Menores que violan y pornografía: El caso burjassot

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Menores que violan y pornografía: El caso burjassot

La semana pasada saltaba a titulares la noticia de una manada de menores de edad que habían violado a dos niñas, dos crías de 12 y 13 años. No se trata de un hecho aislado. Cada día se denuncian cinco violaciones en España, y se sospecha que apenas se denuncia el diez por ciento de todas las violaciones: Unas cincuenta violaciones diarias. Una de cada cuatro, a menores de edad.

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El 10 de mayo hubo una violación grupal en Málaga. El 13, otra en Málaga. El 19, una en Valencia. El 20, una en Granada. El 23 una en Almería, El 24, una en Villareal.

6 violaciones en manada en menos de 15 días.

El 10% de las agresiones sexuales a niñas se realizan en grupo, según datos de la Fundación ANAR.

En 2021 se denunciaron total de 2.143 agresiones sexuales a menores.

Un 34% más que en 2020

Los abusos y agresiones sexuales grupales se incrementan cada año. Según datos del Ministerio de Interior, en el 2019 se produjeron 483 casos, 100 más que en años anteriores. Entre 2016 y 2019 se han dado 1.703 casos conocidos. Conocidos, insisto. Repito que se calcula que solo se denuncia una de cada diez violaciones. Y eso se calcula a partir de la diferencia abisal entre los reportes de la policía y los cálculos de psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales expertos en agresiones sexuales. En el Hospital Clínic Barcelona funciona desde hace 30 años un servicio de atención a las víctimas de agresiones sexuales. Intervienen enfermeras, psicólogos… Desde allí confirman el dato: Muchas de las agredidas optan por no denunciar.

Para colmo, en el caso de Burjassot una “periodista” (pongo lo de periodista entre comillas porque ni tiene título ni un mínimo de ética deontológica) hizo correr un vídeo de las menores agredidas, que según ella demostraba que las menores “se lo habían inventado todo”. El vídeo no demostraba nada. Se veía a una menor claramente sedada

y que repetía una conducta auto calmante, un tic (se atusaba el pelo de forma repetitiva). La otra se reía de forma nerviosa y mostraba un estado de hiperexcitación muy propio de una adolescente. En ningún momento ninguna hablaba de haberse inventado nada.

Sin embargo, miles de personas en redes estuvieron dispuestas a creerse que dos niñas se habían inventado una violación “para salir en televisión”, ajenos al hecho de que existe un informe forense y un vídeo de las violaciones. Ajenos al hecho de que en el año 2020 hubo 85 agresiones en manada y ninguna de las víctimas salió en televisión.

¿Les extraña entonces que muchas de las niñas agredidas no quieran denunciar? Si saben que puede correr un vídeo con sus caras, o que le pueden hacer un acoso colectivo, como fue el caso de la Arandina. Si dan por hecho que habiendo pruebas no les van a creer, que les van a decir que se lo han inventado.

¿Por qué en el imaginario colectivo tenemos la idea de que una niña de 12 años consiente voluntariamente a tener sexo con seis varones?

La respuesta de los profesionales apunta sobre todo a un factor: pornografía.

El contexto social

Pero cualquier discusión sobre la pornografía y sus efectos en los niños y los jóvenes debe reconocer que la pornografía y su consumo están inmersos en un contexto sociocultural más amplio. Un contexto que incluye:

  • Las Nuevas Tecnologías, la relación de los menores con éstas, y el hecho de que muchos menores que han crecido inmersos en una cultura digital tienen problemas para diferenciar entre ficción y realidad.

  • La amplia gama de riesgos en línea que corren los menores, por ejemplo, la dinámica y la prevalencia del acoso cibernético, las relaciones en línea con desconocidos, el grooming…

  • Los discursos sociales cada vez más sexistas y violentos sobre hombres, mujeres y sexo. Discursos como “una vez excitados, los hombres no pueden controlarse a sí mismos”, “las mujeres dicen no cuando quieren decir sí”, “las mujeres a menudo se hacen las duras”, “a todos los hombres les interesa una sola cosa” …

  • Los factores subyacentes que permiten la violencia sexual y la violencia contra las mujeres, como los estereotipos rígidos de masculinidad y feminidad, la desigualdad con respecto a la toma de decisiones y los recursos en la vida privada y pública, las relaciones entre pares masculinos (los amigos, los colegas) que toleran la agresión, que la minimizan, que la excusan … O que, directamente, la alientan.

