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Saber irse

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Marcelo, en la celebración del título de Liga del Madrid en Cibeles

Marcelo, en la celebración del título de Liga del Madrid en Cibeles / Isabel Infantes / Reuters

Qué difícil resulta para la gran mayoría de jugadores entender cuándo hay que marcharse. Por eso conviene alabar comportamientos excepcionales como el que tuvo Zinedine Zidane cuando renunció a un año de contrato para retirarse, a tiempo, en su Real Madrid. O el de Joseba Etxeberría, que quiso jugar gratis su último año de contrato en el Athletic y al no ser posible, por ley, donó el ingreso mínimo que por convenio tuvo que percibir. Tampoco es fácil para algunos clubes grandes despedir a sus leyendas a la altura de la historia que han escrito.

 Es el talón de Aquiles de Florentino Pérez. En su etapa se despidieron Raúl, Casillas o Ramos, junto al propio Zidane. Solo este último recibió el homenaje que merecía de su afición en el Santiago Bernabéu. El resto salieron por la puerta de atrás.

Puede que lo de Zizou tuviera que ver con su propio comportamiento renunciando al año que tenía firmado.

Marcelo termina contrato en un mes. En 15 años en el Real Madrid  lo ha ganado todo, al punto de igualar a Paco Gento en número de títulos conseguidos, 24. Él sabe lo que significa eso, tanto como para reivindicar haber superado a Gento ante el periodista que se lo preguntó al ganar la liga. Ha marcado una época y lo ha hecho detrás de otro genio, Roberto Carlos. Incluso ha tenido su protagonismo este año en Champions. Pero hace años que no se parece a lo que fue.

Él sabe que su nivel no será ya el exigible para un equipo que luchará en todos los frentes como el Real Madrid del próximo año. Lo tiene fácil, despedirse logrando esa Champions ante el Liverpool en París, agradeciéndole al club donde ha sido feliz y marchándose a firmar un suculento contrato allá donde quiera, que ofertas tiene.

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Ser recordado como un futbolista único en su puesto durante más de una década, querido y admirado por su público. Dejar pendiente una despedida a la altura.

Recordando el adiós de Torres en el Metropolitano, el de Xavi o Guardiola en el Camp Nou, creo que no hay año de contrato que compense esos momentos. Para ellos, sus familias y sus aficiones. Marcelo está a tiempo. Y el Real Madrid también.