la Alianza Atlántica es un mundo más que turbulento, empezando, claro, por la propia guerra en Ucrania. El presidente Zelenski y el jefe de su oficina, Andrey Yermak, por videoconferencia, y el alcalde de Kíev, Vitali Klitshko, en persona, han participado en la Cumbre para seguir pidiendo armamento defensivo y el apoyo de Occidente para ganar una lucha que sufren ellos, pero que es de todos.

La OTAN recupera la retórica de la rivalidad entre grandes potencias, de la necesidad de defender un orden global basado en reglas, de contar con capacidad nuclear como parte de sus estrategias de disuasión. Un mundo en el que crece el presupuesto militar al tiempo que acucian cuestiones como la creciente inflación, la desigualdad o los tremendos efectos del cambio climático. Un mundo, en suma, más peligroso.