Los niños pornográficos

Hay que tener en cuenta que en España los niños de ocho suelen tener móvil. Y que por eso la edad de acceso a contenidos pornográficos se sitúa precisamente en los ocho años.

Le sugiero que haga un experimento. Agarre su móvil y teclee en el buscador “gang bang” “anal sex” o “facecum”. ¿Ve lo que aparece? ¿Ve que el acceso a esos vídeos es gratuito? Pues si usted ha podido hacerlo, su hijo ya lo ha hecho y, créame, ha visto escenas mucho más violentas de las que acaba de ver usted.

La edad media de consumo habitual (consumo casi diario) de pornografía son los 14 años entre los adolescentes hombres, los 16 en el caso de las mujeres. Al menos uno de cada cuatro chicos se ha iniciado antes de los 13, parte de ellos, como ya he dicho ya a los 8 años.

Los hombres son los grandes consumidores de pornografía: el 87% la ha consumido, pero un 30% no puede pasarse sin ella.

¿Y qué aprenden de la pornografía? No nos engañemos. El porno no es el que veíamos de jóvenes. Ahora es cada vez más violento. Y el 50% de jóvenes encuestados entre 16 y 30 años reconoce que después de consumir pornografía ha incrementado prácticas de riesgo como sexo sin preservativo, en grupo o violento.

Entre tanto los padres tendemos, y me cuento, a subestimar el grado de exposición de los nuestros hijos al porno. Y digo que me cuento porque yo vivía en la ignorancia total sobre lo que mi hija veía, y no sabía el tipo de escenas que había visto antes a los doce años. Cuando tuve una conversación con ella y me lo explicó, casi me caigo de la silla. Y, aun así, tuve suerte. No muchas adolescentes se atreven a hablar del tema con sus madres.

El alcance y la frecuencia de consumo de pornografía difiere según el sexo: los chicos lo buscan deliberadamente, las chicas caen por casualidad y a veces miran por curiosidad. Las actitudes y las respuestas a la exposición también varían según el sexo: las chicas suelen mostrar respuestas negativas, como conmoción o angustia, en comparación con los chicos, particularmente en los adolescentes mayores, que tienen más probabilidades de experimentar la pornografía como algo divertido o excitante.

La realidad y la ficción

La pornografía influye en las expectativas de los chavales sobre el sexo. En los estudios aparecen numerosos chicos de catorce a dieciocho años educados en la pornografía que esperan que sus parejas accedan a mantener relaciones sexuales anales, a soportar eyaculaciones en la cara, a hacer tríos y a practicar felación profunda, hasta sentir arcadas. Por supuesto, estos chicos también ven el sexo en manada como algo normal, divertido empoderante: lo han aprendido en el porno.

La pornografía también está asociada con prácticas de salud sexual inseguras, como el sexo “a pelo” (sin condón), o el sexo anal sin lubricación. Por no hablar de que el porno vehicula un doble rasero: la sexualidad masculina se ve como activa y agresiva, la femenina como sumisa y pasiva. Los adolescentes varones que ven pornografía con frecuencia tienen más probabilidades de ver a las mujeres como objetos sexuales y de tener actitudes sexistas, como que las mujeres “engañan a los hombres”. Y de ahí que estén tan dispuestos a creerse que una niña se ha inventado una violación “para salir en la tele”.

Pornografía y violencia

La pornografía puede fomentar la violencia sexual y la violencia contra la mujer. Existe evidencia de que los adolescentes que consumen pornografía violenta muestran seis veces más probabilidades de ser sexualmente agresivos en comparación con los que ven pornografía no violenta o no ven pornografía. La pornografía más dominante, popular y accesible – es decir, los vídeos que su hijo va a encontrar en internet- contiene mensajes y comportamientos sobre sexo, poder y placer que son profundamente problemáticos. En particular, la agresión física (bofetadas, asfixia, arcadas, tirones de

cabello) y la agresión verbal, como los insultos, el sexo anal como castigo realizado con la intención de que las mujeres sufran… entre otras.

