Artículo de Xavier Bru de Sala Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Triple complejo de náufrago

PSOE, ERC y JxCat han pasado de sacar pecho como unos valientes a compartir un más que notable temblor de piernas ante una adversidad sin duda exagerada

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Jordi Turull dice que Carles Puigdemont seguirá siendo la referencia de Junts. En la foto, Laura Borràs y Jordi Turull. / EFE / QUIQUE GARCÍA / VÍDEO: ACN / LAURA FÍGULS

PSOE, ERC, JxCat. O se salvan todos o ninguno. Los tres han pasado de sacar pecho como unos valientes, no diremos temerarios ni siquiera atrevidos, a compartir un más que notable temblor de piernas ante una adversidad sin duda exagerada y en todo caso aplazable. Que los tres han perdido credibilidad, cierto. Que los tres se desinflan, evidente. Que las aguas se agitan, incuestionable. Pero de aquí al naufragio... Pero ya se ven, cada uno en su isla desierta, vestidos con harapos y pasando hambre bajo el cocotero solitario. El complejo de náufrago, el vértigo frente a una ola que ves gigante desde la más temerosa subjetividad, incrementa el peligro de naufragio. Como decía un ilustre navegante inglés, siempre que se hunde un velero es que primero se ha hundido la moral del patrón.

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Los datos, en un intento de imparcial objetividad, no son buenos para ninguno de los tres. Los votantes de Junts van descubriendo que no se puede ser independentista y pragmático por mucho que lo proclamen, y que por ello Puigdemont les abandona. Los de Esquerra aún esperan que Junqueras y Aragonès admitan la inutilidad, por no decir el fracaso, de la mesa de diálogo. Los del PSOE no encuentran ningún argumento de peso para contrarrestar el terrible mensaje de Feijóo según el cual se puede ser socialista y votar al PP. Constatar que Casado era un auténtico chollo y que su sustituto es un hueso muy difícil de roer no es motivo suficiente para entrar en pánico. Menos aún para debilitar las alianzas con los socios aduciendo parálisis por el miedo. Muchas concesiones no son aconsejables en las presentes circunstancias, pero es mejor no abusar de la impaciencia de ERC porque así solo se aviva el complejo de náufrago. Por el contrario, al día siguiente del día D de las elecciones andaluzas, aunque el resultado sea el peor de lo esperable y que Moreno se acerque a la mayoría absoluta, y ni que la consiguiera, motivo de más para dar imagen, no de náufragos prematuros sino de navegantes decididos a completar la travesía hasta el final de legislatura.

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Perro ladrador, poco mordedor. ERC sube el tono, aunque no está en condiciones de acabar con la legislatura sin ser acusada de desencadenar la llegada al poder de la extrema derecha. Más valdría que admitieran la dificultad de la situación y se conformaran con un plan de mínimos, concretos, posibles, mesurables. Total, el carro al que suben sus rivales (no, ni ellos ni Junts se equivocan de rival, porque lo son el uno del otro, y sin concesiones, aunque la lucha acabe con un presidente socialista de la Generalitat) se llama segunda ola. ¿Segunda ola de qué? ¡Segunda ola independentista! Contando que de covid ya vamos por la séptima y nadie hace caso, ya se puede ver el nivel de desesperación del tándem física y políticamente imposible Borràs-Turull. También en este caso, aunque haya que ser muy hipócrita o muy fanático para anunciar segunda ola, el socio mayor, ERC debería sacudirse el complejo de náufrago y ayudar no solo al PSOE sino también a Junts a salir del agujero. O se salvan los tres o ninguno.