Análisis

Esas crónicas que nunca llegan a publicarse

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Iniesta celebra su gol ante el Chelsea en Stamford Bridge.

Iniesta celebra su gol ante el Chelsea en Stamford Bridge. / AFP / LLUÍS GENE

Anda estos días el madridismo mediático alborotado por unas declaraciones que el director ejecutivo del Manchester City, Ferran Soriano, ha hecho a un pódcast islandés de temática futbolera (ya ven que, cuando se trata de buscar alimento para la indignación, ningún lugar es hoy demasiado remoto). Lo que ha encendido a la parroquia blanca es que Soriano asegurara que el Real Madrid ha tenido a la suerte de su lado en los momentos decisivos de la última Liga de Campeones, una afirmación que, para un observador neutral, admite poca controversia (aunque quien la haga sea el autor de un libro titulado ‘La pelota no entra por azar’).

Lo que ocurre es que en el fútbol es siempre el resultado final el que determina el relato. Probablemente, algunos de esos periodistas que ahora se tiran a la yugular del ejecutivo del Manchester City por decir que perder en el Bernabéu fue una cuestión de mala suerte llegaron a redactar ese día un esbozo de crónica en el que glosaban la superioridad futbolística del equipo mancuniano y admitían que el Madrid había sido eliminado con justicia. Los goles de Rodrygo en los minutos 90 y 91 cambiaron no solo el desenlace del partido sino también el sentido de todo lo que había sucedido antes.

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Ese momento de pandemónium en el que un lance de última hora obliga al cronista deportivo a echar tierra a toda prisa sobre sus impresiones previas y a trocar el descalabro en proeza (o viceversa) aparece retratado con brillantez en un pasaje de la primera novela del periodista Francisco Cabezas, ‘Perder’ (Panenka), cuyo protagonista se ve en el trance de reescribir en cinco minutos la crónica del Chelsea-Barça el día del ‘iniestazo’: “Cambié como pude el primer párrafo. Le puse algo de épica romántica, emocionante cuando la escribes, ridícula cuando la lees. Saqué todos los adjetivos que pudieran denotar mala leche o desprecio. Advertí al lector, como no podía ser de otra manera, sobre la llegada de una nueva era para el barcelonismo…”.

Con todas esas crónicas desechadas en el último minuto por culpa de un gol que ya nadie esperaba podría escribirse algún día una historia alternativa del fútbol. Quién sabe si no estaría más cerca de la verdad.

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