Asalto al Capitolio

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El expresidente de EEUU Donald Trump, durante un acto en Memphis este sábado.

El expresidente de EEUU Donald Trump, durante un acto en Memphis este sábado. / KAREN PULFER FOCHT (REUTERS)

Estados Unidos está metido en un serial cuya sede es el Capitolio y su protagonista, Donald Trump. Se trata de saber si fue él quien impulsó el asalto al Congreso el 6 de enero de 2021, para secuestrar el Estado y mantenerse en la Casa Blanca. Algo va mal, porque, aunque el veredicto le revela como responsable del golpe, a expensas de que pueda acabar en una investigación criminal futura, el efecto le ha devuelto a la escena, donde mejor se maneja. Sin importar que su propio vicepresidente haya declarado presiones para frenar de manera ilegal el resultado, Trump ha vuelto para negar todo, y su regreso coincide con unas elecciones a mitad de mandato el próximo otoño, que pueden convertir el Capitolio en un nuevo infierno.

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El efecto Trump no solo apunta a una crisis democrática en EEUU, se traslada a medio mundo, validando candidatos tan histriónicos como él. La onda expansiva contagia a la velocidad de un virus, con síntomas que van desde la negación a la mentira para alcanzar el poder. Aunque la versión pueda tener ligeras mutaciones, de la ultraderecha europea a los populismos latinoamericanos la estrategia es idéntica, polarizando a la sociedad, destruyendo el centro político para navegar exclusivamente en los extremos, con argumentos que circulan por los algoritmos del caos inundando el debate de contenidos basura sin evidencia ni contraste.

Colombia y Francia

El rendimiento es tan espectacular como sorprendente. En Colombia, con la aparición de Rodolfo Hernández, un calco en el fondo y en las formas del líder americano, las elecciones de este domingo han consolidado la división del país en dos mitades. Y en Francia, también este domingo pueden dar grupo en la asamblea, por fin, a los ultranacionalistas de Le Pen, mientras Macron tendrá que lidiar la legislatura con un movimiento que se reivindica de izquierdas, pero es profundamente nacionalista y antieuropeo. Con las dificultades económicas que auguran un ciclo de enormes restricciones, la tendencia va a más. Sin duda, algo va mal.