Artículo de Sergi Sol Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

O Maragall o Collboni, con el permiso de Colau

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Ada Colau y Jaume Collboni, en la presentación del primer acuerdo sobre salud mental en el trabajo de Barcelona.

Ada Colau y Jaume Collboni, en la presentación del primer acuerdo sobre salud mental en el trabajo de Barcelona. / ALVARO MONGE

Los sondeos se lo están poniendo difícil a Colau. La fuga de votos hacia el PSC y, en menor medida, a ERC, amenazan con dejarla sin tercer mandato.

Una holgada mayoría de barceloneses quiere un cambio en la alcaldía. Incluso más de un 40% de los que afirman haberla votado. Son cifras alarmantes para Barcelona en Comú, que ya logró retener la alcaldía gracias a unos votos (los de Manuel Valls) que eran deleznables según confesión de la mismísima Colau. Pudo más el ansia de retener el poder que cualquier prinicipio ideológico expresado previamente. Lo que dio al traste con las aspiraciones del vencedor de la contienda (Ernest Maragall), que se veía alcalde tras el recuento electoral. Le duró poco la alegría. Con 10 concejales de 41, cantar el alirón era una temeridad.Maragall sigue siendo con mucho el candidato mejor valorado aunque el PSC con Collboni a la cabeza (Iceta niega que vaya a optar a la alcaldía) está en la 'pole position'.

Pero, a lo sumo, Collboni y Maragall podrían obtener 12 concejales respectivamente de 41. Ganar tiene un plus puesto que si no hay una mayoría alternativa, se impone el candidato con más votos. Aunque, como ya se vio en 2019, la investidura la carga el diablo. Cualquier alianza por extraña que a priori pueda parecer puede acontecer ante victorias tan frágiles y derrotas tan tenues.

Y es que Ada Colau va a ser imprescindible, por acción o por omisión, por lo menos para determinar la alcaldía. Maragall y Collboni es el único acuerdo que hoy por hoy puede descartarse. Son los antagonistas. Como ya se vio en 2019, el PSC tiene más novias mientras que las de Maragall escasean. Y sigue sin tener con quien bailar.

Tampoco con las gentes de Junts. Ni por asomo. Es un secreto a voces que la entente municipal de Junts con el PSC no solo no va a recular sino que se va a multiplicar y fortalecer. Eso transmitía Jordi Sànchez hasta que cayó en desgracia. Lo mismo susurra hoy Jordi Turull a cualquiera que desee escucharle. Ocurre que, si los pronósticos se cumplen, los concejales de Junts van a ser irrelevantes.

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Por eso toda ecuación requiere sí o sí Barcelona en Comú. No hay mayorías posibles sin ellos, dando por hecho que tampoco van a ser determinantes los votos de Vox y el PP. Tampoco los de la CUP, si es que recuperan la representación municipal.

Si Maragall quiere ser alcalde deberá contar con Ada Colau. Otro tanto Collboni. La alcaldesa lo tiene más crudo que en 2019 para repetir, por el hastío y por su tendencia a la baja. Lo que no quita que nadie va a quitarle la silla sin su participación. La alcaldía de Barcelona, aunque ella no fuera alcaldesa, la va a decidir -en última instancia- el imprevisible uso que Ada Colau haga de sus concejales, que no de sus principios.