Artículo de Joaquim Coll Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La estupidez antinuclear

Lo inteligente sería revisar los viejos postulados contra la energía nuclear como han hecho los verdes finlandeses si nos tomamos en serio la lucha contra el cambio climático y deseamos poder encender la luz a un precio razonable

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La estupidez antinuclear

El economista Carlo Maria Cipolla nos dejó un clásico de la literatura satírica titulado 'Las leyes fundamentales de la estupidez humana', de relectura obligatoria en estos tiempos de tanta incertidumbre. Desarrolla cinco principios, pero voy a centrarme solo en el segundo, que dice: “la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica”. Es decir, la estupidez está igualmente repartida entre países, sean ricos o pobres, y entre clases sociales, al margen de estudios, posición socioeconómica, actividad profesional, o ideología política. Pondré un ejemplo, una persona puede ser de un país rico, como Alemania, haber cursado carrera universitaria, disfrutar de un buen trabajo, decirse ecologista y de izquierdas, y ser profundamente estúpida si se acaba resignando acríticamente a la reapertura de centrales de carbón para suplir la falta de gas y su brutal encarecimiento. Lo inteligente sería revisar los viejos postulados contra la energía nuclear como han hecho recientemente los verdes finlandeses si nos tomamos en serio la lucha contra el cambio climático al tiempo que deseamos poder encender la luz a un precio razonable. 

Porque, digámoslo claro, lo que ha hecho Alemania es profundamente estúpido. Bajo el mandato de Ángela Merkel decidió prescindir de una energía limpia en emisiones, muy eficiente y segura como la nuclear, para pasar a depender del suministro del gas proveniente de Rusia. Hay una célebre escena de 2010, que encontrarán en redes sociales, protagonizada por Vladímir Putin en que este ya se reía en público de la estupidez germana. Concluía su comentario irónico, advirtiendo a los alemanes de que acabarían quemando leña, pero que tendrían ir a buscarla a Siberia. La viejuna cultura antinuclear los ha llevado a cerrar las nucleares, primero a cambio de quemar gas y ahora a tener que abrir centrales de carbón. ¡Qué locura! Más vale que en España el Gobierno de izquierdas cancele ya el plan de cierre de las nucleares que nos proporcionan más del 20% de la energía si no queremos engrosar la lista de países estúpidos.

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