Artículo de Ruth Ferrero-Turrión Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Dudas y debates sobre la guerra en Ucrania

¿Cómo reconocer dónde está límite entre ayudar en una guerra o participar en la misma? El canciller Scholz duda, creo que el resto también debería

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Dudas y debates sobre la guerra en Ucrania

Cada vez con más frecuencia y virulencia se articulan discursos cargados de un acentuado macartismo que, desde argumentos morales, condenan de manera drástica cualquier tipo de argumento que intente una articulación alternativa a la empleada desde buena parte de las elites político económicas occidentales. De este modo, todo cuestionamiento de la explicación del conflicto que huya del blanco y el negro, de la lucha entre buenos y malos, y del conmigo o contra mí, automáticamente es atacado visceralmente con acusaciones que van desde el suave calificativo de 'equidistante', pasando por 'prorruso' o 'proPutin' hasta llegar a otros apelativos más gruesos. A estas alturas, cualquier simple intento de buscar alguna vía de salida diferente a la de la prolongación de la guerra es considerada casi como motivo de 'alta traición', bajo la acusación de colaboracionista con la causa del Kremlin cuando no de “comprar los argumentos diseminados por la propaganda rusa”. No está claro si lo que hay detrás es una acusación de ser tontos y no darse cuenta de las mentiras que uno difunde o si, por el contrario, la acusación es la de manipulación intencionada con el fin de minar los argumentos verdaderos. 

Así, el discurso dominante que azuza de manera muy evidente el espíritu bélico, que apuesta por una derrota total sin contemplaciones de Putin y de Rusia, se ha convertido en uno de los puntales con los que se espolea la continuidad de la guerra, conformando ya un instrumento más de la propaganda utilizada, como en todas las guerras, por ambos bandos.

Esta situación que se está viviendo en España, no es extraña tampoco en otros países europeos. Pero quizás uno de los lugares donde más se está haciendo sentir es en Alemania. Es en este país dónde no solo los políticos, también actores económicos y sociales, están envueltos en una vorágine de acusaciones que asombra a propios y extraños. Los políticos de todos los partidos se acusan mutuamente y desde hace semanas de no hacer lo suficiente para contribuir a la disuasión de la invasión rusa de Ucrania.

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La política exterior alemana en lo que hace a su 'Ostpolitik' se caracteriza, desde hace años, por el mantenimiento de relaciones fluidas con Rusia a través de lo que se denomina 'Wandeldurch Handel' o cambios a través de las relaciones comerciales, con el objetivo de conseguir procesos de liberalización de los regímenes autoritarios. Así lo hizo Merkel, que ya en 2008 no vio con buenos ojos la propuesta de adhesión de Ucrania a la OTAN, y así lo ha pretendido continuar Scholz. La evolución de los acontecimientos, junto con la visceralidad de algunos argumentos, ha provocado que la opinión pública alemana, o al menos, la que más se manifiesta en medios y redes sociales, haya salido como un huracán a criticar lo que a sus ojos ha sido la tímida reacción del canciller. Las dudas mostradas por Scholz en relación sobre la conveniencia o no de enviar armamento pesado a Ucrania han generado un debate que se va polarizando cada día que pasa.

Y quizás el que mejor ha sabido ilustrar la situación por la que atraviesa la sociedad alemana en este momento haya sido Habermas. En un artículo publicado en 'Süddeutsche Zeitung' analizó con todo tipo de matices la posición alemana en relación con la guerra en Ucrania. De este modo tachaba de “fiscales morales” a aquellos que abogaban por un mayor apoyo al envío de armas, y alababa la cautela mostrada por el Gobierno ante la posibilidad de una, nunca descartada, escalada bélica. Según el filósofo alemán, Occidente habría actuado con sensatez al decidir no participar directamente en la guerra, sino como proxy. Sin embargo, es imprescindible sopesar si no se está cruzando el “límite indefinido de la entrada formal en la guerra, ya que depende enteramente de la capacidad de definición de Putin”. Y aquí es donde surge la paradoja frente a la que nos pone Habermas y que es la que está marcando los debates, cada vez más agrios, de nuestras sociedades: ¿cómo reconocer dónde está límite entre ayudar en una guerra o participar en la misma? Scholz duda, creo que el resto también debería, al menos, respirar y dudar también.