Análisis

Al Barça le espera un verano melancólico

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Erling Haaland reacciona tras uno de sus goles con el Dortmund

Erling Haaland reacciona tras uno de sus goles con el Dortmund / Leon Kuegeler / Reuters

Que Erling Haaland le ha costado solo 60 millones de euros al Manchester City es tan cierto como que el FC Barcelona pagó 57 millones por Neymar y el Real Madrid, 100 por Hazard. Hace ya mucho tiempo que en el mundo del fútbol las cifras de los fichajes son utilizadas como simple munición propagandística al servicio de unos intereses específicos, aunque para ello haya que confundir de manera grotesca importes netos y brutos o añadir y quitar conceptos a conveniencia.

Sea cual sea el coste final, el traspaso de Haaland debería servir al menos para que empiece a caer la venda que cubre los ojos de aquellos aficionados barcelonistas que aún creen que su club está en condiciones de acometer este verano operaciones de mercado de primer o incluso de segundo orden. Y en esas categorías lo mismo entra la incorporación de Lewandowski que la renovación de Dembélé, por mencionar dos expedientes de los que se ha hablado en las últimas semanas. Salvo que se produzca a última hora una improbable intervención divina, nada de eso tiene pinta de ir a pasar.

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El problema, como es sabido, no es tanto la falta de dinero (que también) como el imposible margen de maniobra que LaLiga impone al club azulgrana por culpa del límite salarial negativo. Resumiendo mucho la cuestión, el Barça solo se va a poder gastar en fichajes y nuevos salarios un 25% de la cantidad que logre ahorrar por esos mismos conceptos (el porcentaje se eleva a un 50% en el caso de los jugadores ‘top’ que suponen más de un 5% del coste total de la plantilla). Es un yugo que ningún otro equipo de la primera división se verá obligado a padecer y que hay que imputar a la calamitosa gestión que de estos asuntos hizo la junta de Josep Maria Bartomeu.

La parroquia ‘culer’ debe, pues, prepararse para un verano más bien melancólico en el que probablemente verá marcharse a algún futbolista de talento indiscutible sin la compensación de nuevos nombres de los considerados ilusionantes. Le quedará, eso sí, el magro consuelo de pensar que los chavales (Pedri, Gavi, Ansu, Araujo…) pueden crecer todavía más y que Haaland, uf, no vestirá de blanco. Como diría la leyenda de Wembley, es lo que hay. 

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