Noticias relacionadas

Si usted es padre de un/a adolescente, o si en su familia hay adolescente, le sugiero lo siguiente:

  1. Infórmese sobre el tipo de educación sexual que recibe en el aula. Por ejemplo, llegó a mis manos una guía del Gobierno valenciano sobre educación sexual para adolescentes que defendía la prostitución y la coacción. No me hubiera gustado que mi hija leyera eso.

  2. Recuerde que el que da primero, da dos veces. Es importante que sea usted el que inicie una conversación abierta sobre sexo, antes de que su hijo o su hija la inicie con nadie más. Cualquier momento es el adecuado para hablar del tema. El sexo aparece en todas partes. En series, en películas, en las marquesinas de la parada del autobús. No es necesario que usted dé un discurso. Hable abiertamente y hágale saber al menor que puede hacerle cualquier tipo de pregunta.

  3. No se burle ni se ría de lo que su hijo o hija le cuente, tampoco juzgue. Si cuando mi hija me contó lo que había visto en línea yo la hubiera avergonzado, no me hubiera contado nada más.

  4. Sinceridad, honestidad, claridad. Use el nombre propio de cada parte del cuerpo. Y en lo posible, hable de su propia experiencia (tampoco hace falta que usted dé muchos detalles, solo que se vea claro que sabe de lo que habla).

  5. Mejor convencer que prohibir. Sí, siempre podemos limitar el acceso a determinadas páginas cuyo contenido sexual entendemos que no es adecuado para los menores. Siempre podemos utilizar sistemas de filtrado de seguridad, contenido y control parental. Pero… la prohibición, como sabemos, genera curiosidad. Y al final, el porno se lo acabará enseñando algún otro compañero. Y el miedo a regañinas dificultará la posibilidad de que nuestro hijo nos hable más tarde sobre lo que se encuentra en internet. Por no hablar que mi propia hija me ha explicado lo fácil que es saltarse un control parental. Ellos mismos se van contando entre ellos cómo esquivarlo.

  6. Genere confianza. Aliéntele a que hable sobre sus dudas, miedos, fantasías. No es adecuado abordar el tema desde la prohibición ni el miedo. Mejor claros, concretos y respetuosos.

  7. Aliente su pensamiento crítico. Si su hijo o hija ya ha estado expuesto a porno y tiene usted la suerte que yo tuve, y se lo cuenta, haga preguntas como “Ver pornografía puede parecer normal. Pero, ¿qué dice el porno? ¿Quién lo hace y por qué? ¿Y qué significa todo esto para ti? Recuerde que los adolescentes no son solo consumidores pasivos de pornografía. El pensamiento crítico les encamina a reflexionar sobre los mensajes contenidos en la pornografía. Abra usted una discusión. Escuche. Y, sobre todo, insista usted una y mil veces en que el porno no es real, en que la vida real no es esa. No se canse de repetirlo.

  8. Tampoco se canse de insistir en que las mujeres no son objetos, y que no disfrutamos con el dolor. Por muy rancio o cursi que le parezca lo que voy a escribir, insista en que el sexo sano es un intercambio entre dos personas que siempre debe partir del respeto, de considerar que la otra persona es un ser humano, no un clínex que se tira a la basura después de usarlo, ni una muñeca con la que jugar

  9. Edúquese. Entre usted en Internet y las redes sociales para estar al tanto de lo que está viendo su hijo. Advierto que yo he visto contenido que me ha deprimido profundamente y me ha hecho (casi) perder la confianza en el género humano.

  10. Por último. Sea usted positivo. De nada sirve entender que una conducta es nociva si no podemos ofrecer una conducta mejor. La mayoría de los padres sabemos que no hay que hacer mal a nadie, y que es más interesante explicar que hay que ayudar a los demás Del mismo modo, además de explicar que el porno es irreal, nocivo, que promueve la violencia y la desigualdad, es mejor hacer entender a nuestros hijos que el sexo y la afectividad es un campo sin límites y que explorándolo encuentra uno felicidad, superación y relaciones con otras personas que nos proporcionan alegría, placer y sentimiento de pertenencia.

Mucho más divertido e interesante que el alivio rápido y finalmente vacío que propone el porno.

Referencias