La campaña militar (43) | Artículo de Jesús A. Núñez Villaverde Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Ucrania pide armas y más armas

Se necesita tiempo para que todo ese material pueda llegar a territorio ucraniano y se precisa aún más instruir a sus operadores y para que pueda ser realmente operativo

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Artilleros ucranianos se preparan para disparar un lanzacohetes múltiple BM-21 Grad cerca de Izyum, al sur de Kharkiv, el 11 de junio de 2022 en medio de la invasión rusa de Ucrania.

Artilleros ucranianos se preparan para disparar un lanzacohetes múltiple BM-21 Grad cerca de Izyum, al sur de Kharkiv, el 11 de junio de 2022 en medio de la invasión rusa de Ucrania. / Anatolii STEPANOV / AFP

No ha pasado un solo día desde el inicio de la invasión rusa sin que Volodímir Zelenski no haya reiterado el mismo mensaje a quien quiera oírlo: necesitamos más y mejores armas. Un mensaje que ahora adquiere un tono de urgencia agónica, ante la constatación de que la confrontación va derivando hacia una guerra de desgaste en la que, en principio, tiene ventaja el bando que cuenta con más recursos humanos, presupuestarios y materiales para soportar el esfuerzo a realizar.

Ucrania está en desventaja tanto por su menor volumen de población como por su limitada capacidad económica, militar e industrial, en la diana de Moscú. En términos comparativos, y por muchas que sean sus carencias como efecto de las sanciones que pesan sobre ella, Rusia cuenta con una potente industria de defensa capaz de suministrar a sus tropas el equipo, material y armamento necesario para prolongar el conflicto mucho más allá de lo que Kiev puede soportar. Hace tiempo que ha quedado claro que la única manera realista de compensar ese considerable desequilibrio y de generarle dudas a Moscú sobre su ansiada victoria consiste en armar a las fuerzas ucranianas con más y mejor armamento, sobre todo a lo largo de los algo más de mil kilómetros del frente oriental.

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Y así, mientras unos siguen filosofando sobre la conveniencia o no de suministrar armas a Ucrania y otros debatiendo si hay que entregarle todo lo que solicite o si hay que poner algún límite para evitar que caigan en manos indeseables o provoquen una escalada rusa de consecuencias impredecibles, Kiev ha vuelto a concretar su listado de peticiones. Una lista que parece reflejar la aceptación por parte de KIev de que hay límites, como el de desplegar soldados de algún país de la OTAN o el establecimiento de una zona de exclusión aérea, que en ningún caso van a ser traspasados. Sorprende que hayan desaparecido tanto las peticiones de helicópteros y aviones de combate como de defensa antiaérea, tal vez como señal de que aunque Ucrania no ha logrado dominar su propio espacio aéreo ha conseguido que tampoco Rusia pueda moverse a sus anchas por él. En definitiva, la demanda ucraniana se concreta en 1.000 cañones y obuses -preferentemente autopropulsados-, unos 200-300 lanzacohetes múltiples, unos 500 carros de combate y otros 2.000 vehículos blindados, así como un millar de drones de diferentes tipos.

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A la espera de comprobar hasta dónde llega la voluntad política de los gobiernos que han recibido esas peticiones, contando con que aumentan los que se inclinan por contemporizar con Rusia para evitar una escalada total, son varias las incógnitas por resolver antes de dar por hecho que con esas armas en sus manos Ucrania tendría la victoria a su alcance. En primer lugar, se necesita tiempo para que todo ese material pueda llegar a territorio ucraniano y se precisa aún más instruir a sus operadores y para que pueda ser realmente operativo- sobre todo, si es material nuevo-; dando por hecho que Rusia no va a facilitar ni su llegada ni que se acorten esos plazos. Su diversidad de orígenes planteará no pocos problemas de mantenimiento y reparación y supondrá una considerable carga logística por la necesidad de contar con trenes de municionamiento para calibres muy distintos. Y lo mismo cabe decir cuando se piensa en su reposición, por destrucción o avería irreparable. Todo ello sin olvidar que, al ritmo actual, se corre el riesgo de un desabastecimiento en los arsenales de los propios suministradores. Nadie dijo que sería fácil.