La Tribuna. Artículo de Antón Losada Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Elecciones en Andalucía | La que se avecina

Las expectativas demoscópicas del candidato del PSOE han resultado tan bajas que, a estas alturas, quien más se la juega parece Pedro Sánchez

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Elecciones en Andalucía | La que se avecina

El Partido Popular lleva la ventaja en Andalucía, quiere una campaña plana donde no pase algo que pueda ponerla en riesgo y lo está consiguiendo. Pero que no les despiste esta monotonía. Es la calma que precede a la tormenta que puede desatarse desde la noche del 19-J. Aunque todos luzcan ahora su mejor cara de póker para no dar pistas de lo que se juegan, todos lo saben. Las pérdidas pueden resultar cuantiosas y duraderas mientras que las ganancias pueden acabar resultando cortas y volátiles.

En Andalucía se testa el método Feijóo de ganar elecciones por mayoría encarnado en uno de sus alumnos aventajados: Moreno Bonilla. Ocupar el centro bajando la voz y el ruido, crear la percepción de ser el único presidenciable y tener siempre a mano alguien a quien echarle la culpa fue el plan que logró cuatro mayorías absolutas en Galicia. Ahora se trata de ver si funciona en el resto del Estado. El presidente andaluz necesita un resultado que le permita gobernar en solitario y el líder popular un marcador que, al menos, empate con el anotado por Díaz Ayuso en Madrid. Todo cuanto se aparte de ese final significará problemas.

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Andalucía debería acallar, al menos hasta las municipales y autonómicas de mayo del 2023, el runrún que desasosiega a los populares sobre si la manera de tumbar a Sánchez pasa por el abrazo Feijóo -la versión 2.0 del abrazo Mariano- y hablarle directamente al bolsillo de los españoles; o la guerra de guerrillas que incita, a nada que puede, la baronesa de la Puerta del Sol. El 19-J se sustancia si, como sostiene Núñez Feijóo, el votante popular se iba porque Casado era un perdedor y, puestos a elegir oposición, la derecha siempre prefiere la más dura; o se van, como proclama Ayuso, porque los populares están perdiendo la batalla ideológica y las guerras culturales con Vox. Un resultado decepcionante podría ser una buena noticia no solo fuera del partido.

La ultraderecha debe estar viviendo la peor de sus pesadillas. Jugarse tanto en unos comicios en una de esas autonomías que tanto desprecian debe resultar irritante. Andalucía puede acabar significando dos cosas: que si no gobiernan votar a Vox se ha vuelto irrelevante y una pérdida de energía; o que votar a Vox es la manera de cortar en seco el desviacionismo popular, si Macarena Olona prueba con votos que las malas vibraciones tras el primer debate fueron cosa de la prensa y de malos españoles en general.

Ciudadanos vive un doble drama: la supervivencia política del partido y la supervivencia curricular del candidato, Juan Marín. Con las proyecciones que le otorgan las encuestas, el segundo parece resuelto y el primero acabará inexorablemente en un opa popular.

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El candidato del PSOE es Luis Espadas. Pero sus expectativas demoscópicas han resultado tan bajas que, a estas alturas, quien más se la juega parece Pedro Sánchez. Todo lo que no sea superar un listón tan bajo resultaría una catástrofe y todos saben que eso parece un milagro solo al alcance del manual de resistencia del presidente. Si el resultado roza la calamidad, aunque la evite, la tesis de Moncloa respecto a que el mal momento de forma que atraviesa el gobierno de coalición es coyuntural y conviene aguantar y esperar a que el verano descuente la inflación y los efectos de la guerra se verá seriamente cuestionada. La presión por cambios urgentes en el Ejecutivo aumentaría exponencialmente dentro y fuera. Si el desenlace electoral sale decente las ministras y los ministros podrán irse de vacaciones tranquilos, de momento.

A la izquierda del PSOE, además de constatar por enésima vez que la división nunca se recompensa electoralmente, la gran novedad la aporta la medición en tiempo real de la relevancia de UP para el montante final. Tras quedarse fuera de la coalición, en Andalucía se testa la gran duda que muchos se plantean hoy en ese espacio, Yolanda Díaz también: cuánto suma exactamente la marca Podemos en este momento y si compensa asumir sus costes. Todo cuanto sea igualar o superar las expectativas demoscópicas y ensanchar la distancia con Teresa Rodríguez y los suyos resultaría una prueba en favor de que se puede sumar lo mismo y evitar el engorroso marcaje de los morados.