GOLPE FRANCO

Quizá la peor temporada de nuestras vidas

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Xavi observa el Getafe-Barça desde la banda.

Xavi observa el Getafe-Barça desde la banda. / FCBARCELONA

Quizá sea esta temporada que ya es pasado la peor de nuestras vidas de aficionados al Barça. No porque sea la que peor resultados haya dado un equipo maltrecho y triste, que arrancó estos meses de nuestro descontento perdiendo al mejor de sus futbolistas, que se hizo en la cantera desde niño y que se fue llorando de un estadio en el que se sucedieron sus alegrías, hasta el día final, cuando todo fue agua de llanto. Una directiva inane, a la que siguió un sucesor sin alma, desperdició todas las oportunidades que tuvo el Barça de arreglar sus diferencias con el jugador, al que uno de esos dos presidentes, además, situó en la diana del desprestigio que, por supuesto, no logró, y Messi se fue sin remisión.

Ese momento, que vimos como la destrucción del honor del equipo, que se basa en su señorío, en su manera de mantener la cabeza fresca para pedir perdón y empezar de nuevo, dio paso a una de las más tristes de nuestras temporadas. La época de Koeman comenzó con las espadas dispuestas al degüello, pero con cierta esperanza de que la leyenda que había cultivado el que marcó en Wembley trajera un presente mejor.

En algún momento de esos meses aciagos el Barça llegó a estar el noveno y bajando, era tan triste su juego, tan ineficaz su alineación, tan duro su futuro, tan humillante la relación de aquel presente con un pasado que se había quebrado antes de que se fuera Messi, cuando el Bayern nos sometió a una de las peores humillaciones de la historia.

Cuando ocurrió aquel descenso a los infiernos, en el momento en que llevábamos el número en la lista de la primera división, un grupo de abogados que se juntó en el sur de Tenerife para debatir sobre su oficio, uno de aquellos abogados, barcelonista, se avino a apostar conmigo sobre el resultado que el Barça tendría por estas fechas. Todos se burlaron de mi, incluso el abogado culé, pues yo dije que me tendrían que invitar a una comida en Zaragoza (de donde es el apostante) si, como yo deseaba, el Barça quedaba uno, dos o tres, en un campeonato que parecía hecho en ese momento para ahondar en el descrédito.

La llegada de Xavi Hernández fue una esperanza que tuvo sus altibajos, pero aquel hombre que le puso orden al Barça cuando era el compañero de Iniesta en las mejores alineaciones azulgranas de los últimos tiempos enderezó los entuertos habidos, de modo que remontó, se estancó, y finalmente puso al equipo al que Cruyff obligó a jugar bien, aunque no ganara, en la senda de la esperanza de ser otra vez, ojalá, aquel que añoramos los que vimos jugar a Kubala y a Luis Suárez. Que, por cierto, no tuvieron siempre resultados halagüeños.

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Acabó la pesadilla, esta temporada ha acabado mejor que lo que temían (o deseaban) los que apostaban conmigo en Tenerife. El año futbolístico que nos aguarda puede, y debe, ser mejor, porque ya estarán en el campo, juntos, dos críos en los que vemos la ilusión del futuro. Ansu Fati y Pedri son las dos figuras que ahora serán, para los que vienen, lo que para nosotros fueron aquellos Kubala y Suárez, seguidos en tiempos distintos de Cruyff, de Guardiola y de Messi, junto con otros que no se merecían el espectáculo que usurpó el nombre de Barça a lo largo de algunos de los peores partidos de nuestra historia.

Volverá el Barça, y tendrá que ser otro para ser el mismo Barça que queremos.