La nota | Artículo de Joan Tapia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

¿Se entera el Gobierno?

La alta inflación obliga a los bancos centrales a dejar de animar la economía y cambia todas las expectativas

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¿Se entera el Gobierno?

Los gobiernos venden optimismo. No quieren ser aguafiestas y desanimarla inversión y el empleo. Pero esta norma se convierte en un gran error si conduce a negar la realidad y se rehúyen las medidas adecuadas, que pueden tener que variar. Entonces se hunde la credibilidad.

Le puede estar pasando al Gobierno. La presión sobre las materias primas al fin de la pandemia y la guerra de Ucrania lo han cambiado todo. Biden llegó lanzando planes de expansión y ahora matar la inflación, allí en el 8,3%, es su prioridad. Y Powell, presidente de la Reserva Federal, dice que subirá tipos con fuerza y venderá bonos (quitará alegría a la economía) hasta que la inflación vuelva al 2%.Pese a que se dañe el crecimiento. Y las bolsas americanas ya sufren grandes pérdidas.

En Europa el BCE va a dejar de comprar bonos -malo para financiar el déficit público- en julio y va a empezar a subir tipos, cuando hace poco su presidenta, Christine Lagarde, decía que era difícil que subieran este año. El presidente del influyente Bundesbank ya grita que retrasar la subida empeora las cosas y el gobernador holandés pide un aumento de 0,50 puntos (el doble de lo previsto) en julio.

¿Es consciente el Gobierno de que el IPC y el cambio de actitud de los bancos centrales -que dejan de ser  benefactores- castiga a la economía y cambia todo el panorama? Pedro Sánchez dijo en Barcelona (en el Cercle) que las turbulencias pasarían pronto. Si el martes próximo lo repite en Davos no sacará buena nota.

España todavía no ha recuperado el PIB anterior a la pandemia. Tras recortar la previsión otra vez, Bruselas dice que el PIB crecerá un 4% frente la media del euro del 2,7%. Ahora nos recuperamos más que la UE, pero vamos con retraso y la inflación puede torcerlo todo. Ni Europa ni España bordean la recesión, pero la inflación es la nueva y gran amenaza. Y aunque Bruselas suspenda la regla de déficit para 2023, eso no quita que se vaya a tener que financiar y sin ayuda del BCE.

Todos los gobiernos deben tomar medidas para ayudar a los más afectados, pero no pueden disparar el gasto público total. Ayudas y bajadas de impuestos selectivas, no generales. ¿Por qué? En Inglaterra la inflación ha llegado al 9% por los costes energéticos. Pero la inflación para el 10% más acomodado es solo del 7,9% y para los más pobres (que notan más esos costes) de un 10,9%. Y Londres no puede subvencionar a todos.

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La política económica ya no debe obedecer solo a criterios ideológicos. El Banco de España ha advertido que un pacto de rentas sería conveniente y que, en la práctica, se va por ahí. Las empresas no trasladan a precios todos sus costes y los salarios suben por debajo del 3%. En este contexto, la indiciación de las pensiones (no las mínimas) debe revisarse. Para el Banco de España no es lógico que suban entre un 6,5% y un 7,5%, que es la previsión de inflación. Y el Gobierno tampoco puede seguir aumentando el gasto como si Ucrania no existiera.

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Pero no es solo Sánchez. Feijóo también debe tomar nota de que la reducción de impuestos para los más castigados no puede ser generalizada. No se puede deflactar la tarifa con la inflación. Gobierno y CCAA recaudan más, sí, pero ese plus reduce el déficit público, la gran asignatura pendiente.

Pero estamos ya en una larga recta electoral (Andalucía, municipales en mayo del 2023, legislativas poco después) y será difícil que Sánchez y Feijóo renuncien a cierta propaganda populista. Tienen maestros a su derecha y a su izquierda y temen perder votos.

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