Artículo de Jordi Puntí Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Llama a mi agente

La gracia de la adaptación es que traslada también una mirada sobre los tópicos de cada lugar y los argumentos acaban siendo un reflejo de su sociedad

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Los protagonistas de la serie ’Call my agent’. 

Los protagonistas de la serie ’Call my agent’.  / COSMO

A veces un guionista tiene una idea genial —tan sencilla que sus colegas piensan “porqué no se me habrá ocurrido a mí”— y es como si le tocara la lotería. Es el caso de la francesa Fanny Herrero, creadora de la serie 'Dix pour cent': se estrenaron cuatro temporadas y en España se vio en el canal Cosmo con el título inglés, 'Call my agent' ('Llama a mi agente'). La serie estaba ambientada en una agencia que representaba actores en París y narraba los conflictos cotidianos de la fauna cinematográfica: los egos de los famosos, las eternas promesas, los secundarios con ínfulas o los rencores entre colegas daban mucho juego. Todo estaba tratado con humor, y con el detalle de que en cada capítulo un actor o actriz actuaba bajo su propio nombre, como cliente de la agencia, aceptando así ponerse en ridículo. Participaron nombres como Nathalie Baye, Claude Lelouche o Monica Bellucchi y el éxito fue tan fulgurante que las estrellas del cine hacían cola para salir en la serie.

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Como las buenas ideas son escasas y todo el mundo quiere ganar dinero, las productoras de series se apuntan a menudo al 'remake' de los éxitos, y ahora mismo ya hay versiones de 'Dix pour cent' en Turquía y la India (Bollywood debe ser una mina). Estos días Amazon Prime ha estrenado una versión en el Reino Unido —aquí llegará más adelante con el título de 'La agencia'— y entre los actores que se prestan al juego del escarnio (aunque ahora mismo que te llamen ya es una señal de prestigio) están Helena Bonham-Carter, David Oyelowo o Dominic West. 

De la misma forma que el cine inglés no tiene nada que ver con el danés, el francés o el italiano, la gracia de la adaptación es que traslada también una mirada sobre los tópicos de cada lugar y los argumentos acaban siendo un reflejo de su sociedad. Una vez hecho el molde, claro, la tentación es imaginarse cómo funcionaría aquí, tanto en lo que se refiere al 'star system' de actores catalanes como de los españoles, con qué semejanzas y diferencias nos toparíamos. Para empezar a liarla, resulta que aquí los escritores tienen agente, los actores tienen representante y los toreros, apoderado.