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Britney Spears, Rocío Carrasco y los familiares tóxicos

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Britney Spears, Rocío Carrasco y los familiares tóxicos

La semana pasada se casó Britney Spears. Solo 60 personas fueron invitadas a la boda del año en Estados Unidos, realizada en la más estricta intimidad y preparada en el mayor de los secretos. Entre esas 60 personas no estaban ni los padres, ni la hermana ni los hijos de Britney. Ni un solo familiar.

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También la semana pasada vimos una entrevista en la que Rocío Carrasco explicaba por qué había dejado de hablar con gran parte de los miembros de su familia, entre ellos sus tíos, sus hermanos y su padrastro. Rocío Carrasco dejaba claro que era ella la que había decidido cortar el vínculo y alejarse de sus familiares.

Ponerle límite a los familiares tóxicos no es tarea fácil. De hecho, mucha gente no lo consigue nunca. Todos conocemos a hombres y mujeres que no aguantan a su madre, a sus hermanos, a sus cuñados o a cualquier otro miembro de la familia, y aun así les ven cada fin de semana en celebraciones familiares. Pero existe una gran diferencia entre llevarse mal, y ser una víctima. Cuando uno ha sufrido abuso sexual o maltrato físico por parte de un familiar, es fácil explicar a los demás por qué se ha decidido cortar ese vínculo. Pero ¿qué se hace cuando el maltrato es psicológico?

Jon, por ejemplo, es hijo de Amaia, una madre tremendamente tóxica y manipuladora. En cada reunión familiar, Amaia arremetía contra Nekane, la mujer de Jon. Criticaba su forma de vestir, de cocinar, de educar a su hija… Y si Nekane se quejaba, entonces acusaba a Nekane de ser demasiado susceptible y de molestarse por todo. Jon nunca defendía a su mujer. Por último, en unas Navidades, se armó la gran bronca entre Nekane y su suegra. Cuando regresaron a casa, Jon le dijo a Nekane: “Pero ¿por qué has entrado en su bronca? ¡Te podías haber callado!”. Y aquella fue la gota que colmó el vaso.

Nekane le pidió el divorcio. Jon y Nekane ya no están juntos. La hija de ambos, Nerea, no aguanta a la abuela, y no asiste a ninguna reunión familiar a la que la abuela acuda. Jon sabe que su hija tiene razón, y que su ex mujer también la tuvo, pero se ve incapaz de cortar el vínculo con su madre.

Para colmo, ahora que Amaia está envejeciendo, reclama continuamente la presencia de Jon y Jon siente que le roba tiempo y energía. Jon acaba de iniciar una nueva relación y ha decidido no presentarle la nueva novia a su madre.

¿Cómo cortar un vínculo familiar tóxico?

Si bien el proceso de cortar un vínculo con un familiar o grupo de familiares puede parecer abrumador o incluso aterrador, existen formas saludables de hacerlo. Pero hacer ghosting (o sea, desaparecer sin dar explicación) no es una de esas formas.

En general, las personas que quieren cortar una relación tóxica con un familiar no suelen dar explicaciones. Van distanciando los encuentros sin más, o se van a vivir a otro país, y/o aprenden a mantener conversaciones telefónicas muy frías, en las que se tratan temas impersonales y en las que el tiempo está casi decidido de antemano. El contacto emocional se puede reducir alejándose de la familia y rara vez regresando a casa, o se puede reducir manteniendo el contacto físico con la familia, pero evitando los temas delicados. El caso es que relaciones pueden parecer "mejores" si las personas se abstienen de manejarlas, pero los problemas están latentes, no resueltos.

En los casos en los que el miembro de la familia se va a otra ciudad o a otro país con la esperanza de que poniendo tierra de por medio los problemas se suavicen, se suele volver a casa por Navidad o por vacaciones con la esperanza de que las cosas sean diferentes, pero las viejas interacciones suelen surgir en cuestión de horas. A veces existe una aparente armonía superficial con poderosas corrientes emocionales ocultas y sutiles, en forma de bromas, sarcasmos o ironía. O a veces la cosa se deteriora hasta que acaba en broncas y gritos. Y todo el mundo se siente emocionalmente agotado incluso después de una breve visita.

