Análisis

Rubiales contra el fútbol femenino

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Luis Rubiales, durante una comparecencia en la sede de la RFEF.

Luis Rubiales, durante una comparecencia en la sede de la RFEF.

Deslumbrados por el brillo de los logros del primer equipo femenino del FC Barcelona, que el sábado disputa su tercera final de Champions en cuatro años después de haber completado una Liga Iberdrola perfecta y de haber batido en dos ocasiones el récord mundial de asistencia a un partido de fútbol jugado por mujeres, corremos el peligro de perder de vista una realidad inquietante y cada vez más palmaria: en su loable -y necesario- empeño por elevar el nivel del balompié femenino para captar nuevas audiencias e iniciar una cadena virtuosa que permita avanzar hacia la igualdad, el Barça parece ir por un lado mientras los organismos que gobiernan el fútbol español van por otro.

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Solo desde el desinterés más absoluto se entiende, por ejemplo, la miserable gestión que la Real Federación Española de Fútbol que preside Luis Rubiales ha hecho de la fase final de la Copa de la Reina, que se celebrará entre el 24 y el 29 de mayo y cuya sede se decidió con solo dos semanas de antelación. El escenario finalmente elegido es el Estadio Municipal Santo Domingo de Alcorcón, con capacidad para 5.100 espectadores. El aforo no es para tirar cohetes (por razones técnicas se había desestimado la candidatura del Heliodoro Rodríguez López de Tenerife, que puede acoger a 22.800 personas), pero eso no es lo peor. El domingo 29 de mayo, la Agrupación Deportiva Alcorcón juega en Santo Domingo un partido correspondiente a la última jornada de LaLiga Smartbank en horario unificado (a las seis y media de la tarde) y ello obliga a programar la final de la Copa de la Reina a las 11,30 horas, como si fuera un encuentro de alevines.

Es difícil hacer las cosas peor (pero no imposible: la final de la Supercopa se jugó en los campos de entrenamiento de la RFEF en Las Rozas, donde no caben más de 1.000 espectadores) en un momento en el que los éxitos del Barça han puesto en bandeja la venta de un producto de potencial más que contrastado. La Federación se está convirtiendo en un lastre demasiado pesado para el crecimiento del fútbol femenino en España. La constitución de una nueva liga profesional ya no es solo un instrumento deseable sino una necesidad perentoria.