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Los velos de Salomé

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Salomé, en el festival de Eurovisión, en 1969.

Salomé, en el festival de Eurovisión, en 1969.

“Creo que ha sido la única vez en mi carrera profesional que he cantado con americana y corbata”. Así, con su fina ironía habitual, ha recordado Raimon su participación y victoria en el Festival de la Canción del Mediterráneo. Barcelona, 1963. Televisión en blanco y negro absoluto sin remota posibilidad de color. Como si todo fuera una triste proyección de tantas vidas grises. Franquismo duro de fondo ablandado en las formas por una economía apuntalada por los planes de desarrollo y el 600. La ‘nova cançó’ dibujaba maneras que poco tenían que ver con ‘Se’n va anar’, la posteriormente idolatrada composición con la que la resistencia cultural le coló un gol a la dictadura.

“A mí me convencieron con un argumento: si cantaba yo tendría un significado distinto la interpretación de esta canción en catalán que si lo hacía otro cantante”. Y así fue. Pero las bases obligaban a que otra voz le acompañara en aquella histórica final que rompió unos moldes que el sistema creía indestructibles. Porque al ser un festival de canciones, estas se defendían en dos rondas con dos versiones distintas para dos adaptaciones complementarias. Y la otra voz fue la que, con el tiempo, capitalizó aquel triunfo sin que a Raimon le supiera mal. Al contrario. Siempre creyó honestamente que, cumplido su cometido, la gloria era para Salomé.

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A María Rosa Marco Poquet (Barcelona, 21 de junio de 1939) cada año por estas fechas se la rescata de su dorada jubilación valenciana para recordar otra de sus hazañas musicales. Su victoria en el festival de Eurovisión. 1969. Seis años después de aquella proeza a partir de la cual había ido forjando una carrera y una discografía que alternaba el catalán con el castellano mientras indagaba en un estilo que tanto podía acercarla a  Mina, que también la versionó, como después a Olga Guillot, con quien compartió lo prohibido.

Esto fue a raíz de los grandes boleros de Armando Manzanero que ella se trajo de México para grabarlos antes de que cualquier otra voz reparara en él. Fue la intérprete de ‘Vivo cantando’ que entendió y asumió el temperamento, el amor, el desgarro, la adoración, la espera, la pasión, el desconsuelo, la infidelidad y el deseo evidenciados en las composiciones de quien era el pianista de Lucho Gatica cuando María Rosa cuenta que le conoció.

Una consecuencia de su consagración gracias al evento que este sábado convocará de nuevo a millones de espectadores que han recuperado un festival marcado por tantos éxitos como polémicas, tantas anécdotas como fracasos, tantas votaciones como intereses, tanta atracción como vacío.

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Relata Salomé que pudo haber ido a Eurovisión el año antes. El 68 del ‘La, la, la’. El que Serrat quiso cantar en catalán y que defendió Massiel porque los tres compartían discográfica y la compañía exigió un artista suyo para compensar la gran inversión promocional que había hecho. “Y como yo no solo era catalana sino que también ejercía, temieron que a la hora de la verdad exigiera lo mismo que Joan Manuel”.

Tuvo que esperar al año siguiente, vestirse de Pertegaz y soportar 14 kilos de peso más otros tres de un collar de falsas apariencias. Marcar un ritmo poco ajustado a su estilo y aprovechar la repercusión para, de nuevo como buena catalana, ‘fer calaix, noi. T’ho dic així de clar’.