Artículo de Sergi Sol Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Antes hollaremos la Luna que arreglaremos la AP-7

El independentismo ha cometido el fatal error de ir progresivamente sustituyendo la reivindicación de mejores infraestructuras, entre muchas otras, por exhibiciones de banderas

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Antes hollaremos la Luna que arreglaremos la AP-7

ACN

El hombre pisó la Luna cuando las computadoras eran un juguete. Hoy, 53 años más tarde, hombre o mujer alguna se ha paseado por el fondo del océano. Se suele decir que las profundidades abisales de nuestro mundo nos son menos conocidas, a no más de 11 kilómetros de distancia, que esa Luna a 384.400.

De la Luna, los catalanes seguimos lejos. Y de Ítaca. Aunque, ufanosos, lanzamos nanosatélites al espacio. Según el vicepresidente Puigneró, responsable de Política Territorial, estábamos a un paso de la Agencia Aeroespacial Catalana y de generar decenas de miles de puestos de trabajo. Y está de lujo no perder el tren de la modernidad y participar en la colonización del espacio. Ocurre que tan grandilocuentes fueron en su día los fastos con que nos vendieron poner satélites en órbita que parecía que era cuestión de días que la bandera de las cuatro barras ondeara en la mismísima Luna.

Y al paso que vamos igual antes hollamos el satélite terrestre que arreglamos el desaguisado de la AP-7.

Sería terriblemente injusto decir que el colapso de la AP-7 es responsabilidad de Puigneró o de la Generalitat. El principal responsable es un Gobierno español que ha hecho lo indecible por no hacer nada, durante décadas. Ni Corredor Mediterráneo, ni nada de nada. Lo de Rodalies ya ni te cuento. Los trenes dan pena, estamos peor que hace 30 años. Un sinsentido que solo se explica por una mentalidad jacobina, contraria a toda lógica económica y de mercado. Y eso que por la AP-7 circulan el grueso de las exportaciones, las mismas que salvaron a España de la quiebra, tras la crisis de 2008. Pero ni por esas.

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La primera gran manifestación soberanista tuvo su razón de ser en el mal funcionamiento de las infraestructuras, de Rodalies concretamente. Fue un 1 de diciembre de 2007. Luego, el independentismo ha cometido el fatal error de ir progresivamente sustituyendo la reivindicación de mejores infraestructuras, entre muchas otras, por exhibiciones de banderas. O por apelaciones a la dignidad, como esa ocurrencia de todo un vicepresidente de declarar qué compatriota es o no ‘digno de Catalunya’.

Pues claro que Puigneró no es el responsable del caos en la AP-7, ni de la falta endémica de inversión en infraestructuras en Catalunya, imputable tanto a gobiernos de izquierdas como de derechas. A Felipe nadie le ha ganado a jacobino. 

Pero hay otras maneras de proyectar tu voluntad y de actuar. Hay estilos y estilos. Ahí está, por ejemplo, el 'conseller' Elena, tomando el mando en Interior y asumiendo decisiones pese a que le caigan chaparrones. O el hábil quehacer de Giró, cuando Puigneró planta a la vicepresidenta y el 'conseller' de Economia aprovecha para abordarla por el conflicto de Celsa. O el 'conseller' de Empresa, Torrent, dando a conocer inversiones empresariales que desmienten la interesada cantinela de que Catalunya está hundida por culpa del ‘procés’ que, dicho de paso, es el argumento falaz de los mismos que llevan décadas haciendo oídos sordos a la clamorosa falta de inversión y al incumplimiento de lo presupuestado.

¿Nanosatélites catalanes al espacio? ¡Pues claro! Pero, por el amor de Dios, con humildad, sin exageraciones mayestáticas, porque luego nos encontramos con algo tan imprescindible para la economía catalana (¡y para la española, besugos!) como esa AP-7 o ese Rodalies trasnochado -que además acumula retrasos cada día- que nos tienen hartos. O fritos. Nunca mejor dicho, ante esta ola de calor que te achicharra en el coche mientras consumes gasolina en una de esas colas kilómetricas que ya han tomado carta de naturaleza en la AP-7.

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Luego Colau nos pide que vayamos en transporte público. ¡Cómo se nota que no lo usa, alcaldesa!.

Hay que volver con urgencia a retomar un soberanismo transversal y constructivo, que tenga como beneficiaria a Catalunya, a toda ella, y no a ese patriotismo que agita banderas con aspavientos (las que sean) y se olvida de las personas y sus necesidades. El soberanismo, por el bien de una Catalunya soberana y de su progreso, debe retomar el patriotismo social que lo empapaba y dejar de cavar trincheras. Eso o va a seguir en un bucle que lo va a llevar por el camino de la estridencia y la pérdida de la centralidad.

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