Artículo de Jordi Puntí Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

En unos océanos sin leyes

Los yates y cruceros son la cara rutilante que blanquea esta impunidad global, en la que las leyes confusas de las aguas internacionales y la aparente lejanía de alta mar a menudo encubren comportamientos delictivos

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En unos océanos sin leyes

Si usted tiene 33.000 euros y ningún escrúpulo ante la emergencia climática, sepa que este verano puede permitirse un crucero por el polo Norte. Ahora que según los expertos el deshielo ya ha entrado en una fase sin retorno, la compañía francesa Ponant ha programado una travesía de 15 días que llegará a los rincones más perdidos del polo Norte. La nave, que hará cuatro salidas en julio y agosto, es un rompehielos adaptado al lujo, con 123 'suites', spa y grandes ventanales para que uno pueda estremecerse con el crujido del hielo y contemplar la agonía de los osos polares mientras quema calorías en el gimnasio.

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Como peaje para hacerse perdonar tanta estupidez y mala conciencia, a bordo del crucero habrá dos laboratorios para que los científicos estudien 'in situ' las evoluciones del cambio climático. La desvergüenza que demuestran los multimillonarios con este tipo de negocios es solo la punta del iceberg (perdón) de una actitud egoísta y más extendida de lo que creemos, y que encuentra precisamente en los océanos un paraíso para la impunidad. Al fin y al cabo, al igual que ocurre con los yates de los magnates rusos ahora retenidos en los puertos náuticos, no deja de ser la versión VIP de la doble moral que vemos en casa. Por un lado, con buen criterio, se limitan las emisiones de óxidos de los coches para promover una ciudad más verde, y por el otro aumenta la llegada de cruceros, que convierten a Barcelona en el puerto europeo más castigado por la polución.

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 Los yates y cruceros son la cara rutilante que blanquea esta impunidad global, en la que las leyes confusas de las aguas internacionales y la aparente lejanía de alta mar a menudo encubren comportamientos delictivos. Para quien quiera conocer la cara oscura de esta supuesta libertad, existe un libro excepcional: 'Océanos sin ley', de Ian Urbina (Capitán Swing). Periodista del 'New York Times', Urbina dedicó varios años a seguir el día a día de los puertos pesqueros, los cargueros comerciales y los marineros a sueldo de medio mundo, y ha ido contando el submundo que esconde la explotación del mar, sobre todo en países donde los derechos humanos pierden valor a pocas millas de la costa. Centrándose siempre en personas que dan fuerza al relato, los reportajes de Urbina muestran la lucha de los ecologistas que persiguen a pescadores ilegales; los capitanes cuya misión son los vertederos de petróleo clandestinos; los piratas somalíes; los trabajadores camboyanos que son víctimas del tráfico de personas y trabajan como esclavos; las peripecias de una médica holandesa que lleva su barco por aguas internacionales y practica abortos en países donde está prohibido; las penurias de los polizones que se esconden en naves de carga de Sudáfrica para intentar llegar a un mundo mejor. “La legislación marítima es opaca”, escribe Urbina, y todo en alta mar queda lejos de nuestros ojos. En el 2026 hará 100 años de la travesía aérea del polo Norte por parte de Roald Amundsen: según vaya el negocio de los cruceros árticos, aquello ya parecerá Ibiza.