Artículo de Natàlia Cerezo Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La muerte del albatros

Margarita Leoz trabaja sus textos hasta su extenuación: es una artesana

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Un albatros en la playa Muriwai, cerca de Auckland.

Un albatros en la playa Muriwai, cerca de Auckland. / GLENN JEFFREY / REUTER

Un hombre llega a un pueblo retirado de la costa para ejercer de médico. Poco a poco, su pasado se va aclarando, y pesa. Pesan la pérdida, los errores, la tristeza, presentes en cada recuerdo, en cada gesto del protagonista, que escucha los cuerpos de sus pacientes como escucha su pasado, y que se deja arropar por la rudeza salvaje del entorno y de sus habitantes. 'Punta Albatros' (acantilados asolados por el viento y con el césped despeinado, una isla de acceso difícil, la playa de Nadie), tanto el lugar donde se desarrolla el libro como el título de la última obra de Margarita Leoz, es un espejo de ese purgatorio donde se ha exiliado voluntariamente el protagonista, pero en el purgatorio también hay belleza y redención.

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La escritura de Leoz es engañosamente simple. No recurre ni al monólogo interno, tan de moda últimamente, ni a una poética superficial. Leoz trabaja sus textos hasta su extenuación: es una artesana. Le gustan los clásicos, y se nota, desde la presencia del loro Lulú, referencia a 'Un corazón sencillo', de Flaubert, a la observación de las cosas, a la construcción, ladrillo a ladrillo, de un mundo propio. "Bien abierta”, le dice el protagonista a una enfermera cuando están examinando a uno de los personajes, que se ha cortado la mano. “Como si le estuviésemos leyendo el futuro”. Es en esta magia, en este hilo delicado entre el mundo exterior y el interior, donde existe la verdadera literatura.

El albatros es un símbolo de buen augurio porque se dice que cada ave contiene el alma de un marinero muerto en el mar, y que matar a uno traerá grandes desgracias a quien lo haga. En la novela no aparece ninguno. Y esto no es gratuito (como nada, de hecho, en la narrativa de Leoz). Ya desde el título, la presencia indirecta del pájaro nos lleva, palabra a palabra, página a página, hasta el final, un final que no es lo que parece, porque no podemos volver atrás, ni el protagonista ni ninguno de nosotros. Hay cosas que simplemente no podrán volver a ser lo que eran.