Pros y contras | Artículo de Emma Riverola Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El mejor aliado de la República

El bien que pudo hacer el rey emérito a la Transición ya forma parte del pasado. Ahora solo queda la humillación. A la Casa Real, al Gobierno y a todo el país

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El rey Juan Carlos llega a la Zarzuela. / AFP / ÓSCAR DEL POZO / VÍDEO: EFE

Ánimo le pone. No le faltan arrestos ni perseverancia. Será la corona. Ese halo de privilegio que impregna cada pliegue del cerebro hasta cuando ya no se ostenta. Se le suponía la voluntad de aferrarse a ella. La de asolarla, no estaba tan claro. Será la embriaguez de creerse por encima de todo y de todos. “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”, pronunció hace poco más de diez años. Quizá lo único cierto fuera lo último, no volvería a pedir disculpas. El bien que pudo hacer el rey emérito a la Transición ya forma parte del pasado. Ahora solo queda la humillación. A la Casa Real, al Gobierno y a todo el país.

Cualquier argumento a favor de una monarquía parlamentaria se desvanece ante la exhibición de la deshonestidad. La desmedida de Juan Carlos obliga a la circunspección de Felipe VI. Ni una ni otra actitud favorecen a la conservación de la Corona. Con la supuesta honradez no basta. Hay que saber defender muy bien un cargo heredado. La inviolabilidad del rey es una carcajada que estalla en la cara de la ciudadanía. Juan Carlos se encarga de exhibirla con arrogancia. Como si habiendo caído él, ya no le importe lo que ocurra con la institución. El mejor aliado de la causa republicana. 

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