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Xavi se contagia

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Xavi Hernández, durante el partido en Getafe.

Xavi Hernández, durante el partido en Getafe. / EFE / Kiko Huesca.

El cierre de la temporada en el Camp Nou será en horario de discoteca por obra y gracia de Javier Tebas y esa Liga que tanto cuida a los aficionados. Pinta a cemento. Y es que hay que ser muy entusiasta para asistir al estadio un domingo a las tantas tras lo visto las últimas semanas.

El Barça dirá adiós a la temporada habiendo cumplido con un objetivo que por momentos parecía inalcanzable. Un subcampeonato que todos hubiéramos firmado en noviembre, e incluso en septiembre, cuando tras haber renunciado a Leo Messi, la directiva también forzó la salida de Antoine Griezmann para aligerar la masa salarial, una pesada bola que lastra el andar azulgrana. Valoremos, pues, el mérito de Xavi, que supo cambiar la dinámica y que, durante un breve lapso de tiempo, consiguió que el equipo brillara hasta el punto de soñar con algún título.

La oportunidad de airearse

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Aun así, la sensación final no es agradable. El equipo acaba la temporada pactando tácitamente un empate ante el Getafe porque le parece arriesgado ir a por la victoria. Se agradece la sinceridad de Xavi que, tras el partido, no disimuló su pragmatismo. Pero por el camino quedó algo deslucido ese discurso sobre la exigencia que tiene el Barça respecto a otros equipos. Aquello de que aquí no solo vale ganar, ya no digamos empatar. El conformismo de este domingo chirría ante esa idea romántica de la esencia de la entidad. 

Ese tacticismo se entiende en el contexto de una temporada que se ha hecho larga -muy larga-, pero sorprende. No cuadra con el de Terrassa, que transmitía más ambición y convencimiento cuando eran novenos que ahora que han acabado segundos. Y eso es lo más preocupante. Su discurso ilusionante se ha ido desinflando. Parecería que ese vestuario contamina a todo aquel que llega. Como si Xavi se hubiera resignado de la misma manera que lo hicieron sus antecesores. El verano le ofrece la oportunidad de airearse y empezar de cero, como debería haber sido desde un principio, aunque ahora ya sabe lo que tiene entre manos.