Imaginemos una chica que se ha ido a estudiar fuera porque tenía muy mala relación con sus padres, y que vuelve a casa por Navidad, como el turrón. Los padres se ponen tan ansiosos y reactivos cuando ella está en casa que se sienten aliviados cuando se va. Los hermanos se enfurecen con ella y le culpan por molestar a sus padres. Todo el mundo acaba harto, ella, sobre todo. Pero todo el mundo sabe que el proceso se repetirá la siguiente Navidad. Nadie se sienta a debatir por qué se suceden así las cosas, y nadie propone alternativas o soluciones.

Pero ¿cuándo es el momento de romper los lazos?

Casi siempre que alguien decide cortar un vínculo lo hace porque el miembro tóxico de la familia no puede asumir la responsabilidad de su comportamiento, porque esa persona crítica y culpa a los demás cada vez que surge un conflicto. Por ejemplo, si una sola vez, una sola, Amaia le hubiera pedido perdón a Nekane y hubiera reconocido que había herido sus sentimientos, es muy probable que Jon y Nekane siguieran casados. Pero Amaia nunca lo hizo, y culpaba a Nekane de todo. O si los familiares de Rocío no hubieran vendido en platós que Rocío era una mala persona y una mala madre. O si el padre de Britney hubiera pedido perdón, y hubiera dejado de culpar de todo a su hija y llamarla enferma.

Esto se llama proyección: Cuando una persona proyecta en otra, como si fuera una pantalla de cine, sus propios problemas. En este caso, como Amaia no quiere reconocer que es hipercrítica, proyecta en Nekane, a la que acusa de hipersensible. Las personas tóxicas a menudo suelen darle la vuelta a la tortilla y se enfadan con la víctima para seguir manteniendo el poder y el control. También pueden aprovecharse del sentido de empatía de la víctima y ofrecer excusas para justificar su comportamiento sin hacer ningún esfuerzo por cambiar su actitud. Estilo: “Sí, ya sé que soy un poco criticona, pero qué le voy a hacer…. Es mi carácter y estoy ya muy vieja para cambiarlo”.

Decidir cortar con un familiar o un grupo de familiares nunca es fácil. Como he dicho, en casos de abuso y maltrato es dificilísimo, pero al menos la víctima tiene claro que hay una razón importante. En otros casos, es mucho más complicado tomar una decisión.

Por eso siempre ayuda contar con perspectiva externa: un terapeuta, un grupo de apoyo… No hace falta un psicólogo clínico (aunque si puede contar con uno, tanto mejor) porque no estamos hablando de que usted padezca un problema de salud mental. Lo que usted necesita es alguien neutro, que pueda ayudarle sin conocer a nadie de los implicados, y que le preste una escucha activa. Que le escuche a usted con plena conciencia, validando sus sentimientos, sin juzgar, ni descalificar, ni interrumpir, sin intentar imponerle a usted una decisión. La decisión final es de usted y solo de usted, pero probablemente necesita hablarlo con alguien para evaluar los posibles pros y contras.

Otra razón por la que es conveniente hablar con un profesional es porque en nuestra sociedad sigue muy presente la idea de que los lazos de sangre no pueden ni deben cortarse, de forma que si usted habla con un amigo se puede encontrar con tópicos del estilo “pero es que madre no hay más que una”, “pero es que la familia es el pilar de la sociedad” o “pero es tu hermano (a), así que intenta perdonar”. Tópicos muy bienintencionados, sí, pero muy destructivos.

Cómo dar la noticia

Hay muchas maneras de cortar el vínculo con un familiar, o grupo de familiares, dependiendo de por qué razón una persona sienta que ha llegado la hora de cortarlo. Ninguna de ellas es la correcta o la incorrecta. Lo que sí que es importante es decirlo.

No basta con dejar de devolver misteriosamente las llamadas, o aceptar un empleo en otro país. Hay que expresar claramente a este familiar que la relación no les está sirviendo bien a ninguno de los dos en este momento. También hay que dejar claro lo que tiene usted en mente: si cree que usted que necesita un tiempo para re-evaluar la relación, o si de verdad su paciencia tiene un límite y el límite ya se ha rebasado.

Pero es que de límites va la cosa. Lo mejor es poner un límite, antes de cortar el vínculo por completo. Por ejemplo: Nekane puso un límite. Antes de irse le había advertido a Jon de que, si no le defendía de los ataques gratuitos de su madre, le dejaría. Jon no lo hizo, Nekane se fue. Quizá Jon debería también aprender a poner límites. Decirle claramente a su madre que no quiere… Lo que sea que no quiera. Que no quiere que le haga críticas destructivas, que no quiere que le falte al respeto, que no quiere que le llame a partir de ciertas horas de la noche excepto en caso de urgencia… Lo que sea.

