Artículo de Jordi Alberich Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El escenario económico

En nuestras circunstancias, a lo máximo que podemos aspirar es a transitar de la mejor manera posible, a la espera de que algún día se puedan abordar los verdaderos problemas de fondo de nuestra economía

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Nadia Calviño y María Jesús Montero durante la presentación del Cuadro Macroeconómico 2022-2025.

Nadia Calviño y María Jesús Montero durante la presentación del Cuadro Macroeconómico 2022-2025. / José Luis Roca

La guerra de Ucrania ha llevado al Gobierno a rebajar de manera drástica sus perspectivas de crecimiento para este año, reduciéndolo del 7% al 4,3%. Un deterioro de las perspectivas económicas que ha generado inquietud pero, especialmente, desorientación, pues al analizar los datos más recientes, no todo son malas noticias. Así, resulta esperanzador que, pese a todo, sigamos en la senda del crecimiento, hayamos superado los 20 millones de ciudadanos activos o ya percibamos la moderación de la inflación. La combinación de estos factores aleja, de momento, la temida estanflación.

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En este contexto, se hace extremadamente complejo vislumbrar lo que puede suceder en los próximos meses, sujetos al devenir de la guerra, la volatilidad de los precios energéticos, la evolución de la pandemia en China o la emergencia de nuevos desastres hoy imprevisibles. Una suma de factores exógenos a nuestra economía, ante los que nada podemos hacer para impedirlos y, a menudo, no demasiado para moderar sus efectos. Un escenario de enorme complejidad, consecuencia de esta acelerada e imperfecta globalización económica en la que nos hallamos inmersos.

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De ahí, ese sinfín de propuestas de unos y otros, a menudo muy dispares, para superar el momento. Es el caso, por ejemplo, de la fiscalidad, en que mientras la izquierda propone un aumento impositivo, los populares demandan una rebaja generalizada. Muchas de dichas propuestas, en este y otros ámbitos, son inviables y a lo único que contribuyen es a confundir, aún más, un clima ya demasiado enrarecido. Lo que puede formar parte de la dinámica política en tiempos de normalidad, debería evitarse en momentos como el actual. En nuestras circunstancias, a lo máximo que podemos aspirar es a transitar de la mejor manera posible, a la espera de que algún día, recuperada una mínima estabilidad y sosiego, se puedan abordar los verdaderos problemas de fondo de nuestra economía. Va para largo.

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