Artículo de Jorge Dezcallar Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Lo de Argelia era previsible

Lo que ha pasado ahora con los argelinos era esperable porque el Gobierno ha mostrado debilidad al abandonar principios y ceder a la presión de Marruecos y eso es una receta infalible para garantizarse problemas

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Lo de Argelia era previsible

Si a alguien aún le extraña la reacción de Argelia por el giro de Pedro Sánchez en la política española sobre el Sáhara, se lo tiene que hacer mirar. Argel retiró a su embajador en Madrid para dejar claro su desagrado cuando el Palacio Real marroquí informó de una carta del presidente del Gobierno español en la que consideraba la propuesta de autonomía para el Sáhara como “la más seria, creíble y realista” para resolver un problema enquistado desde hace 47 años, cuando la Marcha Verde nos obligó a salir de allí en plena agonía del general Franco. 

Luego Argel ha seguido con cierta esperanza la soledad presidencial ante un Congreso que no había sido informado y que se mostró desde el primer momento unánimemente en desacuerdo con este cambio de política, hasta que la comparecencia de Pedro Sánchez el pasado miércoles le hizo comprender que, aunque más solo que la una, el presidente no iba a dar marcha atrás. Y entonces denunció el Tratado bilateral de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con España, que se firmó en 2002 después de nuestra crisis con Marruecos por el islote de Perejil, y que es un texto muy genérico con provisiones políticas, comerciales, de seguridad y de cooperación en diversos ámbitos, cuya importancia real radica en la voluntad política que lo sustenta y que ahora para Argelia ha dejado de existir. Y también tomó en principio la decisión de congelar las domiciliaciones y las operaciones de comercio exterior de productos y servicios con España, lo que perjudicaría mucho a nuestros exportadores y al comercio bilateral que en el primer trimestre de este año ha arrojado una exportación de 473 millones de euros e importaciones por valor de 1.790 (casi todo combustibles). Pero, como esta decisión contraviene el Acuerdo de Asociación de 2005 entre Argelia y la Unión Europea y España podría impugnarla, Argelia ha tenido que dar marcha atrás, lo que me temo que solo aumentará su malhumor y le llevará a buscar otras formas de hacernos cosquillas. Las exportaciones de gas no se ven por ahora afectadas y eso es un alivio cuando la guerra de Ucrania ha provocado un aumento estratosférico en los precios que pagamos por la energía... aunque si el ambiente se sigue deteriorando yo no pondría la mano en el fuego. Se cumplirán los contratos en vigor pero, a partir de ahí, me temo que nos tratarán muy mal (precios, cantidades, preferencia, etc). De momento, Argel ya no acepta la repatriación de inmigrantes irregulares desde puertos españoles y no sería de extrañar la arribada de más pateras argelinas a nuestras costas, como ya sucede en Baleares.

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Los argelinos están muy, muy enfadados ante lo que califican de “giro injustificable” y de “traición” de España al apoyar la autonomía propuesta por Marruecos, que califican de “ilegal e ilegítima” porque la fórmula que defienden las Naciones Unidas es la de un referéndum de autodeterminación o, en su defecto, un acuerdo entre las partes. Sería deseable que los saharauis aceptaran la idea marroquí de la autonomía por puro realismo, porque la alternativa es una anexión marroquí del Sáhara al estilo de la de Crimea por Rusia, pero mientras no lo hagan esa fórmula carece de cobertura desde el punto de vista de la legalidad internacional. 

Lo que ha pasado ahora con Argelia era esperable porque el Gobierno ha mostrado debilidad al abandonar principios y ceder a la presión de Marruecos y eso es una receta infalible para garantizarse problemas. Con unos y con otros. Le hemos enseñado el camino y Argelia debe pensar que si hemos cedido ante Marruecos, lo haremos de nuevo si también ella nos presiona lo suficiente. Porque otro gran error de Pedro Sánchez es que ha salido de la protección que le daba el paraguas de la ONU, al permitirle mantener una postura de neutralidad en la pugna por la hegemonía que Argelia y Marruecos libran en el Magreb, para colocarse abiertamente del lado marroquí, provocando así el enfado argelino. No puede quejarse don Pedro si ahora le disparan desde todos lados. Se lo ha buscado. Tampoco puede decir que ha logrado beneficios apreciables ni para España ni para la paz en el Norte de África, y ni siquiera puede echar la culpa al CNI del desaguisado. Lo que se dice hacer un pan con unas tortas.