Una vez que haya transmitido sus intenciones de establecer un límite, si no se lo respetan, no se involucre más con comportamiento tóxico del agresor. No entre en broncas, no responda a lo que le diga. No le explique usted por qué está tan dolido, no le argumente que no, que no es usted híper susceptible, no le recuerde que ya le avisó hace tiempo de lo que podía pasar. No entre en discusiones circulares y tantas veces repetidas. Corte.

Ha llegado el momento en el que quizá se plantee usted estrategias destinadas a mantener la privacidad y la cordura. Opciones como bloquear un número, dejar de seguir o silenciar a alguien en las redes sociales y configurar filtros en su correo electrónico para que los mensajes no aparezcan en su bandeja de entrada.

Solo en casos extremos debería una persona decidir emprender acciones legales y solicitar una orden de protección. Pero sí, he visto a personas que lo han hecho. Una de mis amigas acaba de denunciar a su padre y ha solicitado una orden de alejamiento, tras que su padre la golpeara en una reunión familiar. No, no había sido la primera vez, ni la segunda, ni la tercera. Pero casi todas las personas tardan muchos, muchos, años en atreverse a tomar una decisión así. Porque escuchamos hablar a menudo de la violencia entre parejas, de la violencia de género, pero muy pocas veces de la violencia familiar, y muy pocas veces sabemos de alguien que haya tenido que pedir una orden de alejamiento contra su padre, su madre, su hermano, su hijo… Pero créame, esas personas existen. Solo que no hablan del problema porque se sienten profundamente avergonzadas, enfrentadas, repito, a tópicos sobre la importancia de preservar los vínculos familiares a hierro y fuego.

Existe una frase muy conocida en psicología que dice que solo hay una institución más peligrosa que la familia, y es el ejército en tiempos de guerra. La frase se atribuye a Foucault y es muy provocativa. Pero quiere decir que la gran mayoría de los maltratos familiares se ocultan. Por eso, si una familia es peligrosa, es muy peligrosa.

Si usted ha decido cortar el vínculo con un familiar o grupo de familiares no debe arrastrar a otros miembros de la familia o amigos a la situación u obligarlos a elegir un bando. Lo que sí puede hacer es explicarles que ha tomado la decisión de distanciarse y que apreciaría que no compartiesen aspectos de su vida con el miembro tóxico de la familia.

Pero no va a ser fácil

Prepárese porque no va a ser un camino de rosas. Puede usted esperar lo peor. Múltiples llamadas telefónicas, correos electrónicos o mensajes de texto. Algunas veces para decirle a usted que no era para tanto, que no hace falta tomarse las cosas tan a la tremenda. Otras, para pedir perdón. Normalmente, si es para pedir perdón, quien se lo pide es alguien que ya le ha pedido a usted perdón infinidad de veces, y luego se ha vuelto a saltarse los límites. Tiene usted que anticiparse a este comportamiento y mantenerse fuerte. No responda, usted ya ha tomado una decisión. No vuelva a involucrase en juegos de poder absurdos.

Usted va a sentir alivio, por supuesto. Pero también culpa, mucha culpa. No debería usted sentirla, pero usted es humano y vive en una sociedad que constantemente le recuerda que el peor crimen que puede cometer un hermano o hijo es abandonar a su familia.

Surgirán sentimientos de tristeza y de dolor. Puede haber un verdadero proceso de duelo cuando se corta el vínculo con un familiar o grupo de familiares tóxicos. Reconocer este proceso lleva tiempo. Porque un corte así implica renunciar a una fantasía y asumir que su familia nunca será el tipo de familia ideal con el que usted había soñado, la que sale en las series de televisión. Es probable que experimente usted arrepentimiento, y seguro que le reconcomerán las dudas sobre su decisión.

Darnos cuenta de que no podemos cambiar el comportamiento de los demás puede llegar a ser muy duro, porque significa asumir que para ciertas cosas en la vida somos impotentes, que no es cierto que todo se consiga en la vida si lo deseamos con suficiente fuerza y que no es cierto que el amor todo lo pueda.

Y es que normalmente uno ama a sus familiares, por muy tóxicos que sean. Jon ama a su madre, y Nekane aún ama a Jon. Pero Nekane se ama aún más a sí misma. Pero, repito, el amor no lo puede todo. Y nunca debe consentirlo todo.

Cuidado con repetir patrones Si usted no analiza lo que ha sucedido, los mismos patrones de comunicación podrían surgir en otras áreas y relaciones en su vida.

