Pros y contras | Artículo de Josep Maria Fonalleras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La frágil frontera entre el éxtasis y la desgracia

Quizás sea la hora de que los ciclistas también dejen a un lado los líquidos espumosos que dan el tono festivo cuando se agita la botella

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Biniam Girmay, en su victoria en el Giro.

Biniam Girmay, en su victoria en el Giro. / REUTERS/Jennifer Lorenzini

Este martes, el Giro de Italia vivió una escena histórica, emotiva y, poco después, un momento esperpéntico. Era la primera vez que un corredor negro, Biniam Girmay, de Eritrea, ganaba en una vuelta de categoría. En la llegada a Jesi, en Ancona, se impuso al esprint a Mathieu Van der Poel, un poderoso ciclista todoterreno que, poco antes de la meta, se soltó y señaló a Girmay como el justo vencedor. En el estallido eufórico, poco después, el eritreo destapó una botella de prosecco y el tapón, descontrolado, se topó con el ojo izquierdo y le hirió. Al día siguiente, tuvo que abandonar la carrera.La frontera entre el éxtasis de la felicidad y la desgracia sobrevenida es muy fina. La recompensa a un esfuerzo intenso y, a los pocos minutos, el ridículo azar. En las competiciones ciclistas, por suerte, se ha arrinconado la costumbre de mostrar a jóvenes damiselas para hacer entrega de ramos y 'maillots' de líder. Ahora, los ciclistas ya suben al podio ataviados de ganadores y ellos mismos cogen las flores de una mesa. Quizás sea la hora de que también dejen a un lado los líquidos espumosos que dan el tono festivo cuando se agita la botella. Que todo sea más discreto y plácido, para no tentar al destino.

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