Cuando se reducen las tensiones de las interacciones familiares cortando el vínculo con la familia original se corre el riesgo de hacer que sus nuevas relaciones sean demasiado importantes. Por ejemplo, cuanto más se separa un hombre o una mujer de su familia de origen, más apoyo busca en su cónyuge, hijos y amigos para satisfacer sus necesidades emocionales. Así que puede exigir demasiado de ellos, volverse muy controlador (a) o, al contrario, volverse muy sumiso(a) por el miedo a quedarse completamente solo(a) en el mundo.

Las nuevas relaciones suelen ser fluidas al principio, pero los patrones de los que las personas han tratado de escapar eventualmente emergen de nuevo y generan tensiones. Las personas aisladas pueden tratar de estabilizar sus relaciones íntimas creando familias sustitutas en las relaciones sociales y laborales. Pongamos un ejemplo: si Jon finalmente deja de ver a su madre, es más que probable que repita el patrón con su nueva pareja, y nunca le lleve la contraria.

Contamos con otros ejemplos más mediáticos: Nos basta ver el perfil de Instagram de Britney para ver que ha perdido un padre, y ha buscado un marido que asume un rol paternal. No solo es que él es tan alto y tan grande que a su lado Britney parece una niña pequeña, sino que en todas las fotos él actúa como un padre: cocina para ella, le enseña a hacer ejercicio, le rodea constantemente con el brazo, y en los vídeos de viajes actúa más como su guardaespaldas protector que como su compañero. Tampoco es raro que Rocío Carrasco se haya hecho con un marido extremadamente protector, que le acompaña a todas partes.

Todo el mundo, todos nosotros, tenemos algún grado de problemas no resueltos con respecto a algún miembro de nuestra familia de origen. Pero la mayoría bregamos con esos problemas de manera más o menos funcional. Cuando una persona dice “basta, no puedo más” normalmente es porque de verdad no puede más, porque lleva años aguantando. Pero, sin un espacio seguro, como la terapia, para explorar e identificar estas dinámicas y sentimientos, uno puede, sin saberlo, repetir estas dinámicas familiares en otras relaciones.

Si no puede cortar por completo la relación…

A veces es simplemente imposible. El caso más dramático del que yo tengo constancia me lo contó Joana, una de las asistentes a un curso de escritura expresiva. Su hermano le pegaba cuando era una niña. Su familia no le daba más importancia, decía que eran cosas de niños, y no podían entender por qué ella estaba tan enfadada. Su madre tenía cáncer, no se sabía cuánto tiempo le quedaba. Cuando iba a visitar a su madre, Joana siempre acababa encontrándose con su hermano. Si bien no siempre es posible eliminar a alguien de la vida de uno, sí que puede uno crear límites emocionales. Joana saludaba a su hermano, y era superficialmente amable, pero hacía mucha meditación. En las sesiones de meditación ella visualizaba su vida emocional interna como un castillo rodeado de un foso. Cuando veía a su hermano pensaba en su castillo, e imaginaba a su hermano fuera de él. Eso le ayudaba a mantener la calma y la tranquilidad. Su hermano intentaba provocarla, y criticaba su ropa, su peinado o su peso. Ella nunca le respondía.

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Como norma general, si usted tiene que mantener una relación superficial con un miembro tóxico de su familia, intente no comunicar con él o ella cuando se sienta enfadado, o triste, o experimente cualquier otra emoción intensa. Definitivamente nunca se comunique bajo la influencia del alcohol o las drogas. Por eso, si tiene que coincidir con él o ella en una celebración familiar, no beba. Si se lo encuentra en el hospital visitando a un familiar, como es el caso de Joana, sea superficialmente amable y no responda a ninguna provocación. Tampoco publique actualizaciones vagas de estado en las redes sociales que aludan a problemas con ciertos miembros de la familia. Comente sus problemas con sus personas de confianza, pero no en redes. No olvide que el familiar tóxico le lee.

En conclusión

Recuerde usted esa famosa frase de inicio de Ana Karenina de León Tolstói: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». No puede usted elegir a su familia, pero sí puede usted elegir como puede vivir su vida. Piense además que la oveja negra abre el camino para que otros miembros de la familia le sigan cuando finalmente ven al lobo. Y sí, sé que puede usted sentirse muy, muy culpable por dejar atrás a su familia, pero nunca se arrepentirá de haber seguido hacia adelante.